No hay que estabilizar la economía, hay que liberarla

Analista económico en

Licenciada en Economía (UBA). Analista económico de Libertad y Progreso.

DATA CLAVE – En éstas semanas salieron los últimos datos socioeconómicos del año pasado. Un 2020 caracterizado por una mezcla de psicosis colectiva y malas decisiones en materia económica. No obstante, al parecer, el argentino es el único ser humano capaz de volver a tropezar con la misma piedra más dos veces. Es casi un delirio místico que luego de observar las consecuencias de haber llevado adelante una de las cuarentenas más largas del mundo, hoy se esté debatiendo, nuevamente, restringir ciertas actividades económicas.

Repasemos algunos datos económicos. Según el INDEC, 4 de cada 10 argentinos se encuentra en situación de pobreza; más de 1 de cada 10 argentinos en situación de indigencia; 6 de cada 10 niños en situación de pobreza; 7 de cada 10 de los hogares con jefe no registrado recibió prestaciones implementadas a partir de la pandemia; el 5 de cada 10 recurrió al uso de sus ahorros o venta de bienes para afrontar la crisis; 4 de cada 10 argentinos se endeudó para enfrentar la crisis; más de 41.000 pymes que cerraron; 2 de cada 10 locales cerraron en todo el país; más del 14% de desempleo; una inflación que nos dejó entre los diez países con la inflación más alta del mundo; una deuda total del 90% del PBI; y, un PBI per cápita a niveles del 2006.

Evidentemente, la disyuntiva que planteó el oficialismo entre salud o economía no era el camino indicado. Es más, según las últimas declaraciones del propio Ministro de Economía, Martín Guzmán, nuestro país no tiene margen para volver a una cuarentena tan restrictiva como la del año pasado. No es cierto, tampoco el año pasado la tenía y los resultados son más que visibles. Desafortunadamente, prima la completa irracionalidad a la hora de tomar decisiones que terminan afectando a todos los argentinos.

Ante el actual contexto, son muchos los que recomiendan llevar adelante un plan de estabilización que reoriente el rumbo económico del país. Sin embargo, no es correcto que hablemos de “estabilización” ya que lo que requiere la Argentina es, más precisamente, reducir la intervención estatal. El principal objetivo debería ser sanear la economía, libre de cualquier intromisión estatal. Para ello, es necesario llevar adelante una serie de reformas estructurales como la reducción del aparato estatal, la baja impositiva, reforma del sistema previsional, reforma del sistema de coparticipación federal y apertura comercial. Dichas reformas permitirían que nuestro país pueda alcanzar un nivel de bienestar similar a los de los países desarrollados en pocos años.

No es necesario “estabilizar” la economía, sino liberarla. Como decía Juan Bautista Alberdi, “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra.”. Desde 1990 hasta el 2000 nuestro país tenía un crecimiento promedio anual superior al 4%, a partir del 2000 dicho crecimiento se reduce al 2,9% promedio anual, desde el 2010 hasta el 2017 el crecimiento promedio se reduce al 2,3% y desde el 2018 hasta el 2020 promediamos una caída anual del 5%. A partir del 2011, nuestro país, luego del boom del precio de las commodities, el sector privada deja de generar puestos de trabajo y la economía comienza a estancarse.

Dicho retroceso fue acompañado por un avance del aparato estatal. Entre el 2003 y el 2015, el número de empleados públicos subió en 2,0 millones y se mantuvo hasta nuestros días. Si comparamos 2003 vs 2018 vemos que la cantidad de empleados públicos se incrementó en un 55% a nivel Nacional, 117% a nivel municipal y 77% a nivel provincial. Éste incremento del gasto público fue financiado con más emisión, deuda e impuestos que terminaron afectando el entramado productivo y condenando el progreso económico del país.

La estabilidad a que se aspiran en los programas económicos de estabilización no es más que un concepto vano y contradictorio. El individuo en sí es un ser inestable, cuyas valoraciones van cambiando continuamente. La cuestión es entonces ¿Cómo pretender determinar un punto de estabilidad bajo este movimiento constante? Es totalmente absurdo. Lo fundamental entonces es dejar en manos del orden espontáneo y en las decisiones individuales el futuro de la economía. Cada vez que este Estado, formado por personas de carne y hueso como uno, interviene los mercados, genera distorsiones que provocan daños profundos en el bienestar de los argentinos. Si deseamos volver a crecer sólo necesitamos más libertad.

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