Las escuelas no son el problema, el transporte público lo es

Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago. Rector de la Universidad del CEMA. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Consejero Académico de Libertad y Progreso.

INFOBAE – El pasado miércoles 14 de octubre, la Asociación Argentina de Pediatría (SAP) le envió al presidente Alberto Fernández un documento el cual fija su posición frente a la vuelta a las clases presenciales en las escuelas.

El mismo señala, entre sus conclusiones, que: “Después de haber analizado exhaustivamente los distintos aspectos que hacen a la importancia de la escuela en la vida de los niños, niñas y adolescentes en lo referido a los aspectos educativos, culturales, de educación física, sociales, sanitarios, nutricionales, enfatizamos que el derecho a la educación es fundamental y que la tarea docente con los educandos y sus familias es esencial. En este marco, la SAP cree que la vuelta a las escuelas en la modalidad presencial es imprescindible”.

Es claro que la pregunta ahora es cómo hacerlo de la forma más segura posible, lo cual probablemente se está enfocando de modo parcial, dado que el énfasis que estamos poniendo en la seguridad dentro de las escuelas nos hace olvidar que también hay que llegar a ellas en forma segura.

La reapertura de los colegios y jardines de infantes implica un riesgo muy reducido para los niños, e indistinguible del que sufrirían en otras profesiones el personal docente y administrativo, asumiendo que han de seguirse las prácticas llevadas a cabo con éxito en otras latitudes. Pero ello es tan sólo una cara de la moneda, cómo trasladarse de las casas a las escuelas en forma segura es la otra cara, y de gran relevancia para muchos alumnos y docentes de una ciudad del tamaño de Buenos Aires.

A modo de ilustración, una nota de Bloomberg del 25 de septiembre titulada “Debemos hablar del transporte escolar”, centra explícitamente su atención en este hecho, al señalar que “para las escuelas que están reabriendo en USA para el aprendizaje presencial, lo que sucede dentro del aula es sólo una parte de la seguridad de los estudiantes y maestros”. Tomemos en cuenta que, como reporta la nota, previo a la pandemia 27,000 niños de 5 años de edad atravesaban cotidianamente la ciudad de New York para concurrir a jardines de infantes, el 42 % de los niños de dicha edad.

Incorporar al análisis el riesgo al que se exponen estudiantes y docentes, al trasladarse hacia y desde las escuelas, permite completar la foto y comenzar a pensar en estrategias para 2021 que minimicen el riesgo de los niños y maestros no tan sólo dentro de los colegios y jardines, sino también frente a la necesidad de utilizar el transporte público.

Una simple solución a considerar consiste en reducir la necesidad de utilizarlo, reubicando a tantos niños y docentes como fuese posible en escuelas y jardines de infantes cercanos a sus domicilios. Seguramente el problema es de mayor magnitud con los docentes que con los niños, pues una mayor proporción debe trasladarse para llegar a sus lugares de trabajo, pero también es más sencillo de solucionarlo mediante una adecuada planificación, dado que su potencial reubicación no conlleva los costos emocionales de cambiar a niños de escuelas.

Evaluar una idea de estas características es tan sólo un primer paso para enfrentar una realidad, el comienzo de clases 2021 llegará y no habrá para entonces una milagrosa vacuna. La vida futura de muchos niños está en juego, de sobremanera la de aquellos de las familias más humildes. Es imprescindible retornar a la presencialidad, pero para ello debemos comenzar a evaluar estrategias que tomen en cuenta que la utilización del transporte público es probablemente el mayor obstáculo que se habrá de enfrentar para que el retorno sea exitoso.

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