Argentina, en medio de la desconfianza de los inversores

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Natalia Motyl
Analista económico en

Licenciada en Economía (UBA). Analista económico de Libertad y Progreso.

PORFOLIO PERSONAL INVERSIONES- El riesgo país se encuentra en niveles muy altos, con un mercado que no logra financiar un déficit de cuenta corriente que parece no ceder. Las políticas económicas de Argentina llevadas a cabo, han deformado la estructura productiva de nuestro país y la han estancado. Esto sucede con un Estado enorme y una presión fiscal tan pesada, que es imposible que se desarrolle cualquier sector productivo. 
En pleno año electoral, Argentina se encuentra entre los países con mayor riesgo de default de 2022, junto con países africanos como Mozambique y Zambia. El ratio entre deuda bruta y PBI se deteriora cada vez más, estimándose que para 2020 se llegaría al 84,3%, amedrentando sobre la clasificación de grado de inversión. Riesgo pais

El riesgo país se encuentra en niveles muy altos, con un mercado que no logra financiar un déficit de cuenta corriente que parece no ceder. Dicha suba posee su raíz en la falta de gobernabilidad por parte del gobierno en materia fiscal. Los números no dan, y ya se sabe que no llegaremos al déficit fiscal cero este año tal como esperaba el FMI.

Los más optimistas creen que se podría llegar al 0,5% del déficit primario, lo que contribuiría a que el país vuelva ser más atractivo a los ojos del mercado. Sin embargo, la incertidumbre electoral de este año podría posicionar los números bastante por encima de dichas proyecciones. Habrá que estar atentos a cualquier indicio que desestabilice las variables.

Uruguay también tiene elecciones este año, pero se encuentra bastante cómodo en materia económica, ya que los problemas fiscales, a pesar que se observa cierta tendencia preocupante, todavía no se dimensionan con los de nuestro país. Si quiere salir a endeudarse para poder suplir el exceso de gasto, tiene mucho margen para ello. Nuestro país no puede hacerlo.

La política monetaria de este gobierno, de mantener estable el tipo de cambio, tiene un costo: la actividad económica. Como nuestro país no tiene una moneda sana, cualquier salto en el tipo de cambio, impacta directamente sobre los precios. Dicho impacto se genera porque hasta el momento, lo único que se ha priorizado en los últimos años es el sostenimiento de un Estado enorme e ineficiente.

Las políticas económicas llevadas a cabo, han deformado la estructura productiva de nuestro país y la han estancado. Mientras, observamos en el resto del mundo un “patrón de progreso” – con una demanda de trabajo que va en aumento, sin tendencias al desempleo, sin desigualdad en el ingreso y una creciente equidad-, en Argentina el desempleo y la pobreza van en aumento. ¿Por qué sucede? No existe el progreso técnico, que es el que sube la productividad del trabajo, y con ello la demanda de trabajo y los salarios. Esto sucede con un Estado enorme y una presión fiscal tan pesada, que es imposible que se desarrolle cualquier sector productivo.

Hoy en día, la mayoría de las empresas se preocupan más por pagar impuestos que por descubrir la forma de ser más productivas e ineficientes.

En nuestro país, es necesario que se produzcan los avances tecnológicos que se trasladan a precios más bajos y una demanda más fuerte. Sin embargo, estos se vuelven ilusorios con la cantidad de impuestos que debe afrontar cualquier individuo que pise suelo argentino.

Según el último informe del “Instituto Argentino de Análisis Fiscal”, el total de tributos legislados en los distintos niveles de gobierno en nuestro país asciende a 163. A nivel nacional, se aporta 40; a nivel provincial unos 41; y a nivel municipal,  82. Más aún, la recaudación se encuentra concentrada en sólo seis tributos: IVA, Aportes y Contribuciones a la Seguridad Social, Impuesto a las Ganancias y el Impuesto provincial a los Ingresos Brutos. Estos, en términos de PBI constituyen el 75%, de la recaudación total del país.

Nuestro país tiene dos frentes que solucionar. Por un lado, no tenemos una moneda fuerte por los años que tuvimos que emitir para sostener los gastos del Estados; y por el otro, una presión impositiva que obstaculiza la consolidación de una presión impositiva.

Que actualmente nos encontremos con un riesgo país tan elevado es resultado de que los mercados no confían, y no lo hacen porque en estas condiciones, es imposible que algo se genere, más allá del crecimiento del Estado que es totalmente improductivo.

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