Proteccionismos vs desarrollo y bienestar económico

Aldo Abram
Director Ejecutivo en

ÁMBITO FINANCIERO – Cada vez es más frecuente escuchar a algunos empresarios quejarse por el aumento de las importaciones. Esto es cierto; pero no se quejaban cuando las mismas caían y mucho. La realidad es que las compras al exterior se producen cuando la demanda doméstica supera la capacidad de producción local; porque para el empresario local no puede aumentar la oferta al precio que se puede traer de afuera. Por eso, cuando la economía entra en recesión las compras al exterior se bajan mucho más fuertemente que las locales; ya que son las que absorben la mayor parte del impacto. Mientras que, cuando se recupera la demanda interna, como los productores locales no pueden producir más a un costo competitivo, son las importaciones las que cubren buena parte de ese incremento.

El restringir las importaciones con cupos o con aranceles, lo que hace es permitir al productor cobrar en el mercado local más de lo que ese bien sale en el mundo. De esa forma, los políticos generan una transferencia de recursos del bolsillo de los consumidores al de los empresarios. Es un absurdo que se ponga a la gente en función de generar ganancias para esos productores ineficientes. En realidad, está bien que un emprendedor se haga rico; pero siempre y cuando lo logre proveyendo a la gente bienes o servicios de la mejor calidad y al menor precio. Es decir, beneficiando a los consumidores y no esquilmándolo gracias a tener un “coto de caza” cerrado que le otorga un funcionario. (Ver entretenido video en https://goo.gl/8VRjKD)

Suele decirse que, a veces, es necesario proteger a una industria que está naciendo porque, si no, no se desarrollaría. Esto es un gran error. Cuando un empresario invierte lo tiene que hacer contabilizando entre sus costos el que implica adquirir el conocimiento y la experiencia para hacerlo bien. No tiene sentido que los consumidores paguen ese costo con mayores precios. En definitiva, cuando el productor logre se competitivo y gane plata, ¿la compartirá con ellos? No. Por eso, es que debe ser él quien haga la inversión y, si esta no es rentable, pues debe dedicarse a otra cosa. ¿Desde cuándo una inversión es buena porque las pérdidas las paga otro y no el que la realiza? Por otro lado, cualquiera que haya hecho el sacrificio de estudiar o aprender un oficio o poner su propio negocio debería preguntarse por qué nadie lo subsidió a él; pero sí lo hacen con determinado empresario. Simple, éste último tiene más poder de “presión” sobre los funcionarios, como quiera que ese lobby se ejerza.

También se argumenta que con el actual costo argentino producir es inviable. Es cierto que es altísimo debido a la elevada presión tributaria que imponen los Estados Nacional, provinciales y municipales y a una legislación laboral y gremial arcaica que desincentiva la generación de empleo. Sin embargo, dicho “costo argentino” lo padecen todos los argentinos.

En realidad, el empresario que logra una protección lo único que hace es pasarle su parte del mismo para que se la paguen los consumidores y otros productores, quienes ya están afrontando la propia porción de él. Ya vimos cómo se lo transfiere a los primeros, podemos analizar cómo lo hace con los segundos. Al prohibirse la importación de un producto, la compra de éste al exterior disminuye y, por ende, también lo hace la demanda de divisas; por lo que éstas bajan su valor en el mercado local. Por lo tanto, como los precios de todos los bienes dependen del dólar, baja lo que reciben los productores de cosas que se pueden exportar y los de otros que compiten con importados, pero que no tuvieron la suerte de recibir ese privilegio. O sea, se mantuvo o incrementó el empleo y la producción del empresario ineficiente protegido a costa de mermarlos en los sectores más competitivos, que no necesitan esa prebenda. Queda así claro que el proteccionismo no genera puestos de trabajo neto, sólo lo hace en los sectores no competitivos privilegiados por el burócrata de turno destruyéndolos en los en los que tienen mayor productividad y pueden pagar mejores sueldos.

Consideraríamos absurdo que a un empresario se le ocurriera destinar recursos de su compañía a aquello que sabe hacer peor y por lo que cobrará menos, a costa de resignar usarlos en aquellos productos que hace mejor y que puede cobrar más; porque ganará mucho menos plata y podrá pagar menores salarios. Hace décadas que los argentinos venimos apoyando políticos que hacen justamente eso en el país y nos llama la atención que no nos desarrollemos y que nuestros ingresos tengan bajo poder adquisitivo. Por favor, cambiemos de una vez, exijamos que se abra la economía y que los empresarios deban ganar plata produciendo eficientemente bienes y servicios al mejor precio y de la mejor calidad. O sea, pongámoslos al servicio del consumidor y no al revés, como sucede hoy.

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