“Puñetazo” papal contra Charlie Hebdo

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Agustín Etchebarne
Director General at

Economista especializado en Desarrollo Económico, Marketing Estratégico y Mercados Internacionales. Profesor en la Universidad de Belgrano. Miembro de la Red Liberal de América Latina (RELIAL) y Miembro del Instituto de Ética y Economía Política de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. 

Pope Francis gestures as he answers questions from a journalist during the flight from Colombo to ManilaNo hay duda de que el papa Francisco, con su carisma tan especial, está haciendo cambios en la Iglesia que probablemente sean beneficiosos y que la acercan a la gente. Su popularidad es inmensa a punto tal que logró que todos los políticos argentinos se le acerquen, aún quienes difundian pestes sobre él. Pero esto no significa que esté siempre en lo correcto. Sostuvo el papa Francisco que…

“En la libertad de expresión hay límites (…) Si mi buen amigo, el doctor Gasparri, dice una mala palabra sobre mi madre, puede esperar en respuesta un puñetazo. Es normal. Es normal. No se debe provocar. Uno no se puede burlar de la fe ajena”.

A muchos esas frases les suenan bien, son carismáticas y hasta les parecen razonables. Sin embargo, si se aplicara esa frase como doctrina, veríamos una cantidad de peleas a  trompadas inusitada, porque basta entrar a Facebook o Tweeter para encontrar cientos de insultos, simplemente por pensar diferente. De las trompadas a un botellazo o algo peor hay un corto plazo. Más razonable, creo y más occidental y cristiano, es primero intentar convencer a los adversarios de que depongan su actitud beligerante y, si no lo hacen, bloquearlos, es decir, no escucharlos, dar vuelta la página o comprar otro periódico. Esto ha dado mejores resultados, muchos siguen dialogando sin insultos, otros son bloqueados y dejan de ser leídos y, lo más importante, nadie va al hospital.

Las frases de Francisco luego de los asesinatos cometidos en el caso Charlie Hebdo me parecen muy graves. Sostuvo el papa: “No se puede provocar, no se puede insultar la fe de los demás. No se le puede tomar el pelo a la fe. No se puede”. Sin duda como recomendación de prudencia, respeto al prójimo y principio de no agresión, son frases sensatas y de buen sentido. Sin embargo, estas frases pueden ser vistas como muy peligrosas si se interpretan contrarias al principio de tolerancia. Por supuesto, el papa condenó a los atentados de los terroristas fundamentalistas y no intentó justificarlos; pero deja la duda de le hubiera parecido aceptable que les den una golpiza. Cabe considerar que los musulmanes consideran un insulto el simple hecho de dibujar a Mahoma.

Occidente tardó mucho tiempo en aceptar que sí se puede insultar o burlarse de la fe de los demás, y la ley defiende al ofensor de que nadie lo golpee o lo asesine. Tal vez, lo que debió decir Francisco es que: “no se debe insultar la fe de los demás, no se debe provocar y no se debe tomar el pelo a la fe”. Esa recomendación de Francisco hubiera resultado más precisa, sin jamás aceptar como legítimo el puñetazo corrector.

Comprender la importancia de la tolerancia descripta por Voltaire o John Locke le costó a Europa millones de muertos, muchos de ellos debidos a las diferencias religiosas que otros consideraban “insultantes”. Es fácil estar de acuerdo con la libertad de expresión y la libertad de prensa cuando lo que se dice está dentro de ciertos parámetros de respeto y buen gusto. Pero la libertad de prensa se testea precisamente cuando lo dicho “nos revuelve el estómago”, como menciona el Juez Robert H. Jackson de los Estados Unidos.

En 1943, en plena Guerra Mundial, la Corte tuvo que enfrentar el disenso de un Testigo de Jehová que se negaba a saludar la bandera de los EE.UU., según mandato del Estado, en el caso West Virginia State Board of Education v. Barnette. Allí el Juez Jackson sentenció que el testigo de Jehová tenía el derecho de disentir:

“La libertad de diferir no se limita a las cosas que no importan mucho. Eso sería una mera sombra de la libertad. La prueba de su sustancia es el derecho a diferir en cuanto a las cosas que tocan el corazón del orden existente.”

La sátira que expresa la indignación hacia alguna persona, cosa o creencia, con propósito moralizador, lúdico o meramente burlesco, es un género literario típicamente occidental. Cuando esa sátira se representa con un dibujo no está menos protegida por la libertad de expresión, áun si resulta muy ofensiva para algunas personas.

El humor satírico puede verse incluso como un elemento útil para destruir mitos, costumbres, y organizaciones como el Ku Klux Klan; un elemento que lleva a la reflexión y el cambio en las sociedades. Quien no opine de esa manera, puede hacerlo y también puede criticarlo duramente; pero está obligado a tolerarlo, y la tolerancia sí, es un principio básico y fundamental de la civilización occidental. La tolerancia es el principio básico y fundamental contra la violencia (incluso contra el puñetazo papal).

El Juez Jackson nos recuerda que la libertad de expresión y de prensa se encuentran protegidas por el “Bill of Rights” (Carta de derechos ratificada en la primera enmienda de la Constitución de 1791). Y agrega que estos temas son de tal importancia.

“El propósito mismo de una Declaración de Derechos fue retirar ciertos temas de las vicisitudes de la controversia política, para colocarlos fuera del alcance de las mayorías y de los funcionarios y establecer como principios jurídicos que deben aplicarse por los tribunales. El derecho a la vida, la libertad y la propiedad, la libertad de expresión, la libertad de prensa, la libertad de culto y de reunión, y otros derechos fundamentales, de cada uno de nosotros, no pueden ser sometidos a votación; ni depender del resultado de las elecciones”.

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