La Argentina que se viene

Por Tomás Ragaini, colaborador de Libertad y Progreso.

Ya cerca de cumplir un año de cuarentena y con el último anuncio acerca de la aparición de la vacuna podemos comenzar a inferir que va a desaparecer la “Cuareterna” para comenzar a volver a las actividades como se desarrollaban normalmente o prepandemia. Con este contexto y considerando que se viene un año electoral (quedando tres años de mandato presidencial por delante), nos permitimos analizar la economía que se viene y como se puede salir de esta caída del 10% de actividad que sufrimos a causa de la pandemia, o más bien, de la cuarentena.

Para esto es necesario observar brevemente los números que arroja el país en diversas áreas y contextualizarlos con el escenario político. En principio tomaremos los valores de nivel de actividad económica, luego observaremos el balance del banco central y para cerrar el análisis tomaremos el presupuesto 2021.

Observando el índice de actividad económica, el último dato sobre nivel de actividad es una caída interanual durante el tercer trimestre del año en un -10,2%. Esto nos deja con un PBI per cápita 21,5% inferior al año 2011 (último año en el que se vio un crecimiento genuino). Llevando estos datos al campo político, este trimestre se esperaba que fuera el mejor del año, lo cual no fue así, debido a la quita de algunas restricciones a la producción. Es por esto que la incertidumbre en cuanto al desarrollo siguiente año es aún mayor, con una economía sin reactivación, con quiebras masivas de empresas, fuga hacia países más flexibles en términos impositivos por parte de otras y con un escenario donde se espera que la presión fiscal aumente, si bien habrá un rebote de la economía y no un crecimiento del 5% de la economía como dijo el ministro Guzmán (vale remarcar que con una caída de 10%, un crecimiento del 10% sería un rebote, o recuperación y en caso de existir un aumento de la actividad en 11% entonces existiría un crecimiento del 1%), todo indica que la recuperación económica será lenta a comparación del resto de los países. Muchos países, como USA, Paraguay o Chile, han logrado reactivar su actividad económica y recuperar hasta el 50% de su caída en el segundo semestre del año 2020 y esperan recuperar su totalidad en el primer trimestre del 2021, mientras que Argentina espera, Según el gobierno, recuperar su caída en 2 años, aunque muchos analistas económicos lo ven como utópico y creen que recién logrará recuperarse de esta estruendosa caída hacia el año 2024.

En segundo lugar, analizamos el último balance semanal del BCRA que arroja un dato de reservas internacionales disponibles de 3.200MM de dólares, esto nos muestra una situación frágil de las reservas ante una eventual corrida, con un nivel de adelantos transitorios para financiar al fisco muy elevados ( se llegaron a transferir 170.000 MM en una semana! Y se estima que faltan 150.000MM más hasta fin de año), pero con una fuerte intervención en el mercado financiero que logró mantener una mayor estabilidad en el tipo de cambio (medida transitoria que puede ser útil en el corto plazo pero no logra resolver el problema de fondo). A su vez, la inflación no logró bajarse a pesar del desplome en la actividad económica y no se espera que disminuya ya que la principal fuente de financiamiento del gobierno son los adelantos transitorios de BCRA (emisión monetaria). Hoy por hoy, el mercado financiero y cambiario esta intervenido y el mercado de dólar paralelo esta contenido por el mismo BCRA, aunque con una brecha entre el oficial y el blue cercana al 100% y con las presiones inflacionarias y devaluatorias, además de un tipo de cambio de 101 que se esperaba para el año que viene (según presupuesto 2021), todo parece indicar que el 2021 nos recibirá con una devaluación del tipo de cambio, con mayores niveles de inflación lo que nos da, junto con la gran cantidad de empresas y de personas que eligen residencias fiscales más amigables para sus activos, un escenario de una posible corrida cambiaria y aún más inflación (es importante remarcar que siempre que se mantenga restringida la actividad bancaria mediante los turnos implementados por la pandemia este escenario de corrida es poco probable).

Por último, teniendo en cuenta un país con una de las mayores caídas económicas a nivel mundial, el cual mantiene la cuarentena (a pesar de que la OMS, quienes dieron la recomendación de implementar este sistema para combatir la pandemia, pidieron disculpas indicando que de haber sabido que iba a impactar tan fuertemente en la economía no lo hubiesen recomendado), con un saldo de pobreza de 50%, de desempleo en 13,1% (último dato oficial, mientras que las consultoras privadas estiman el desempleo por encima del 20%) y con un año electoral por delante, donde se suele aumentar el despilfarro para financiar campañas electorales y ganar adeptos a los partido, pasamos a analizar el presupuesto 2021 Vs el proyecto que se presentó para 2020 (antes de la pandemia).

El presupuesto 2021 nos presenta un gasto público de PESOS OCHO BILLONES TRESCIENTOS NOVENTA Y CUATRO MIL NOVECIENTOS NOVENTA Y CUATRO MILLONES OCHOCIENTOS VEINTICINCO MIL CINCUENTA ($ 8.394.994.825.050) el total de los gastos corrientes y de capital del Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2021. Mientras que los niveles de 2020, tomando ambos proyectos de ley, no muestra una suma de PESOS SEIS BILLONES DOSCIENTOS CUARENTA Y SIETE MIL SETECIENTOS CINCUENTA Y SEIS MILLONES CUATROCIENTOS CUATRO MIL QUINIENTOS TREINTA Y UNO ($ 6.247.756.404.531) el total de los gastos corrientes y de capital del Presupuesto General de la Administración Nacional para el Ejercicio 2020. Esto nos muestra un aumento de 2 billones de pesos en términos nominales (34% cuando, según el INDEC la inflación acumulada del 2020 será de 30%), siendo la mayor parte de este en el área de Administración gubernamental (74%) y servicios sociales (cercano al 45%).

Frente a estos datos de aumento de gasto público, en su mayoría al financiamiento de la política, en un contexto de elecciones, de negociaciones con el FMI por el alto nivel de deuda argentina (tomado en su mayoría durante la gestión anterior), con colocaciones en el mercado a tasas del 16% (por encima del mega-canje de Cavallo de 2001 y frente a un mundo de tasas 0), todo parece indicar que nuevamente el plan de gobierno es la búsqueda de la reactivación económica mediante el estímulo fiscal, medida que se tomó, de los últimos 110 años, durante los últimos 100 años y seguimos esperando a que funcione. Siguiendo a las consultoras económicas todo parece indicar que nos espera un año 2021 interesante, con un escenario muy endeble a nivel económico, con riesgos de hiperinflación, una sociedad agobiada por impuestos y cansada del clientelismo que se verá reflejado en las urnas, una política económica de muy corto plazo que no busca atacar los problemas de fondo, una clase política que lejos está de preocuparse de los problemas de la sociedad y
utilizan distintas pantallas como lo fue el funeral de Maradona o el hoy tan debatido proyecto de ley sobre el aborto para ganar aunque sea un poco más de tiempo, con ruidos de internas dentro del gobierno entre el ala kirchnerista y el PJ, con una pobreza del 50% que ya es infinanciable (el ministro Guzmán decidió retirar las IFE para guardar su bala de plata en caso de ser necesario en 2021) , con la vuelta de las DJAI y aún más complicaciones para quienes producen en base a materia prima importada y con el cierre del Palomar (símbolo de la competencia y de los avances del capitalismo) entre otras cosas. Esto me lleva a pensar que, logrando superar la pandemia para el año siguiente, el 2021 nos espera con tantas o aún más sorpresas que el 2020 en términos sociales, políticos y económicos.

A nivel económico podemos decir que todo puede pasar, existe riesgo de
hiperinflación, con una presión creciente de nuestro principal acreedor para ordenar las cuentas, con un nivel de pobreza y de gasto público que ya no puede ser financiado vía emisión por los riesgos inflacionarios ya mencionados, vía impuestos (el gobierno aun así busca aumentar la presión fiscal lo que llevará a un desaliento de la producción retrasando más la recuperación o un aumento del mercado negro) debido a que Argentina tiene la presión fiscal más alta del mundo y según la BBC las empresas argentinas de cada 100 pesos netos de ganancias deben aportar 106, es decir, cualquier persona que emprenda en argentina paga por producir sin obtener ganancias. Tampoco puede financiarse vía deuda pública ya que si bien reestructuró su deuda con privados, los bonos están en valores de 35 (demasiado bajos para activos recién reestructurados), el riesgo país es demasiado alto (alrededor de 1400 cuando la media de los países de Latinoamérica es de 150) y el país no tiene como hacer frente a los próximos pagos de deuda tomados con las entidades internacionales. Todo esto nos lleva a pensar que no solo es estrictamente necesario sino también urgente el ajuste del nivel de gasto público, sabiendo que en contexto d emergencia las partidas sociales no deben recortarse. Pero nada parece indicar que esto vaya a suceder, es más, uno de los últimos movimientos del gobierno fue el cambio de fórmula a los jubilados indicando que no podían hacer frente a los pagos debido al cambio de fórmula de la gestión anterior que llevaba los costos de jubilaciones a niveles demasiado elevados (cuestión por la que se apedreó el congreso en 2018 bajo la excusa de que se ajustaba a los jubilados), lo que genera aún más incertidumbre, de nuevo, todo puede suceder durante el 2021.

En el estrato político, el gobierno se hace fuerte bajo la agenda de género y gozando del veranito económico que se logró mediante las fuertes intervenciones que se dieron en el plano financiero, aunque esto no es suficiente para generar estabilidad para los próximos tres años por lo que ya comienzan a correr los rumores de que las elecciones, las cuales son claves ya que pueden fortalecer o derrumbar todo tipo de poder del gobierno, pueden ser postergadas bajo la excusa de la pandemia. Para finalizar, todo depende del plano social, un estallido de la gente llevaría la explosión al plano económico y por ende, al político. Es importante indicar que los gobiernos peronistas gozan de un mayor poder sobre los sectores populares lo que les permite ganar tranquilidad y aceptación de la gente a la hora de desarrollar planes de gobierno, pero en los últimos años se comenzó a ver un país muy dividido y las presiones crecen día a día por parte de quienes se ven exprimidos por el gobierno y quieren hacer oír su voz.

Frente a un estallido social, no quedaría otra cosa por hacer que poner las cuentas fiscales en orden, reducir la presión fiscal (método que ya demostró ser efectivo, hasta incluso en Argentina, cuando el intendente Iguacel de Capitán Sarmiento, decidió recortar 100 tasas municipales y su recaudación aumentó durante el 2020) y comenzar a realizar reformas pro-mercado que permitan explotar todo el potencial argentino. De lo contrario, el escenario puede tomar dos caminos, el primero es comenzar con las reformas necesarias para crecer (no lo hacemos desde el 2011), para lo cual es necesario que el gobierno goce de una mayor credibilidad y que la política se lo permita. El segundo camino, es seguir ignorando los problemas del país y estirando la agonía mientras lentamente nos acercamos a nuestros vecinos venezolanos.

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