Lecciones de Game of Thrones para la Argentina

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso

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En uno de los episodios de la popular serie de TV Game of Thrones, uno de los protagonistas, Tyrion Lannister, flamante tesorero de un mítico reino medieval, explica a su tosco guardaespaldas Bronn, un principio elemental de las finanzas que es particularmente relevante para la Argentina de hoy. (Ver la escena aquí)

Tyrion Lannister: Durante años escuché que Meñique es un mago. Siempre que la corona necesita dinero, frota las manos y puf… montañas de oro. (*)

Bronn: Déjame adivinar. No es un mago.

Tyrion: No.

Bronn: ¿Lo está robando?

Tyrion: Peor. Lo pide prestado.

Bronn: ¿Qué tiene de malo?

Tyrion: Que no puede darse el lujo de devolverlo.

Bronn: Nunca pedí dinero prestado. No tengo claro cuales son las reglas.

Tyrion: Bueno… el principio básico es que te presto dinero y luego de un período de tiempo que hayamos acordado me lo devuelves con intereses.

Bronn: ¿Y qué pasa si no lo hago?

Tyrion: Bueno, tienes que hacerlo.

Bronn: ¿Pero qué pasa si no lo hago?

Tyrion: Por eso no te presto dinero.

Este diálogo ejemplifica de manera elocuente las consecuencias del nuevo default. Por no pagar a unos pocos acreedores porque supuestamente su reclamo es éticamente ilegítimo, el gobierno argentino ha decidido no pagarle a la mayoría, cuyo reclamo reconoce como legítimo.  Es un cálculo basado en la matemática del absurdo. La consecuencia de esta decisión será un menor flujo de capitales a la Argentina, justo cuando mas lo necesita para crecer.

El gobierno oscurece el problema con distinciones semánticas. En su relato, el culpable de este trágico desenlace es el juez Thomas Griesa. Para la tribuna, el anciano magistrado cumple a la perfección el papel del chivo expiatorio. Es cierto que la lucidez de Griesa no está en su máximo esplendor y hay quienes opinan con fundamento que el caso se le ha ido de las manos. Pero no es menos cierto que la estrategia adoptada por sucesivos gobiernos desde diciembre de 2001 en adelante es la que ha llevado al país a esta situación. La lista es larga: un retraso de más de tres años para resolver el default, una de las quitas más altas de la historia, la Ley Cerrojo, la ausencia de “exit consents”, la redacción de la cláusula RUFO, una retórica belicosa, etc. Pero hay otro aspecto que rara vez se menciona: la inconveniente estrategia legal adoptada por los abogados de la Argentina para enfrentar las demandas en los tribunales de Nueva York.

Como surge de la transcripción de la última opinión del juez Griesa, durante diez años la Argentina no reconoció la legitimidad del reclamo de los demandantes ni las sentencias adversas de los tribunales, y, consecuentemente, se privó de presentar argumentos válidos para defenderse. Aunque es algo obvio, vale la pena recalcarlo: aunque el argumento del pari passu data de 2010, las demandas contra la Argentina tienen más de diez años.

Entre fines de 2004 y principios de 2005 en la Argentina se iniciaron dos procesos de reestructuración de deuda que involucraron acreedores externos. Una la hizo la gobierno nacional y la otra, la provincia de Mendoza. La primera sólo fue aceptada por 75% de los acreedores, lo que inevitablemente dejó la puerta abierta a sentencias judiciales adversas e imposibilitó que el país se reintegrara plenamente a los mercados internacionales de capitales. El canje de 2010 redujo significativamente estos dos problemas pero no los eliminó por completo.

En contraste, aunque la restructuración de Mendoza inicialmente consiguió un menor nivel de aceptación, la estrategia legal que adoptó le permitió, al cabo de pocos años, neutralizar completamente en los tribunales de Nueva York a los mismos fondos buitres que hoy ponen en jaque a la Argentina. La lección es muy simple: aunque la politización del conflicto con los holdouts pudo haberle generado algún rédito electoral al gobierno, le ha terminado costando muy cara al país.

Lo que nos lleva nuevamente a la lección que Tyrion Lannister quiso enseñarle a su guardaespaldas. No pagar tiene un costo. Es cierto que los mercados tienen memoria corta. Ecuador tuvo dos defaults en lo que va de este siglo y hace un mes volvió a los mercados con una emisión de bonos a 10 años por 2.000 millones de dólares. Aparentemente la demanda de los inversores cuadruplicó el tamaño de la colocación. Dado que la izquierda mal informada siempre pone a Ecuador como el ejemplo que la Argentina debería seguir, vale la pena destacar que esta nueva emisión se hizo bajo la jurisdicción de las leyes de Nueva York. Es decir que si Ecuador no paga se las tendrá que ver con un juez norteamericano. ¿Una abyecta renuncia a la soberanía nacional o un calculado pragmatismo? Las declaraciones recientes del presidente Rafael Correa no dejan dudas. “Uno de los cuellos de botella para todos los países es el financiamiento. Si podemos conseguir dinero mas barato y diversificar nuestras fuentes de financiamiento sería estúpido no hacerlo.” Los partidarios del repudio de la deuda externa se quedaron sin su ídolo, que encima los insulta.

¿Qué podemos concluir de todo esto? Como consecuencia del default de 2008 durante seis años Ecuador se tuvo que financiar a una tasa de interés más alta que la que podría haber conseguido en los mercados internacionales. En el caso de la Argentina, el costo del default fue significativamente mayor. Justamente por la corta memoria de los mercados, prolongarlo indefinidamente es una estrategia tan costosa. Y quien más ha tenido que pAagar este alto costo ha sido el sector privado argentino, que se ha visto imposibilitado de financiar sus inversiones a tasas razonables en los mercados de capitales internacionales (el mercado de capitales local dejó de existir hace años). Si no se resuelve pronto, este nuevo default, o como quieran llamarlo, va a profundizar el problema e impedir que la Argentina pueda atraer los capitales que necesita para crecer.

Publicado en La Era de la Burbuja, blog personal de Emilio Ocampo

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(*)  Cuando Tyrion dice “frota las manos y puf… montañas de oro”, es un guiño la frase “frota dos monedas juntas para crear una tercera”, presente en los libros que inspiraron la serie de TV. Esta frase parece ser una referencia del autor, George R.R. Martin, a la práctica medieval de “recorte de monedas”.

El segundo ilustra muy bien cómo Petyr “Meñique” Baelish, ocupante del cargo real de Maestro de la Moneda -una suerte de ministro de finanzas públicas- recurre a las tres formas posibles de financiamiento estatal: impuestos, deuda e inflación monetaria. Dado que los impuestos y la deuda no son suficientes para pagar la guerra y los lujos extravantes de la nobleza, Baelish recurre a la inflación monetaria.

En la Edad Media, cuando no los gobiernos no podían simplemente imprimir papel dinero, la inflación monetaria se lograba con un método conocido como ‘recorte de monedas’. Básicamente, se recortaban o limaban monedas hechas con metales preciosos y el excedente metálico era fundido para acuñar nuevas monedas, consiguiendo así nuevos fondos para la corona. El efecto inevitable de esto era multiplicar base monetaria y devaluar la moneda, generando un alza de precios.

Esta es otra lección de economía básica que Game of Thrones podría enseñarle al gobierno nacional.

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