Diez meses de cambios trascendentales

Aldo Abram
Director Ejecutivo at

LA PRENSA – El Gobierno tomó medidas clave para poner en marcha la economía, pero le cuesta recortar el gasto, asegura Aldo Abram. La salida del cepo cambiario, la quita de las retenciones a las exportaciones, el combate a la inflación y el endeudamiento externo cambiaron el mapa económico de la Argentina.

Por Gustavo García

En diez meses de gestión el Gobierno ha dado claras muestras del rumbo que pretende seguir en lo económico. Las medidas tomadas, con sus inevitables consecuencias, dejan sentado que el Modelo M subraya la no intervención del Estado, el impulso a las exportaciones, la prioridad del sector agropecuario y el monetarismo como instrumento para combatir la inflación. Aldo Abram, director Ejecutivo de la Fundación Libertad y Progreso, hace un repaso de lo ocurrido en este lapso, analiza el presente y proyecta el futuro de una Argentina que parece comenzar a carretear.

-¿Qué arroja el balance de gestión de estos primeros 10 meses de Cambiemos?

-Arroja un balance positivo en tanto y en cuanto hubo cambios trascendentales para que Argentina pueda volver a recuperar una expectativa de crecimiento. Eso no quiere decir que todo lo que se hizo se haya hecho bien. Pensar que la Argentina tenía algún futuro con cepo cambiario o sin arreglar el tema de los holdouts, manteniendo la cantidad de controles y la presión tributaria del pasado era una utopía. No teníamos ninguna posibilidad de que este país saliera adelante si no se encaraban ciertos cambios que por suerte se encararon. Otras decisiones duras debieron haberse encarado, pero no se hicieron con la misma determinación. Eso va a enlentecer el proceso de recuperación económica.

-¿Era inevitable pagar el costo de ordenar las variables?

-Eso era inevitable. Todo el mundo hablaba de que iban a llover los dólares, también decían que el primer semestre iba a ser muy duro y la economía se iba a caer. Bueno, hay una realidad: en economía no hay milagros. Las cuentas que se dejan impagas hay que pagarlas.

 

RETENCIONES

-¿Fue atinado quitar las retenciones a las exportaciones en un contexto de fuerte déficit fiscal?

-El gobierno lo que hizo fue una apuesta muy fuerte a la capacidad del campo para reactivar la economía. Quizás después de haber liberado el tipo de cambio yo no hubiera sido tan abrupto en la quita de las retenciones, lo hubiera hecho más gradualmente. Por ahí me hubiera equivocado. La realidad es que el campo sí se está transformando en un tractorcito que está tirando de la economía. Evidentemente fue el campo el que le puso un piso a la caída de la economía a mediados del año. En los últimos años el segundo semestre para el campo no existía en materia de exportaciones. Raleaba el ingreso de dólares. Este año tendremos un campo que estará con producción a pleno y eso se va a notar. Igualmente hay otras cosas que han complicado el frente fiscal y la economía misma.

-¿Cuáles?

-Lo que más complicó fue la manera en que se intentó quitar los subsidios a los servicios públicos. Incluso desde un punto de vista comunicacional todos hablaron de tarifazo, pero no hubo tarifazo. Fue apenas una quita de subsidios. En ningún momento se discutió un ajuste fiscal, sino simplemente se debatió si yo, uno de los beneficiados, iba a empezar a pagar mi gas o me lo iba a seguir pagando un señor que no tiene gas natural en otro punto del país, y que en algunos casos tiene que comprar una garrafa cara o salir a hachar el monte para poder calefaccionarse.

-¿Por qué se equivocó el gobierno? ¿Hubo prueba y error?

-No es un tema de prueba y error. Simplemente fracasó una estrategia. Si uno se pone a ver desde un punto de vista comunicacional, de movida dijo que las cosas no estaban tan mal. En ese sentido se quiso quitar relevancia a lo que iba a ser el aumento de los servicios para no generar incertidumbre. Por eso se evitaron las audiencias publicas. Por eso la misma estrategia fue un fracaso y no se hablaba de la herencia. Le pedimos a la gente un enorme esfuerzo para resolver problemas y no se aclararon los problemas a resolver.

 

CEPO E INFLACION

-¿Se subestimó el pase a precios de la devaluación?

-No, la salida fue aun más exitosa de lo que pensábamos que podía ser aquellos que decíamos que había que salir al dia siguiente mismo de asumir. Siempre pensé que en estos casos las salidas graduales son mucho más costosas porque cuestan en términos de reservas, y eso obviamente implica que se termina saliendo con un Banco Central mucho menos solvente y a un tipo de cambio mucho mayor. Pensaba que el tipo de cambio con respecto al que cotizaba en el mercado libre o en la Bolsa iba a subir, y sin embargo bajó. Eso demostró que esa era la estrategia que había que seguir.

-Pero hubo un incremento significativo de los precios.

-Hubo algunos errores de sintonía fina en el manejo del Banco Central que terminaron generando un pasaje a precios mucho más fuerte de lo esperado. Si bien era esperable que subieran las cosas del supermercado porque esos productos dependen del valor oficial del dólar, hubo subas exageradas en otros sectores que no dependen del tipo de cambio, como es el caso de los servicios.

-¿Es acertado por parte el Banco Central establecer un esquema de metas de inflación?

-Un Banco Central que pretende generar certidumbre y que la gente confíe en el país tiene que fijar metas de algún tipo. Ya quedó demostrado en el mundo que la meta ideal a fijar es la de inflación, más cuando se viene de niveles muy altos. Entonces hay que usar todos los instrumentos de política monetaria para cumplirlos. Desde ese punto de vista la estrategia está bien. La política de utilizar las Lebac y el manejo de la liquidez a corto plazo también son acertadas. Pero veo otras cosas que estuvieron siempre mal y no las dan de baja.

-¿Cuáles son?

-Me parece absolutamente innecesario que en 2017 todavía el Banco Central siga financiando al Tesoro. Primero, darle crédito al gobierno implica que el BCRA tiene que endeudarse. Segundo, transferir ganancias, si el Banco Central debe tener pérdidas. Dibujar ganancias lo hacían los anteriores. El Central estuvo al borde de la quiebra o quebrado. Se ha recuperado un poco.

-¿Esperaba otro nivel de reservas a esta altura del año?

-Las reservas en sí son intrascendentes. Por ejemplo: si voy a vender una empresa la muestro, tengo tremendas instalaciones, máquinas, tecnología de punta, un edificio torre fabuloso en Catalinas. Pero, ¿cuál es el pasivo? Si miro las reservas veo el activo, pero si no veo el pasivo, ¿cuánto vale la empresa? Los pasivos del Banco Central hoy todavía superan los activos que valen algo. Antes eso era mucho peor, mejoramos algo la solvencia.

 

ENDEUDAMIENTO

-Ante el déficit fiscal, el Gobierno nacional tomó el camino del endeudamiento y las provincias lo imitaron. ¿Es riesgoso el mecanismo a largo plazo?

-La verdad es que el déficit fiscal que recibió este gobierno era impresionante, muy alto, demasiado. Lamentablemente no es lo único que recibió, sino que también heredó una presión tributaria récord. Somos el segundo país con la mayor presión tributaria en el mundo, aun habiendo bajado los impuestos. Es decir que no había una alternativa que fuese subir los impuestos para paliar el déficit fiscal. Por otro lado tampoco había capacidad de generar más inflación a través de la emisión. La otra era bajar el gasto, pero cuando lo intentaron se armó un lindo lío en cuanto a despedir gente. Se armó también cuando quisieron quitar los subsidios. Evidentemente la transición iba a tener que ser financiada en términos de tomar deuda.

-¿Es sustentable la estrategia?

-Una cosa es financiar la transición para ordenar las cuentas publicas, con la perspectiva en algún momento de pagar en términos netos la deuda acumulada. Otra cosa distinta es utilizar la deuda como en los “90 para seguir con el gasto publico en niveles elevados. Ya hemos comprobado que eso termina mal. El tema es que a futuro, cuando el endeudamiento no sea necesario, no se financie la fiesta del gasto.

-Hay cierta resistencia a cortar el gasto.

-Si se le pregunta a cualquiera qué nivel de gasto público quiere tener, la respuesta es todo el que pueda. Y si se le pregunta si está dispuesto a pagarlo, la respuesta es no. ¿Entonces quién lo va a pagar? Aquel de allá. Lo que hay que preguntarle a la gente es el nivel de gasto público que está dispuesto a pagar. Recién con esa respuesta entonces se diagrama el Estado que vamos a tener. Al revés se producen las crisis y todo termina mal, con el Banco Central quebrado, con hiperinflación o con un default.

 

INVERSIONES

-¿Llegaron las inversiones esperadas? ¿Se ha generado otro clima de negocios?

-La Argentina en términos de potencial de negocios sin lugar a dudas es atractiva. El problema que encuentro en algunos análisis es que era evidente que no iban a llover capitales de largo plazo sólo por resolver el cepo cambiario y el litigio con los holdouts. Eso es importante, pero en los últimos 20 años fuimos el segundo país del mundo que más cayó en calidad institucional. Hemos hecho un desastre con nuestra seguridad jurídica. Los inversores no timbean, y los que timbean son pocos. Hay que demostrar que vamos a generar seguridad jurídica.

-¿Seguimos presentando un escenario incierto?

-Argentina es una democracia republicana y en 4, 8 o 12 años habrá un cambio de gobierno. Volverá un gobierno peronista en algún momento. Con lo cual el inversor no está pensando en los próximos cinco años. Si hunde plata para construir una fábrica piensa en un lapso de décadas y querrá ver qué hacen Sergio Massa o Urtubey.

-¿Llegó sólo la inversión financiera, especulativa?

-Hay algunos mitos económicos que hay que desterrar. En algún momento se habló de empezar a limitar los capitales de corto plazo, lo cual era francamente pegarse un tiro en el pie. Los de largo plazo no vendrán hasta que demostremos que somos confiables. Vendrán entonces los más especulativos y arriesgados, y son los que hay que usar para remontar la economía. La mitología dice que después se van, pero si se van es porque se hicieron las cosas bien y los rendimientos que se obtienen ya no son altos. Si eso ocurre es porque está entrando la otra parte de la cartera de inversiones, que busca una economía más segura y están dispuestos a obtener un menor retorno a cambio de un mejor clima de negocios.

 

COMERCIO EXTERIOR

-El comercio exterior ha dado un giro y ahora se buscan nuevos aliados, más allá del Mercosur. ¿Cómo evalúa esa decisión?

-Todo lo que sea un proceso de apertura es sumamente necesario. Incluso si tengo alguna crítica es que no ha sido lo suficientemente activo en esta materia. Se dice que el dólar no es competitivo, pero cómo va a serlo si se prohiben un montón de importaciones, entonces no hay demanda de divisas y el precio no sube.

-¿Hay atraso cambiario?

-El dólar vale lo que tiene que valer por las políticas que se están siguiendo. Decidieron que había que importar menos y el dólar entonces será más barato. Cuando piden cerrar la economía no sacan cálculos, no tienen en cuenta que no se van a importar esos productos y los fabricantes locales van a cobrar lo que se les da la gana en el mercado interno. Además del perjuicio que se les genera a otros sectores porque el dólar baja de precio. Todos pasan a ser menos competitivos, los exportadores exportan menos.

-Se tiende a pensar que dado el perfil liberal del Gobierno, ese rumbo estaba asegurado. Debe ser ardua la pulseada con los sectores más proteccionistas.

-La pulseada es importante y las dificultades también. Complota tener tantos ministerios sectoriales y todos tiran para su lado. Por ejemplo, deberían haber eliminado el precio mínimo del petroleo. No producíamos petróleo cuando el barril estaba a 120 dólares y queremos producir ahora que vale 40. Importemos si es necesario. Dicen que se van a perder 5.000 puestos de trabajo, pero nadie calcula las decenas de empleos que se pierden porque una economía regional no puede llegar con sus productos al puerto o a los centros de consumo. Nadie calculó los puestos perdidos porque los que usan los derivados del crudo pagan carísimos los insumos.

 

BLANQUEO

-¿Acuerda con el blanqueo de capitales?

-Ibamos a tener que hacerlo en algún momento, fue una cuestión de necesidad para resolver algunos temas como la reparación histórica previsional. El momento no es el ideal porque se viene de décadas de destruir la seguridad jurídica. No es casual que somos uno de los países que más capitales tiene en el exterior por habitante. Los economistas y políticos se han dedicado a hacer los mayores estropicios. La única forma de proteger los ahorros era poniéndolos afuera. Todavía no logramos demostrar que eso no cambió. Por eso es bueno que sea blanqueo de capitales y no repatriación.

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