El euro no es el problema de Europa, tampoco su mejor alternativa

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Iván Cachanosky
Economista, colaborador de Libertad y Progreso

Lic. en Administración de Empresas. Magister en Economía Aplicada de la UCA. Doctorando en Economía en la UCA.

10 de Febrero de 2012

Al dar un vistazo a la situación actual en que se encuentra la eurozona, se observa que le acechan una cantidad de problemas no menores: la inflación es superior a la meta fijada por el Banco Central Europeo, el desempleo continúa aumentando, Grecia se contrae por quinto año consecutivo mientras se negocia su rescate, la producción industrial en noviembre cayó un 0,3% en términos interanuales, se estima que la eurozona precisa alrededor de u$s 600.000 millones para rescatar a los países con alta deuda y por último, las calificadoras de riesgo bajaron de posición a varios países. Por lo tanto, cabe preguntarse si el euro fue un acierto o un error. Es necesario aclarar que la crisis es fiscal y no monetaria, con lo cual el principal punto a analizar para solucionar la crisis es regular el gasto de los gobiernos. De todos modos la unificación de la moneda con curso forzoso se encuentra lejos de ayudar.

Es cierto que muchos países, antes de la implementación de la moneda única, se encontraban en peor situación que la actual y prefieren el euro a su moneda antigua. Sin embargo, la discusión no debería ser si antes se estaba peor o no; más bien debería debatirse si el euro es la solución adecuada. En todos los países la moneda se maneja monopólicamente por un Banco Central, ¿Por qué pasar de varios monopolios pequeños a uno centralizado debería ser la solución? Friedrich Hayek, premio nobel de economía en 1974, planteó la propuesta de competencia de monedas, es decir, ¿por qué obligar a los ciudadanos a realizar sus transacciones con la moneda única? Después de todo, si ésta tiene problemas no existirán sustitutos. Si la moneda única perjudica a la economía, es porque existe curso forzoso, ya que si no fuera así los mismos ciudadanos podrían sustituir el euro por otra divisa (dólar, libra, franco suizo, etc.) en caso de que no confíen en la propia, éste es el sentido de la competencia de monedas.

¿Es la propuesta de Hayek descabellada? Teniendo en cuenta que el origen del dinero fue resultado de un proceso espontáneo del mercado, la respuesta es no. Tiempo atrás, las personas realizaban sus transacciones con el trueque y poco a poco se instauró el oro como moneda. El oro es un ejemplo del resultado de un proceso de competencia de mercancías en donde terminó estableciéndose la más confiable. Hasta el mismo Keynes admitió que el oro logró brindar un siglo de estabilidad económica con niveles de inflación bajos. Los Banco Centrales y las entidades monopólicas del Estado son posteriores a la moneda.

La crisis de Europa es fiscal y ese es el punto en el que deben trabajar los gobernantes. Mientras el problema posea un tinte fiscal ningún régimen monetario lo solucionará. Sin embargo, la ventaja de la libre competencia de monedas sin curso forzoso son las posibilidades que brinda a los ciudadanos otorgándoles sustitutos y facilidad para operar en momentos de crisis como el que vive la eurozona hoy en día. Si le sumamos la disciplina fiscal y el respeto al estado de derecho, obtendremos los tres pilares fundamentales para lograr un desarrollo económico sostenido.

*Publicado en Cronista, Buenos Aires.
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