Panorama internacional primera quincena de enero

U.S. Air Force Lt. Col. Paul Lopez, F-22 Raptor Demonstration Team commander arrives at the Dubai Air Show, United Arab Emirates, Nov. 14, 2019.  (U.S. Air Force photo by 2nd Lt. Sam Eckholm).

El asesinato de Qassem Soleimani revolucionó la política internacional. Mucha agua ha pasado debajo del puente desde entonces. Por lo pronto, Irán ya dio inicio a su estrategia de venganza, embistiendo contra bases que albergaban tropas norteamericanas en Irak. La opinión pública mundial quedó impactada y a la espera de novedades en un enfrentamiento que promete traer cola. No obstante, en medio del torbellino de información, una cosa está
clara: Estados Unidos absorbió el golpe sin atenuantes y está ganando la partida. De hecho, según una encuesta realizada por Morning Consult y el periódico Político, el 47 por ciento de los votantes mostró su respaldo al operativo del 3 de enero. La agencia Europa Press registró a su vez el apoyo del 85 por ciento de los republicanos y del 70 por ciento de los demócratas.

De entrada, lo que habría que recalcar es que Trump tampoco ha estado intensificando el conflicto. Todas sus acciones, incluyendo la de proteger la embajada y eliminar a Soleimani, fueron totalmente defensivas. ¿Qué otras opciones tenía a disposición para salvaguardar los intereses de su país?

El eje del debate hasta ahora se refería a si los beneficios de matar a Soleimani valían los riesgos de desencadenar una eventual guerra en Medio Oriente. Sin embargo, los primeros indicios dan cuenta que la República Islámica ha quedado en una situación por demás frágil. El régimen lanzó misiles balísticos e hizo una gran demostración a la comunidad internacional, pero también eligió puntos de destino donde sabía que los estadounidenses aguardaban un ataque. Una movida que, a todas luces, parece haber sido ineficaz.

Por otro lado, los cohetes que se tiraron son armas de área: no están diseñados para alcanzar un norte específico. Además, tuvieron que volar unas cuatrocientas millas antes de estrellarse contra objetivos bastante pequeños. Si los iraníes hubiesen querido producir daños serios, podrían haber pergeñado tácticas más efectivas. Más aún, después del asalto, los funcionarios persas se apresuraron a declarar públicamente que la ofensiva había concluido. Esto reforzó la sensación de muchos de que la represalia tuvo la intención de ser meramente simbólica.

En otro orden, es evidente que el embrollo de los últimos días le ha servido a Washington para mejorar su posición en Irak. Allí, la mayoría de los ciudadanos clama por una pacificación. Si Estados Unidos se retira, como lo hizo Obama en 2011, eso podría significar un resurgimiento de ISIS o una guerra civil. Por supuesto, nadie desea algo semejante.

Es notable la manera en que Irán está sucumbiendo en la desesperación y el aislamiento diplomático. La decisión de dejar de cumplir con las limitaciones impuestas a su programa atómico por el acuerdo nuclear de 2015 es una muestra de ello. Los estados de la región ya han señalado su preocupación, mientras que los europeos empiezan a perder la paciencia. Los rusos y los chinos están aturdidos y piden moderación. Incluso Corea del Norte permanece en silencio.

A nivel interno, cabe destacar que el gobierno de los ayatolás no ha obtenido ningún rédito con su accionar. La economía sigue siendo un desastre: en 2019, la contracción del PBI fue del 10 por ciento. Y lo que es peor, las fricciones con Estados Unidos no han despertado un entusiasmo popular visible. Las marchas fúnebres masivas fueron en buena medida eventos organizados. El humor social va de mal en peor. De acuerdo a organizaciones de derechos humanos, más de 400 personas murieron, más de 2000 resultaron heridas y 7000 fueron encarceladas durante estos meses.

El descrédito del régimen teocrático a esta altura es total y el episodio de la aeronave ucraniana ha sido la gota que rebalsó el vaso. El derribo costó la vida a 176 personas y agregó otra mancha más al sangriento historial de crímenes perpetrados a manos de los fundamentalistas. Puertas adentro, el incidente dejó muy mal parado al ejército y a su
poderosa Guardia Revolucionaria. Los líderes clericales sufrieron el escarnio público por igual: “muerte al dictador” y “Jamenei asesino” han sido algunas de las leyendas que se alzaron este fin de semana. En el plano internacional, la quema de uno de sus consulados en Irak ha puesto de relieve que los vientos vienen bravos para Irán, que deberá afrontar asimismo demandas de compensación de las naciones cuyos ciudadanos murieron en el vuelo.
Estas idas y vueltas prueban cabalmente que Trump cree en la paz a través de la fuerza. Los analistas tienen dificultades para encuadrar esa conducta en un concepto nítido. Eso ciertamente es un tema para los académicos, aunque no es un obstáculo importante en el manejo de la política exterior. En la mayoría de las veces se nota que hay un método detrás de lo que se interpreta como simple egolatría.

Culpar a Trump de lo que pasó es caer en una simplificación. Irán declaró como enemigo a Estados Unidos ni bien se consumó la revolución de 1979. Esa postura nunca ha cambiado, ni siquiera luego de firmar el pacto nuclear de 2015. El actual inquilino de la Casa Blanca heredó un desafío geopolítico que seis administraciones anteriores no supieron abordar adecuadamente.

Quien más recaudos tiene que tomar a partir de este momento es Europa. Muchos dirigentes en el viejo continente aprovecharon la ocasión para criticar la supuesta irresponsabilidad de Trump en lugar de diagramar un plan conjunto para hacer frente al problema que se ha generado. Eso es ganancia para Rusia: lo que más satisfacción le da a Moscú es ver fisuras en la comunidad atlántica. Es consciente que de esa forma puede seguir debilitando a Occidente.

A pesar de que en los medios de comunicación y en las redes sociales se agitó el fantasma de una Tercera Guerra Mundial, la sola idea de una disputa entre las grandes potencias está fuera de discusión. Al contrario de lo sucedido en 1914, cuando el atentado contra el archiduque Francisco Fernando de Austria provocó una reacción en cadena e hizo estallar todo por los aires, lo acontecido por estas horas no altera en esencia los cálculos de los principales centros de poder. El tiempo dirá si esto continúa así.

 

Por Nelson Aguilera

Magister en Estudios Internacionales UTDT (Universidad Torcuato Di Tella) y colaborador de Libertad y Progreso.

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