Antifragilidad, crisis y la Argentina

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso

AMBITO.COM.- El líbanés-norteamericano Nassim Taleb se ha convertido en pocos años en uno de los gurúes en todo aquello que tenga que ver con el riesgo, la incertidumbre y el caos. Taleb es un autor prolífico y combina su experiencia práctica como inversor con una multitud de disciplinas como la filosofía, la estadística y la economía. En “El cisne negro” -publicado en 2007- Taleb propuso una teoría para analizar el impacto de eventos altamente improbables. La crisis financiera global que se desató al año siguiente pareció validar muchas de sus observaciones y lo catapultó a la fama. Ahora Taleb ha publicado un nuevo libro: “Antifragile: Things That Gain from Disorder.”

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Al igual que sus otras obras, se trata de un libro que abarca múltiples disciplinas. El concepto central a partir del cual Taleb desarrolla el libro es el de la antifragilidad, un neologismo inventado por él que define como el antónimo de la fragilidad (aparentemente no existe en el idioma inglés un término que exprese esa idea). Según Taleb, solidez no significa antifragilidad. La fragilidad es aquella cualidad de las cosas que hace que sufran o se deterioren por la volatilidad, el caos y/o el paso del tiempo. Las cosas sólidas no se inmutan ante estos fenómenos mientras que las antifrágiles se benefician y fortalecen. Todo esto enlaza con el concepto del cisne negro, definido como aquel evento altamente improbable, pero de alto impacto. No se trata simplemente de una disquisición puramente teórica, sino también de una cuestión práctica aplicable en el ámbito de la economía y de la organización social. Según Taleb deberíamos crear instituciones que no se “desintegren” cuando aparece un cisne negro, o que incluso se fortalezcan frente a la ocurrencia de eventos inesperados. “Al comprender los mecanismos de la antifragilidad podemos tomar mejores decisiones sin la ilusión de poder predecir el próximo “gran evento.” Podemos navegar situaciones en las que predomina lo desconocido y nuestra comprensión es limitada”, dice Taleb. En esencia su mensaje es que la vida se caracteriza por la volatilidad y la incertidumbre y por lo tanto debemos de adaptarnos y ganar con ellas. ¿Vino viejo en odres nuevos?

El concepto de antifragilidad tiene una aplicación inmediata al sistema financiero, que, según Taleb, en su formato actual es “irremediablemente frágil”. Las crisis que sacudieron al mundo desarrollado en estos últimos cinco años demuestran que un sistema bancario con reservas fraccionarias, garantía de depósitos y altos niveles de apalancamiento a corto plazo es inherentemente inestable (y esto no tiene nada que ver con el capitalismo, ya que éste admite otros sistemas). Bajo este sistema las crisis son inevitables y costosas. ¿Cómo antifragilizar el sistema financiero? Más fácil decirlo que hacerlo. Para empezar habría que eliminar la posibilidad de que el colapso de una institución provoque el colapso de todo el sistema (“toobigtoofail”).

Que el sistema financiero sea antifrágil (es decir que prospere con la volatilidad y el caos y que se fortalezca con las crisis), como propone Taleb, es una utopía. A lo que sí se puede aspirar es a que los bancos sean más sólidos y que no provoquen inestabilidad en la economía real. Una propuesta radical para lograr este objetivo es la que Henry Simons, uno de los fundadores de la escuela de Chicago, le propuso a Franklin D. Roosvelt después de la Gran Depresión del treinta. En esencia, Simons proponía separar la función de creación de crédito de la función de creación de dinero en el sistema bancario. Para ello requería a los bancos un encaje del 100% sobre los depósitos a la vista y que no otorguen nuevos préstamos a menos que los puedan financiar con capital propio. En un paper publicado el año pasado, dos economistas del FMI, Jaromir Benes y Michael Kumhof, simularon la adopción del plan de Simons en el sistema financiero actual de Estados Unidos. Sus conclusiones: habría menor inestabilidad macroeconómica, se eliminaría el riesgo de corridas bancarias y se reduciría el nivel de endeudamiento tanto del sector público como del sector privado. Sin embargo, la eliminación del sistema de reservas fraccionarias parece poco viable. Además, existen otras objeciones prácticas y teóricas a la adopción del plan de Simons.

Lo que sí sería viable y efectivo es reducir el nivel de apalancamiento de los bancos (es decir, requerir niveles de capital más altos en relación con sus activos) como propone la economista Anat Admati, de la Universidad de Stanford. Esta idea obviamente encuentra resistencia en los ejecutivos de los bancos, cuya compensación está atada al retorno sobre el capital. Cuanto menor capital, mayor es la garantía implícita del Gobierno, mayor el subsidio a los bancos y mayor su ROE. Niveles de capital más altos a su vez implican un menor ROE, pero también menos riesgo para los bancos y para la economía.

Las reflexiones precedentes sobre el sistema financiero son aplicables al mundo desarrollado. La problemática actual de los bancos argentinos (y de la economía argentina) plantea desafíos muy diferentes que exceden en mucho el espacio del que disponemos en este artículo. En cuanto a las ideas de Taleb, algunas sí son relevantes para nuestra realidad. Tratar de microgestionar la economía con controles de todo tipo y otorgar planes sociales que fomentan la dependencia y eliminan la iniciativa inevitablemente conducen a un sistema económico más frágil y vulnerable a una crisis. Da para pensar.

*PUBLICADO EN ÁMBITO FINANCIERO, MARTES 16 DE ABRIL DE 2013.
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