La peor inversión de tu vida

Director en Iván Carrino y Asoc. | Website

Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

En tiempos del kirchnerismo, en que la economía era un verdadero enjambre de inflación, tasas de interés negativas, gasto público para estimular el consumo y controles al tipo de cambio que generaban una enorme brecha cambiaria, era normal que todo estuviera “patas para arriba”.

Una de estas cosas propias del “reino del revés” era que, lo que en cualquier parte del mundo no fuera considerado una inversión, acá si lo fuera.

Y hoy, ante los nuevos créditos estimulados por el gobierno de Mauricio Macri, me quiero detener en una de ellas: la compra de autos cero kilómetro.

Lo que te voy a decir es claro: si pensás comprar un auto como inversión no es en ningún caso una inversión rentable. Los vehículos como bienes de consumo y nada más.

Sucede que en tiempos de alta inflación es común dejarse levar por lo que se conoce como “ilusión monetaria”. Esta ilusión indica que una persona que recibe un día $ 1.000, y al año siguiente recibe $ 1.250, estará contenta, sin considerar si esos $ 1.250 le permiten comprar lo mismo que antes compraba con $ 1.000. Es decir, uno tiende a pensar en términos nominales y no en términos reales, o en función de qué es lo que el dinero puede o no llegar a comprar.

En nuestro caso lo cierto es que este efecto es bajo, porque décadas y décadas de inflación nos enseñaron a los argentinos a mirar no los números de los billetes o la cantidad de éstos que poseemos, sino la capacidad de compra de la moneda.

Sin embargo, el efecto no está del todo terminado.

A menudo, cuando hay inflación, suele pensarse que comprar un automóvil es una buena inversión. El razonamiento es que, como el valor de los autos suele ir acompañando la suba promedio de los precios de la economía, entonces el automóvil mantendrá su poder de compra sin cambios, o incluso aumentando un poco.

Hace poco un amigo mío, que había comprado un vehículo 0 kilómetro a $ 100.000, logró venderlo a $ 165.000 a principios de este año. Feliz como estaba, no paraba de repetir “lo buena que había sido su inversión”, que le había dado un 65% en dos años.

No fue necesario que y le aguara la fiesta, se dio cuenta sólo de lo que había pasado: cuando quiso comprarse el mismo modelo, pero en versión 0 kilómetro este año, vio que el precio era muy superior, de $ 188.600. En realidad, a pesar de que el valor de su vehículo había subido en términos nominales, su capacidad de volver a comprar un auto similar había caído 12,5%.

Pobre. Fue una clara víctima de la ilusión monetaria.

Comprar un auto, y más si es un auto sin uso, no es una buena inversión. Los autos nuevos suelen ser más caros, precisamente, porque al ser nuevos tienen una demanda mayor. La gente está dispuesta a pagar más por tener un auto recién salido de fábrica, lo que hace que una vez que el auto dejó la concesionaria, caiga automáticamente de precio. Por otro lado, por más que el precio del vehículo pueda acompañar la inflación, lo cierto es que el uso del vehículo va depreciándolo, por lo que el monto recibido tras la venta nunca será suficiente para que volvamos a comprar un auto de las mismas características (es decir, un cero kilómetro) sin poner algo de dinero encima.

Otro factor importante a considerar son los innumerables gastos que implica poseer un vehículo para uso particular: seguro, combustible, servicio técnico y, eventualmente, el pago de una cochera pueden subir nuestros gastos mensuales a cifras verdaderamente importantes.

Y si uno piensa en una inversión, asume que ésta debería generar un flujo de ingresos, y no un flujo de gastos, como los que genera la posesión de un vehículo.

A la luz de estas consideraciones es que debemos entender que, a menos que la compra del vehículo esté destinada a un proyecto productivo (por ejemplo, un auto comprado para un negocio logístico, o un vehículo pensado para generar ingresos trasladando personas, como un taxi o Uber), no podemos considerarla una inversión, sino un gasto de capital.

O, por supuesto, como un bien de consumo (aclaro que esta nota no dice que es malo comprar autos, lo que apunta aclarar es que, como inversión, es una muy mala idea).

Esto no tiene nada ni de bueno ni de malo. En definitiva, todos tenemos que consumir y derivamos utilidad de hacerlo. Pero es importante que no nos confundamos y entendamos que consumir no es lo mismo que ahorrar y, por tanto, no es igual a invertir.

Sin embargo, las inversiones tienen que generarnos ingresos en lugar de gastos. Así que la próxima vez que alguien te diga que está comprándose un auto como forma de invertir o ahorrar sus pesos, podés aguarle la fiesta sin problemas.

Saludos,  Iván.

Publicado en Creando Riquezas 

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