El liberalismo ante la batalla cultural

Presidente del Consejo Académico en

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso.

LA PRENSA- Organizado por la Fundación Libertad y Progreso y el Friedrich Naumann Stiftung, los economistas Alberto Benegas Lynch (h) y Ricardo López Murphy debatieron sobre el futuro de la Argentina.

No es la primera vez ni será la última. La crítica situación por la que atraviesa la Argentina ha puesto a los intelectuales frente a la misión de repensar el país. De eso y de encontrar una salida que contenga en su seno los valores republicanos se encargaron de debatir Alberto Benegas Lynch (h), economista, y Ricardo López Murphy, otrora ministro de Economía y extitular de la cartera de Defensa.

Organizado por la Fundación Libertad y Progreso junto a su par alemán, el Friedrich Naumann Stiftung, los protagonistas expusieron sus ideas sobre la reconstrucción nacional bajo las premisas del liberalismo, en un intercambio donde quedó claro la necesidad de llevar adelante un movimiento de pinzas: concientizar a la sociedad, imbuirlos de los valores liberales pero, al mismo tiempo, presentar batalla en la arena política pese al escenario adverso.

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Rompió el fuego el doctor Alberto Benegas Lynch (h), haciendo foco en la necesidad de predicar el liberalismo sin descanso:

* «Empiezo subrayando algo evidente para todos los liberales, y es que no somos una manada, tenemos opiniones y criterios distintos. Los liberales detestamos el pensamiento único. Vamos mejorando y haciendo un aprendizaje recíproco».

* «Quiero referirme a tres puntos: el primero es que yo noto un desbalance muy grande entre la dedicación a la coyuntura respecto a los debates de fondo. Creo que son indispensables los debates de fondo porque marcan agendas y permiten tener en el futuro coyunturas razonables».

* «Muchos colegas usan la coyuntura, están anclados pero se refieren y aprovechan la oportunidad para aludir a temas de fondo. Otros se mantienen en las Leliq y cuando les preguntan cuáles son las medidas de fondo dicen algo tan poco estimulante como que hay demasiados conductores de autos en las burocracias y esas nimiedades. Proponen podar el gasto, pero si se poda crece más fuerte. Otros proponen hacerlo más eficiente. Si algo es inconveniente y se hace eficiente se vuelve algo peor».

* «Hace relativamente poco había un periodista muy conocido que sostenía y se quejaba amargamente porque la distribución de la pauta oficial era muy arbitraria. El tema no es discutir esa arbitrariedad sino eliminar Telam. Una agencia oficial de noticias es algo fascista e incompatible con una sociedad abierta».

* «Cuando se intervino el Indec pidieron mi nombre para una solicitada, pero dije que eso podía ser útil porque universidades y centros de estudios iban a fabricar sus estadísticas y competirían en una auditoría cruzada y ofrecerían las estadísticas que el mercado requiere».

* «Considero que es necesario eliminar todas las embajadas en el siglo XXI. Los cócteles, las cenas, los pasaportes diplomáticos son algo impropio en épocas de teleconferencias. Eso era para la época de las carretas».

* «Como decía Hayek, es indispensable liquidar la banca central y el curso forzoso. Los banqueros centrales sólo deciden a qué tasa expandir o contraer, en todos los casos se afecta los precios relativos, distorsionando los únicos elementos que mandan en el mercado. Tenemos un organigrama absolutamente atrofiado, por eso tenemos impuestos insoportables, una expansión monetaria increíble y un alto gasto público».

* «El segundo capítulo es la pandemia. Si todos fenecemos es bastante irrelevante preocuparse por el precio del trigo. Pero si se cierra la economía puede haber riesgo de hambre. ¿Cuál es el balance?»

* «Por lo que tenemos que preocuparnos los liberales y mucho es que en el medio de la pandemia se decide establecer precios máximos, subir impuestos, más expansión monetaria, embates contra supermercados, farmacias y laboratorios, se incrementa el gasto, se regula la educación. Esos son manotazos inaceptables».

«En el tercer capítulo quiero decir que hay muchos amigos bien intencionados que insisten en la necesidad de establecer un partido liberal. Creo que es bueno poner un correlato para explicar esto con una persona que habla sueco y quiere transmitir su mensaje a una audiencia hispano parlante. La primera condición es que la audiencia entienda sueco. Estamos tan atrasados en la batalla cultural, tan enredados en la coyuntura y sin espacio para debates de fondo que no es el momento de establecer un partido liberal. Es poner la carreta delante de los caballos. Primero la gente tiene que entender algo de sueco. Todavía estamos discutiendo la regulación de precios».

* «Estos amigos confunden lo que es un centro académico de lo que es la actividad política. El político tiene que acordar y negociar, usar un discurso que la gente pueda masticar y digerir, comprender. No les puede hablar en sueco, tiene que adaptarse al plafón que existe para su discurso. ¿De qué depende el plafón? ¿Quién es la opinión pública? Está influida por las opiniones prevalentes. Todo empieza en algunos cenáculos. El político no es alguien que pueda subirse a una tribuna y afirmar: voy a decir lo que me da la gana aunque no me entiendan. Tendría entonces los días contados. No ocurre lo mismo con un profesor».

* «Le hemos dado muy poca importancia a la batalla cultural en la Argentina. Tocqueville sostenía que el progreso material había sido tan acentuado en algunos países que la gente lo dio por descontado. Acá se dejó el espacio a la Cepal, a los marxistas y demás grupos».

* «Tenemos que empujar en el terreno político para cambiar el eje del discurso. Ahora lo importante es preservar la república. La república tiene varios aspectos. La división de poderes es uno. Hoy está amenazada con posibles reformas del poder judicial, especialmente en la Corte Suprema, con decretos de necesidad y urgencia. La segunda cuestión fundamental de la república es la igualdad ante la ley. Atada, anclada al concepto de justicia de acuerdo a dar a cada uno lo suyo, y lo suyo remite a la propiedad. El tercer aspecto es la alternancia en el poder, la responsabilidad de los gobernantes y la publicidad de los actos de gobierno. En primer término pondría la libertad de prensa. Jefferson decía que prefería tener libertad de prensa sin gobierno antes que gobierno sin libertad de prensa».

* «Mientras, tenemos que seguir con la batalla cultural y dedicar el mayor tiempo a la biblioteca, al estudio y a difundir las bases morales del liberalismo, aspectos económicos, históricos y jurídicos. En lugar de preguntarnos por qué no nos entienden, preguntarnos por qué soy tan inepto que no me entienden». 

Un freno al modelo colectivista 

A su turno, Ricardo López Murphy, quien confirmó que participará como candidato en las elecciones legislativas del año próximo, expuso también sus ideas.

* «El primer punto es cómo plantarnos frente al modelo colectivista. Ese es un tema muy importante, el modelo tribalista, la idea de que no importan los derechos individuales sino la voluntad del común. Y esa actitud que se pueden eliminar todos los derechos. A mí me parece que como dice el Evangelio, por sus frutos los conoceréis».

* «¿Adónde va una sociedad de ese tipo? ¿Cuál ha sido el resultado de este colectivismo? Hay que ver las consecuencias de las ideas. He elegido seis casos estremecedores: el primero de ellos es el de Corea del Norte. Caso monstruoso de poder totalitario. Ha retrocedido antes de la revolución americana, colectivismo hereditario que ha generado una patología muy profunda en el nivel de vida y es una amenaza a los vecinos. Terrible castigo para lo que viven allí. Una de las facetas excepcionales es que se sabe poco porque es como una inmensa prisión».

* «El segundo caso que me impresiona del colectivismo es Zimbabwe. Era el país más avanzado de Africa cuando era Rodhesia y se ha convertido en una catástrofe humanitaria. Ha caído a niveles de miseria que empequeñecen el ejemplo venezolano. Cuando nos ofrecen esa alternativa, nos vocean el camino colectivista no es sólo el debate sobre valores de la libertad, que necesitamos control y balance, división de poderes, alternancia, necesitamos también mostrarles adonde nos llevan: Zimbabwe y Corea del Norte».

* «El tercer ejemplo son los 60 años de una dictadura hereditaria como la de los Castro. Un rasgo catastrófico en sus resultados: Cuba era el país más avanzado de América Latina en el ’59. Recuerdo relatos sobre los exiliados cubanos. Mucha gente se escapaba de esta isla trágica. Uno de los comentarios que siempre había es qué atrasada que es la Argentina. No había semáforo ni aire acondicionado, signos del progreso que tenía Cuba».

* «Cuba era 5 veces República Dominicana. Hoy es el 70%. Los hermanos Castro le han hecho perder a los cubanos 5/6 partes de su ingreso. Y sin embargo sigue habiendo en toda América Latina gente que mira eso como si fuera el faro luminoso de la historia. Algo hay que no podemos persuadir en la batalla cultural».

* «Venezuela es el cuarto caso. Quebrar a Venezuela era una tarea titánica, es un lago de petróleo, con los precios que tuvo. Hay que ser muy obstinado. El ingreso per cápita cayó más del 80%. En Venezuela la degradación es tremenda».

* «En Europa oriental Lenin, Trotsky y Stalin hicieron cosas atroces. El discurso de Krushev produjo un impacto muy grande: reveló lo que le hizo Stalin a los comunistas. Lo que le hizo a los demás no estaba. En la batalla cultural viene entonces un episodio extraordinario que supera todo lo imaginable: Camboya con Pol Pot y el Khmer Rouge. Esos son los ejemplos, a eso nos ha llevado la mentalidad colectivista».

* «Por eso la defensa de la libertad se hace de manera eficaz planteando adónde nos quieren llevar y qué ejemplos admiran. Estoy seguro que apelando a la racionalidad nadie va a querer ir. Hay que quitarle las caretas. Ahí revelan esa banalidad del mal. Su adhesión es religiosa a una teoría difunta, a un sentimiento opresivo. Uno se da cuenta del carácter monstruoso que ese proyecto tiene».

* «El segundo punto tiene que ver con el problema de que la sociedades abiertas y libres se organizan en base a incentivos. Eso hace compatible la tolerancia y la convivencia, llevar adelante el proyecto de cada uno. El régimen colectivista necesita órdenes, comunes denominadores. Eso finalmente termina llevándonos a todos a vivir como sería en una pandemia permanente. Con alguien autorizándonos a salir o no».

* «El régimen de control y comando deviene en la vulneración más básicas de las libertades. No se puede entender que haya libertades políticas y regimentación económica o viceversa. La libertad en todos los campos es un atributo esencial. La pandemia nos ha mostrado la punta de lo que sería perder la libertad. Se perdieron cosas que teníamos por dadas, naturales. El miedo es que nos van a dirigir, nos van a decir lo que es bueno para nosotros, porque ellos saben mejor que nosotros».

* «El tercer tema son las falsedades terribles que se están tejiendo ahora sobre que se viene el tiempo del estatismo. La pandemia ha revelado que el sistema de libertades no puede funcionar. Están enamorados de la catástrofe del virus. Los estados van a terminar terriblemente endeudados. El Estado nos ha puesto en una situación de vulnerabilidad extrema».

* «No es verdad que el camino es el estatismo, es al revés. Lo que vamos a necesitar desesperadamente es igual que en Alemania en el 48. Había una crisis tremenda, pero se liberaron los precios, se fijaron las reglas y hubo un salto extraordinario en la actividad. No hay mecanismo más poderoso que la economía libre y el mercado. Necesitamos una economía en base a incentivos, que tenga capacidad de liderar las dificultades y luchar contra el empobrecimiento».

* «Otro tema es cómo enfrentar la cuestión política. Coincido que no están dadas las condiciones, pero creo que los liberales, en una situación de amenaza de libertades, alguno de nosotros vamos a tener que participar en el proceso político. No lo vamos a hacer con una participación de frente de liberales. Deberá ser un frente donde estén los liberales, pero más amplio. Porque nuestra agenda es mínima. Dar batalla por las libertades básicas de la Argentina contra un régimen que tiene todas las características populistas y peligrosas de los ejemplos trágicos mencionados. La oposición no sabemos dónde está y no puede defender su gestión en el gobierno».

* «El país requiere de una alternativa, debe ser un frente amplio y ese frente tendrá que tener elementos esenciales de nuestra predica: libertades básicas, división de poderes, libertad de prensa y económica. Mi opción no sé si es la más atinada, pero no puedo quedarme callado, es tratar de darle al país una salida frente a este avance que parece imparable de las ideas colectivistas. Vamos a librar batalla sin renunciar a nuestras convicciones. La república corre un riesgo extremo y por eso voy a volver a dar esta batalla política. El marco no será un frente de liberales sino un frente con los liberales».

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