¿Entre la vida o la economía?

Por Castor López – Presidente Fundacion Pensar Santiago

Como consecuencia de la creciente crisis económica global, derivada de la muy grave pandemia del corona virus, se ha instalado en el mundo y también en nuestro país, como un dilema dramático y crucial, la opción considerada excluyente entre ¿la preservación de la vida o la de la macroeconomía argentina? Esta última también de una salud muy precaria. 

En los EEUU, el periodista y escritor Thomas Friedman encontró en el académico David Katz, de la universidad de Yale, una respuesta muy atinada de lo que, en realidad, seria un “try-lema”:

  1. Salvar, en lo inmediato, a la mayor cantidad posible de vidas.
  2. Que el sistema de salud disponible no colapse y
  3. Destruir lo menos posible (más aún, en nuestro caso) a la macroeconomía y salvar a la mayor cantidad posible de vidas también el mañana.

Todos desearíamos ahora disponer de un sistema de salud más organizado, más integrada su propiedad, su operación y su financiamiento, tanto público como privado, y de una mayor cuantía y calidad. Lo cual nos permitiría cumplir mejor con los objetivos planteados como 1 y 3. Pero, las decisiones siempre se deben tomar con los datos de la realidad y mirando hacia adelante.

Como una lección aprendida de los casos de China, Italia y España, en procura sólo de los puntos 1 y 2, nuestro país ha optado por una inicial política de shock, dejando casi totalmente de lado la consideración del punto 3. La decisión tiene por objetivo que el inevitable incremento de los casos que precisan internación alcance un máximo que resulte consistente con la capacidad instalada de nuestro sistema de salud pública y privada.

La opción elegida no resulta gratuita, pues tiene un relevante costo de oportunidad. El de la acelerada paralización y destrucción de la economía real de nuestro país, a un ritmo estimado, “a priori”, en alrededor de, al menos, un -0,5% del PIB cada mes. Complicando ello, a su vez, al sistema de salud pública y privada y a sus posibilidades de continuar salvando vidas en el corto plazo, lo cual también es solidaridad.

Cuanto más profunda y rápida sea la caída del PIB, necesariamente más lenta y prolongada resultará nuestra posterior recuperación económica.   No resulta razonable hoy la expectativa de una recuperación económica de nuestro país similar a la iniciada en el año 2003, luego de la caída del -11% del PIB en los años 2001/02. Porque son muy diferentes las condiciones predominantes, tanto las externas como las internas.

Desde este más amplio punto de vista, el dilema entre nuestra salud y nuestra economía deja de ser tan antagónica y se comienzan a visualizar los senderos convergentes de las soluciones posibles al grave problema que se enfrenta.

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