Asamblea Legislativa: un discurso de barricada que pone más oscuridad sobre el futuro económico

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina. Es consultor económico y autor de los libros “Economía para todos” (Temas, 2002) y “El síndrome argentino” (Ediciones B, 2006). Se desempeña como columnista en el diario La Nación. Con anterioridad, ejerció la misma tarea para los diarios La Prensa (1985-1992), El Cronista Comercial (1992-2001) y La Nueva Provincia de Bahía Blanca (1992-1998). Es conductor del programa de TV por cable “El Informe Económico”. Profesor titular de Economía Aplicada del Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica del Master de Economía y Administración de CEYCE. Presidente del Centro de Estudios Económicos e Institucionales. Fue Asesor económico de la Cámara Argentina de Comercio (1983-2002) y de la Cámara Argentina de Importadores (1992-1993).

El mensaje del Presidente en el Congreso apuntó a ampliar más la grieta, atacando a la oposición y quedando bien con el Instituto Patria

Claramente el discurso de ayer del presidente apuntó a ampliar más la grieta, atacando a la oposición y quedando bien con el Instituto Patria.

Desde el punto de vista económico, el discurso se concentró en formular una serie de cosas a hacer, pero sin decir cómo las va a hacer ni cómo las va a financiar. O sea, un listado de deseos más que un listado de propuestas de medidas a tomar. Por ejemplo, cuando habló del aumento de la pobreza durante el 2020 se ocupó de resaltar que la pobreza había aumentado más con Macri que con él. En todo caso estaba tratando de mostrar el resultado menos malo, no el mejor, porque la realidad es que no tiene demasiados resultados positivos para mostrar.

Otras veces dio datos que llamaron la atención. Por ejemplo cuando hizo mención a todas las obras públicas que están en marcha. Cuando uno mira los gastos de capital del 2020 respecto a 2019 se observa un aumento de solo el 18,3%, casi 20 puntos por debajo de la tasa de inflación. Dicho en otras palabras, la inversión en vivienda, energía, educación, transporte, agua potable y alcantarillado cayó en términos reales durante su gestipon. Fue variable de ajuste.

Como contrapartida a esta afirmación de inversión en obra pública que no se visualiza en los datos, afirmó que el gobierno de Juntos por el Cambio no había hecho nada en ese terreno. Justamente, si algo hay para criticarle a ese período es que se pusieron a hacer obra pública cuando había que bajar el déficit fiscal. En cambio tomaron deuda para financiar obra pública y eso complicó más la reducción del déficit y desembocó en la crisis de abril de 2018. Nadie se pone a cambiar el techo de su casa, si tiene goteras, tomando deuda hipotecaria con el banco para financiar la obra si está desocupado o la plata no le alcanza para llegar a fin de mes. Espera para cambiar todo el techo hasta que tiene ingresos suficientes para encarar una obra de esas características porque si no puede pagar la obra, se queda sin el techo y sin la casa porque el banco le remata la casa.

Puesto en otros términos, Juntos por el Cambio podría haber bajado más rápidamente el déficit fiscal sin iniciar obras públicas con fondos estatales, en todo caso podría haber convocado al sector privado para que las hiciera y cobrara peaje o tarifas para recuperar la inversión, y de esa forma evitar quedarse colgado del pincel porque se acababa el financiamiento externo del déficit fiscal.

Si algo hay que criticarle a Juntos por el Cambio no es que dejó de hacer obras públicas, sino que justamente las hizo cuando no tenía capacidad financiera para hacerla.

El tema de repudiar la deuda externa ya es un clásico del peronismo y de los progres. Repudiar la deuda externa es una apelación a un falso nacionalismo. Ya lo hizo Rodríguez Saá en 2000 cuando, con el aplauso de la mayoría del Congreso Nacional, anunció el default. El error de Juntos por el Cambio fue, justamente, apelar al gradualismo en la reducción del déficit fiscal. Para financiar ese gradualismo recurrió a la deuda externa, además de endeudarse para hacer obra pública, porque el mercado interno no tiene crédito disponible para financiar al tesoro. La emisión estaba en un tope al igual que la carga tributaria.

Lo que había que hacer era reducir el gasto público a un ritmo mayor, pero para eso había que bajar el gasto público, algo a lo que se opone el gobierno del presidente Fernández por considerarlo ajuste salvaje. Cuando se critica el endeudamiento y la baja del gasto público al mismo tiempo, todo indica que el que formula esa crítica no entiende nada de economía. ¿O acaso el presidente cree en serio que hay y que había margen para aumentar la carga tributaria para eliminar el déficit fiscal?

Cuando el presidente dice que va a iniciar una acción penal por la deuda tomada por el gobierno anterior, cabe preguntarse: ¿por qué es delito tomar deuda externa y no es delito emitir como emitió este gobierno destruyendo la moneda? Recordemos que el actual gobierno hizo que el BCRA emitiera $ 2 billones para financiar al tesoro pasando a ser la emisión monetaria la principal fuente de financiamiento del tesoro superando al IVA DGI que recaudó $ 1,3 billones en 2020. Al mismo tiempo que emitía a marcha forzada, el BCRA incrementó su deuda en LELIQs y Pases en 2,3 veces. Para tener una idea del endeudamiento del BCRA, en noviembre de 2019 el BCRA tenía un stock de deuda en LELIQs y PASES equivalente a US$ 17.164 millones, y en diciembre pasado estaba en el equivalente a US$ 32.418 millones, es decir, el BCRA se endeudó en el equivalente a US$ 15.200 millones para financiar al tesoro además de los US$ 2 billones que emitió el BCRA.

En lo que hace al tema de las tarifas de los servicios públicos, la propuesta de desacoplar los precios internos de los internacionales ya se hizo en el pasado y llevó al desabastecimiento de gas. Como se recordará la importación de barcos con gas licuado era uno de los focos de atención por el costo que tenían.

En definitiva, el atraso tarifario para lograr tarifas artificialmente bajas tuvieron un costo de US$ 161.000 millones entre 2006 y 2015, siendo energía el rubro que más subsidios requirió, llegando a representar el total de subsidios para tener tarifas artificialmente baratas el 5% del PBI.

Sobre el tema inflación, volvió a insistir con el tema del acuerdo Económico Social como si el problema inflacionario fuera un tema de puja distributiva. Pareciera ser que solo en Argentina y en Venezuela hay puja distributiva que explique la tasa de inflación, porque son los únicos dos países de Sudamérica con ese problema, por no citar al resto del mundo.

En síntesis, el discurso del presidente ante el Congreso de la Nación deja una gran preocupación porque no dio ninguna pista sobre cuál será la política económica a seguir y medidas concretas en materia de reforma impositiva, monetaria, del sector público, laboral, desregulación de la economía e integración al mundo. En este último punto, lo poco que dijo es que quiere seguir con el modelo de sustitución de importaciones. O sea, vivir con lo nuestro.

Podría afirmarse que el discurso fue un discurso de barricada de campaña política, atacando a la oposición y formulando propuestas de objetivos sin decir cómo se lograrán. El presidente parece haber buscado ampliar la grieta en la sociedad argentina, buscar culpables en la oposición y en la pandemia y no ofrecer ninguna salida económica consistente hacia el futuro.

Posiblemente su único objetivo fue hablar para la propia tropa e ignorar al resto de los argentinos.

ESTA NOTA FUE PUBLICADA ORIGINALMENTE EN http://www.infobae.com

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