Las empresas construyen las reglas laborales para regresar a la nueva normalidad

Abogado. Asesor laboral de empresas y cámaras empresarias. Consejero Académico de Libertad y Progreso.

CRONISTA – Mas del 50% de las pymes no podrán reabrir sus puertas en los países centrales y más de 30% de las empresas medianas y grandes tienen graves problemas de subsistencia.

Más de mil quinientos millones de puestos de trabajo ya se han perdido sin remedio, y la mayoría de los países incluyéndonos ha concentrado el esfuerzo en la reforma laboral de la pandemia, en el subsidio universal, y la ayuda a las empresas para sobrevivir al colapso, y en algunos casos, a la preservación de las fuentes de trabajo.

Mientras China vuelve a crecer, los Estados Unidos y la Unión Europea anuncian las mayores caídas del PBI de la historia.

En nuestro país, la legislación se concentró en los efectos del aislamiento que paralizó la economía, con el ATP que asumieron el pago parcial de salarios más la postergación o condonación de cargas sociales y el otorgamiento de créditos a tasa cero.

El complemento el Estado dispuso los subsidios universales para desocupados, y en general para los grupos sociales más vulnerables, y las empresas aplicaron las suspensiones subsidiadas del art. 223 bis (LCT), prohibiéndose las suspensiones por causas económicas de la Ley de Contrato de Trabajos, en un contexto de duplicación de la indemnización por despido, sumada a la prohibición de despedir por causa de fala o disminución de trabajo no imputable al empleador, caso fortuito o fuerza mayor, y sin causa.

El que denominamos “CEPO LABORAL” ahora debe comenzar a destrabarse, es un proceso de readecuación que demandará trasparencia en la información y congruencia en la implementación.

La vuelta a la nueva normalidad será verdaderamente traumática y tendrá como ocurre siempre ganadores y perdedores.

En primer lugar se producirá como ya se ha asumido una transformación singular de las modalidades de cumplir con la actividad y muchos vaticinan que en promedio el teletrabajo representará no menos del 40% del nuevo contrato de trabajo con otro 60% de trabajo presencial dinámico, entendiendo por tal el que requieran las circunstancias. En todos los casos se acuerdan condiciones de variabilización del sistema, según lo demande el mercado.

Para ello, es de destacar que todo trabajador contará con medios telemáticos (herramientas de comunicación + herramientas informáticas) que le permitan operar desde cualquier lugar físico. La herramienta más eficaz será el celular Smart o multifunción, que centraliza telefonía, mensaje de texto, WhatSapp, redes sociales, Internet, conferencia telefónica y videoconferencia.

Este proceso generará no solo transformaciones en los establecimientos de las empresas, cambiarán los hábitos de viaje, se reformulará el transporte de pasajeros, habrá un nuevo layout en la estructura de las oficinas y de las fábricas (influidas por la robótica y la automación), y se descentralizarán todos los servicios periféricos (seguridad, comedores, centros de compras, supermercados, salud, gimnasios, servicios complementarios, y otros).

La comunidad en su conjunto operará estos cambios al ritmo de la reactivación, que no alcanzará a todos, y que dejará muchas empresas, actividades y prestaciones en el camino que nunca volverán.

Es el caso del negocio que espera que los clientes lo visiten, cuando E Commerce está reemplazando a todos los negocios de venta al público.

En ese contexto, las empresas están reformulando el contrato de trabajo, en muchos casos en forma escrita, incorporando el teletrabajo a las nuevas condiciones contractuales, parcial o total según los casos, a la gradualización entre las suspensiones subsidiadas y la vuelta rotativa a la actividad, a la revisión de la jornada de trabajo real sea presencial o virtual, y a la eliminación de los tiempos hundidos, como el caso del viaje entre el hogar y el lugar de trabajo o los descansos o pausas dentro de la jornada, la reformulación de la remuneración apuntando al resultado más que a la extensión del tiempo disponible de trabajo y a la conexión, y la adecuación de los descansos en ambos planos (jornada y remuneración).

Dado que no se han dictado normas vinculadas con la vuelta a la nueva normalidad, están vigentes las leyes laborales heredadas, que dan suficiente cobertura para fijar las reglas que imponen las circunstancias.

Tenemos también el recurso de la negociación colectiva, en especial los convenios de empresa, que en algunos casos está contemplando las nuevas tecnologías, el teletrabajo, la automación y la robótica, incluyendo la restructuración de las empresas por los cambios impuestos por la aceleración que provocó el Covid 19.

En alguna medida crecerá el trabajo autónomo, cuando el objeto del mismo sea el único motor del contrato, de modo que quién acuerda un resultado cobra por el éxito del mismo, no se trata pues de una obligación de medios, sino de un deber de resultados.

El poder onmímodo del Estado no puede ni podrá suplir la creación de valor del modelo capitalista, al contrario, el Estado solo sabe hacer del gasto público y el déficit fiscal como la única forma de enfrentar las necesidades de la realidad. Los estados también sufrirán el embate de la realidad cuando se trate de regresar a estándares previos a la pandemia, y por imperio de los hechos, tal regreso se transformará en imposible.

El crecimiento de la pobreza pondrá en crisis todas las concepciones ideológicas, que frente a los acontecimientos han fracasado en forma rotunda, sobre todo, con las soluciones populistas con efectos devastadores a nivel social y económico.

Con ello contribuye el tan mentado pobrismo o neopobrismo, según el cual el mérito carece de relevancia, los hombre y mujeres no compiten ni pujan por ser cada vez mejores, porque todos tienen derecho a trabajo tierra y techo y todo tiende a uniformarse hacia abajo por el mínimo y no sobre el objetivo del mejor, del más productivo, del más competitivo.

En un mundo donde las reglas cambian, los primeros que las cambian son los participantes del proceso de cambio, y ese es el caso de las empresas, que en un nuevo contexto, solo podrán sobrevivir y volver a crecer, si logran interpretar a las tecnologías exponenciales y lograr identificar las nuevas formas de demanda de servicios de los clientes.

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