Liberalismo, nueva derecha y batalla cultural

Director en Iván Carrino y Asoc. | Website

Subdirector de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE.

CATO – Iván C. Carrino dice la hegemonía de la izquierda en los medios ha dado paso a un mayor espacio para discursos liberales y también a discursos conservadores y de derecha pura y dura. Lo primero debería alegrar a los liberales, lo segundo debería preocuparles.

De un tiempo a esta parte hemos visto la “caída en desgracia” del Socialismo del siglo XXI, la más reciente expresión del populismo de izquierda, y el crecimiento con fuerza todo tipo de expresiones anti-izquierdistas. Como hemos comentado aquí (y explica bien Juan Ramón Rallo aquí), estar en contra de la izquierda no significa estar a favor del liberalismo, pero no deja de ser interesante que en el espacio progresista también estén preocupados por su debilidad en la llamada “batalla cultural”.

En su edición de marzo de este año, Le Monde Diplomatique –la publicación progresista por excelencia–, dedica casi todo su número a analizar “El poder de la derecha cultural”. Curiosamente, cuando la derecha gritaba que habíamos triunfado en la batalla de la economía pero perdíamos la batalla de la cultura, ahora es la izquierda la que denuncia que –aparentemente– también en lo cultural hoy sus posiciones pierden encanto.

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Dentro de este número hay un artículo del sociólogo Gabriel Vommaro, titulado “¿Hasta dónde puede llegar la derecha radical?”. Algunos párrafos son realmente precisos a la hora de definir el fenómeno de auge de la nueva derecha:

Las derechas radicales dejaron de ser minorías insignificantes y resabios de otros tiempos para convertirse en vitales movilizadoras de seguidores en las calles y en las redes sociales, a partir de su manejo competente y eficaz de la simplicidad y el desacartonamiento, la ironía -que viste su retórica reaccionaria- y el lenguaje meme.

En la pluma de los pensadores de la izquierda, podríamos decir, muchas cosas pueden entrar dentro de la bolsa de “derecha radical” sin necesariamente serlo. Por ejemplo, si yo irónicamente comento que al Ministro Kulfas hay que hacerle un monumento porque controlando precios y cantidades va a resolver el problema de la escasez, tal vez yo estaría dentro de la ironía que maneja la derecha radical para oponerse a “los consensos progresistas”.

Al margen de esto, nadie puede negar que economistas liberales (ejemplo, Javier Milei) o politólogos de derecha (como Agustín Laje), movilizan a las redes sociales con buen manejo de la simplicidad, el desacartonamiento y el lenguaje meme. Esta pericia, agrega el autor, “contrasta con cierta solemnidad y dureza esgrimidas muchas veces por el progresismo en general…”. Esto explicaría, a su vez, por qué la rebeldía se está volviendo de derecha, como cuenta Pablo Stefanoni en su último libro.

Derecha cobarde versus derecha iconoclasta 

También hay en el auge de la nueva derecha una canalización del enojo de la gente con el rumbo de sus sociedades. Para Vommaro ese enojo que antes dio impulso al Foro de Sao Paulo o el movimiento 15-M, hoy derivó en las presidencias de Trump o Bolsonaro, gobiernos que combinan medidas liberales en lo económico (no en todos los puntos, claro), con un discurso xenófobo y de defensa de “los valores tradicionales”. Es decir, una mezcla de cosas liberales con componentes claramente conservadores.

Otra descripción interesante que hace Vommaro es cuando sostiene que “la derecha de la derecha local, rebelde e iconoclasta, se muestra crítica de la derecha mainstream por sus titubeos, sus imprecisiones doctrinarias y su aparente vocación conciliadora”. Esto es muy claro cuando algunos hablan de “derecha cobarde” para criticar a partidos tradicionalmente considerados de derecha como el Pro en Argentina, el Partido Popular o Ciudadanos en España, o el Partido Republicano en Estados Unidos. En Argentina a Juntos por el Cambio se lo criticó duramente desde la doctrina liberal por no hacer un ajuste más fuerte. Y desde la derecha por ceder ante la “ideología de género” y proponer una política “genocida” como la despenalización del aborto.

Ahora lo mismo me pasa a mí cuando sostengo que la Nueva Derecha es homofóbica por los argumentos que utiliza contra la adopción y el matrimonio gay y salta un ejército de trolls en redes sociales a catalogarme como marxista culturalliberprogre o, simplemente, un comunista. La estupidez, como se observa, está en todos lados del espectro ideológico.

Consenso conservador

Hacia el final de la nota, Vommaro analiza las posibilidades electorales que estos movimientos “extremistas” pueden tener en el país, para lo cual revisa algunos estudios de opinión pública sobre temas como el financiamiento público del culto católico, la despenalización del aborto, la adopción homoparental, la política de control migratorio y los pedidos de “mano dura” para terminar con la delincuencia.

De esto concluye el autor que los reclamos de mayor seguridad, mayor control de las fronteras y la idea de que los planes sociales financian “vagos” pueden ser pilares de un “consenso conservador” que amplíe los apoyos de las derechas radicales y ayude a afirmar la posición de las derechas mainstream.

Ahora bien, ¿cuán extendido está realmente el fenómeno? ¿Hay un verdadero cambio cultural que derivará en un cambio político significativo en Argentina? El autor responde con una reflexión más que interesante:

Hasta ahora, las derechas radicales en Argentina tienen dificultad para hacer pie en la arena electoral. En cambio, tienen menos problemas para hacerse oír en el espacio público digital y en algunas tribunas de medios tradicionales permeables a la espectacularidad de las voces reaccionarias.

Para finalizar, no me gusta –por motivos similares a los que Ricardo Rojas expone aquí– la expresión “batalla cultural”, pero parece un hecho que tras varios años de hegemonía discursiva de la izquierda, hoy hay mucho más espacio para discursos liberales y también para discursos conservadores y de derecha pura y dura.

A la izquierda le preocupan ambas cosas, a los liberales debería preocuparnos más lo último, pero entiendo que podemos alegrarnos por lo primero.

Este artículo fue publicado originalmente en el blog de Iván Carrino (Argentina) el 7 de marzo de 2021.

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