Paradojas del cepo al dólar: los perdedores (y ganadores ficticios)

Aldo Abram
Director Ejecutivo at

Supongamos un tambero que produce leche y la vende. Parte de lo cobrado lo invierte en mantener su tambo y las vacas en buenas condiciones y, el resto, se lo consume. Un día decide que se va a gastar todo lo que le entra y, por supuesto, su nivel de bienestar se incrementa y toda su familia está muy feliz, porque se pueden dar muchos más gustos que antes. Todo funcionará muy bien hasta que la maquinaria del tambo se destartale y las vacas se le mueran por falta de adecuada atención.

Este ejemplo nos da una pista de la paradoja que surge al leer los diarios, ver TV o escuchar la radio. Nos enteramos que mientras las economías regionales, buena parte del sector agropecuario y las pequeñas y medianas industrias están desbarrancándose (y, en muchos casos, al borde de la quiebra), las ventas de entradas a espectáculos, el turismo y la construcción han aumentado durante este año. Al fin y al cabo, ¿estamos bien o estamos mal?

Imaginémonos a un productor local de bienes en medio de una prensa. La parte superior de ella está dada por los precios de los bienes que suben relativamente lento, ya que, como se pueden importar o exportar, siguen el tipo de cambio oficial que el Gobierno se empeña en retrasar con el cepo cambiario. Mientras que la parte inferior está dada por sus costos que aumentan más rápido, al ritmo de la fuerte y real devaluación (depreciación) del peso, o sea, del impuesto inflacionario. Así, observamos que la prensa se va cerrando y asfixia cada vez más al productor. Además, para sostener el enorme gasto público, la presión tributaria está en niveles de récord histórico y supera el 45% de la producción de riqueza, cuando hasta principios de este siglo nunca había pasado del 30%. No es raro que entre el cepo y semejante carga impositiva tengamos a gran parte del sector agropecuario e industrial al borde la quiebra.

Sin embargo, los consumidores se ven beneficiados por el cepo cambiario, ya que los precios de todo lo que compran en los supermercados está artificialmente más barato, gracias al atraso cambiario. Por ejemplo, la asfixia del cepo que baja artificialmente su precio obligó a muchos productores a dejar que la fruta se pudra en las plantas, pero eso hizo que sea relativamente barata en la verdulería. Por otro lado, el Gobierno con sus rampantes erogaciones incentiva cada vez más la demanda interna. Por ejemplo, con los subsidios a los servicios públicos y los créditos subsidiados. La mayor capacidad de gasto que esto le da a la gente, sumada a la que genera el cepo abaratando los bienes que consumimos, nos permite demandar muchos más servicios, lo que explica lo bien que anda este sector. En tanto, los planes oficiales de créditos subsidiados, el ahorro que sigue volcándose a “ladrillos” y el aumento preelectoral de la inversión pública justifican la buena evolución de otro sector al que le está yendo bien, la construcción.

Ahora podemos comprender que gracias a exprimir a gran parte del sector productivo agropecuario e industrial, con elevados impuestos y un insostenible cepo cambiario, los argentinos podemos consumir mucho más. En nada se diferencia a nuestro ejemplo del tambero. Así que sólo falta esperar a que se mueran las vacas o, con un poco de suerte, sobrevivan hasta un futuro Gobierno que las salve gestando un cambio responsable de la política económica y vayamos a un mercado cambiario verdaderamente libre y único.

Publicada en Ámbito Financiero.-

Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin