Para el momento: buenos consejos de un psicólogo de fuste

Presidente del Consejo Académico en

INFOBAE – Se trata de Nathaniel Branden (1930-2014), doctorado en psicología, asesor de centros médicos estadounidenses de primera línea, consultor muy requerido, conferencista en múltiples tribunas universitarias y autor de numerosos ensayos en revistas académicas y libros de gran difusión.

El tema central de este autor remite a la más cuidada y escrupulosa consideración por las autonomías individuales y la consiguiente dignidad del ser humano, tan denostadas en nuestra época que bajo los más diversos pretextos inauditos degradan e invalidan la naturaleza del hombre.

Dado el espacio disponible, resumiré las reflexiones de este autor en cuatro capítulos referidos a sendos territorios sobre los que Branden pone de manifiesto sus consejos y elaboraciones del caso.

Un primer consejo estriba en no separar las emociones de la razón. Este tema lo aborda detenidamente en The Psychology of Self Esteem y lo vuelve a reproducir como apéndice en The Disowned Self. Es común el error de sostener que el ser humano no es sólo razón sino también emoción como si se tratara de dos fenómenos independientes de una naturaleza dual. Pues bien, Branden explica que las emociones son la consecuencia de haber archivado deliberadamente o no en el subconsciente valores y desvalores que orientan las sensaciones de aprecio o rechazo. No podríamos sobrevivir si todo estuviera en el foco de nuestra atención, los archivos subconscientes nos permiten actuar sin esa necesidad al efecto de abrir espacios nuevos para el consciente. Imaginemos la imposibilidad de hablar si cada vez tuviéramos que aprender el idioma o si al jugar al tenis tuviéramos que meditar sobre el resultado de cada tiro. Cuando tenemos la sensación de proximidad o de incomodidad con alguien sea de modo implícito o de manera explícita es debido a nuestra carga anterior de valores y desvalores. La razón entonces juega siempre un rol clave e indelegable.

Un segundo consejo de gran envergadura aparece en “Free Will, Moral Responsability and the Law” publicado en The Libertarian Alternative editado por Tibor Machan, donde refuta magistralmente el determinismo que estima es la meta “más importante en cualquier estudio del hombre” puesto que si el determinismo fuera correcto “ningún conocimiento sería posible para el hombre. Ninguna teoría podría reclamar mayor veracidad que cualquier otra, incluyendo la teoría del determinismo psicológico” y “si el hombre no tuviera libertad de elección, ningún poder sobre sus acciones, entonces la ética y el derecho serían las dos primeras ciencias que debieran abandonarse” ya que “una mente que no es libre de validar sus conclusiones no tiene forma de diferenciar lo lógico de lo ilógico […] una máquina no razona.”

Como una nota al pie consigno que en este contexto del materialismo filosófico irrumpe una inconsistencia en algunos de los escritos de Branden al aludir a la “enfermedad mental” puesto que como, entre muchos otros, señala el médico-psiquiatra Thomas Szasz en El mito de la enfermedad mental, desde el punto de vista de la patología una enfermedad es una lesión de tejidos, células o cuerpos pero las ideas no están enfermas, se trata más bien de desajustes en los neurotransmisores, la sinapsis o temas químicos en general en el cerebro (en este sentido vuelvo a recordar la obra en coautoría del filósofo de la ciencia Karl Popper y el premio Nobel en neurofisiología John Eccles que lleva el sugestivo título de El yo y su cerebro).

Un tercer consejo queda estampado en el libro de Branden titulado Taking Responsibility donde señala las contradicciones de Freud, Marx y Skinner (este último referido a su libro que lleva un título en el que abiertamente confiesa su cometido: Beyond Freedom and Dignity). Nathalien Branden escribe en este libro que el “individualismo enseña que la persona tiene el derecho de existir para sí misma. Ve la ayuda a otros como un acto de benevolencia, no como un deber sino como una elección, no como una hipoteca con la que se nació. El colectivismo rechaza la noción de los derechos individuales. No trata al individuo sino a lo colectivo, al grupo, a la tribu como unidades morales a la que el individuo debe subordinarse […]. El individualismo sostiene que la principal responsabilidad que uno debe a otros es el respeto a sus derechos y libertades”. En esta línea argumental es pertinente aclarar que según el diccionario “altruismo” significa hacer el bien a costa del propio bien lo cual es una contradicción superlativa puesto que todos los seres humanos actúan según lo que más les interesa -en verdad una perogrullada o tautología-, de lo contrario no actúa, lo hace porque le interesa proceder en esa dirección, le hace bien ya sea un acto ruin o bondadoso, por lo tanto es imposible actuar en libertad “a costa del propio bien”.

Por último, un cuarto consejo se deduce de su libro Honoring the Self sobre el cual en su momento tuve el gusto de intercambiar correos electrónicos con Branden en los que mostró su generosidad para reiterar algunos conceptos esclarecedores. En ese trabajo el autor despliega toda su potencialidad intelectual para apuntar al valor del interés personal en “la realización espiritual” (“spiritual fulfillment”) y que por tanto la felicidad es el objetivo de todos los seres humanos por lo que “en cada instancia de nuestra vida debemos confrontarnos con la pregunta decisiva ¿debo honrarme o traicionarme?” y “honrar a uno mismo es pensar con independencia, vivir según nos dicte nuestra mente y tener el coraje de nuestras percepciones […] honrarse es vivir con autenticidad y hablar y actuar según nuestras convicciones”. Sigue diciendo que “las personas que más se admiran son aquellas que perseveran en la fe de su visión sin necesidad de la comprensión de otros, sin su aprobación y aplauso, de hecho, la mayor parte de las veces con la oposición y hostilidad de otros”. Todo lo cual no significa caer en “la arrogancia que es la sobredimensión de las propias habilidades” y la incapacidad de escuchar otros argumentos que permiten ensanchar los propios conocimientos y corregir los errados ya que el conocimiento es en última instancia un peregrinar en busca de algo de tierra fértil en donde sostenernos en el mar de ignorancia en que nos desenvolvemos en la mayor parte de los asuntos y lo poco que conocemos lo debemos pulir permanentemente.

El doctor Branden comenzó a interesarse en la filosofía de la libertad a través de Ayn Rand pero finalmente se apartó por razones que no es del caso detenerse en esta nota periodística -una separación que decidió Branden y que produjo una ira tal en Rand que nunca pudo absorber ni comprender, lo cual la condujo a pasar de considerarlo un genio a todo tipo de infundios y de injustificadas descalificaciones. En todo caso consignamos que Rand si bien ha realizado contribuciones muy importantes, tenía un rasgo marcadamente dogmático y aceptaba juicios con ribetes inquisitoriales que la colocaron en una posición anti-Popper en su eje central: negar que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierto a refutaciones lo cual, demás está decir, nada tiene que ver con la incoherencia del relativismo epistemológico. En el último de los libros mencionados de Branden subraya que “difiero con ella [Ayn Rand] en una serie de puntos filosóficos” que describe en detalle en “Benefits and Hazards of the Philosophy of Ayn Rand: A Personal Statement” en el Journal of the Association for Humanistic Psychology, todo lo cual no significa para nada desconocer los beneficios que aportan las contribuciones de Rand que bien destaca el autor de marras en ese mismo trabajo y en otros.

En este ensayo y en otras presentaciones Branden -que a juicio de Rand antes de la antedicha separación estimaba que él era “la persona que mejor comprende mi filosofía”- se refiere a Rand en lo que en su opinión tiene rasgos de una “moral destructiva”, que “confunde la razón con lo razonable”, que “no entendió el significado del misticismo a que tanto se refiere”, que “no comprendió la teoría de la evolución”, que “descuidó aspectos psicológicos” que “sus obras contienen elementos contradictorios” y que “no propicia una mente crítica” puesto que, como queda dicho, “propició el dogmatismo”, todo lo cual, como también queda expresado, no significa desconocer sus aportes de inmenso valor si se saben calibrar adecuadamente en manos de quienes detestan el fanatismo de toda especie y son conscientes de la trascendencia de la diversidad y productividad de enfoques en base al respeto recíproco. Para apreciar contribuciones es indispensable dejar por completo de lado lealtades incondicionales, cultos a la personalidad, religiones laicas y sofocantes alabanzas por parte de quienes caen en las trampas y aberraciones de lo mismo que airadamente dicen combatir. La vida intelectual es más pacífica, tranquila e interesante y sabe decantar aciertos y errores propios y ajenos, disfruta de intercambios enriquecedores sin la actitud irracional y tóxica de quienes condenan con dedos levantados y gestos de guerra al más mínimo desplazamiento de sus pequeñas, terminadas, mezquinas y alambradas concepciones y sabe mirar en distintas direcciones sin temor al contagio.

En esta última línea argumental, se han escrito ríos de tinta sobre las antes referidas características que no deben permitir que se pierda de vista el mensaje de libertad en la crucial faena randiana, entre los que cabe destacar el libro por David Kelly The Contested Legacy of Ayn Rand y el ensayo de Murray Rothbard “The Sociology of the Ayn Rand Cult”, y a pesar de las muy saludables influencias de las novelas de Rand para introducir a la trascendencia del individualismo, hay escritores como Mario Vargas Llosa que estima que son “mamotretos narrativos” y “novelas ilegibles” (en “El regreso del idiota”).

En cualquier caso, los textos de Branden son un canto a la libertad y al consiguiente respeto recíproco en el contexto de la invalorable institución de la propiedad, los mercados abiertos y gobiernos con poderes estrictamente limitados a la protección de los derechos que son anteriores y superiores a la existencia del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno, a contramano de lo que en gran medida viene ocurriendo donde los gobernantes se constituyen en megalómanos que aplastan derechos. Fue un meticuloso estudiante de Eugen Böhm-Bawerk, Ludwig von Mises y de los filósofos más relevantes con amplitud de miras de gran fertilidad y provecho -su primer contacto con un filósofo profesional fue vía la lectura de trabajos de Bertrand Russell.

La razón es el instrumento esencial del ser humano, lo cual no quiere decir que la infalibilidad sea la característica de los mortales, por eso resulta tan vital la libertad de expresión a los efectos de maximizar los intercambios y debates de ideas para mejorar, ya que los humanos nunca llegamos a una meta final y estamos siempre en proceso y en ebullición en un contexto evolutivo para incorporar verdades que son la correspondencia entre el juicio y el objeto juzgado. Por eso una vez más digo que el lema de la Royal Society de Londres me atrae tanto: nullius in verba, es decir, no hay palabras finales. Y también en estas lides tener muy presente el proverbio latino: ubi dubium ibi libertas (donde hay duda hay libertad: si todo estuviera rodeado de certezas anticipadas la elección resultaría superflua, este es el sentido del dictum de Emmanuel Carrère en cuanto que “lo contrario a la verdad no es la mentira sino la certeza” pues así considerada bloquea ulteriores indagaciones para incorporar verdades). No es para renunciar a lo conocido al momento, es para sostener mentes despejadas de telarañas y mantener el suspenso al efecto de detectar nuevos paradigmas. En esta misma línea argumental es que Popper muestra que en la ciencia no hay tal cosa como verificaciones sino solo corroboraciones provisorias.

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