El primero de los pasos hacia la transformación

Analista económico en

Licenciada en Economía (UBA). Analista económico de Libertad y Progreso.

ÁMBITO FIANANCIERO – ¿Hasta cuándo? Esa es la pregunta que nos hacemos los argentinos hace años. Hasta cuándo vamos a seguir observando como un país rico en recursos naturales y capital humano se sigue dinamitando constantemente.

Nuestro país desde 1990 hasta los 2000 presentaba un crecimiento anual del 3,7%, luego, desde los 2000 al 2010 el crecimiento bajó al 3,2% anual en promedio y, finalmente, desde el 2011 nos estancamos. De los últimos 60 años, 24 sufrimos contracciones económicas, récord en la región.

Escalofriante que un país que a principios del siglo XX se posicionaba como uno de los países más ricos del mundo, con salarios de industriales que se equiparaban a los de países como Estados Unidos y Gran Bretaña, hoy se encuentre entre los países más pobres del mundo.

¿Qué hemos hecho para que hoy la Argentina se encuentre en una situación tan decadente? Simple, hemos votado a una sucesión de políticos que no han hecho más que pensar formas de mantenerse en el poder, con sus privilegios y sueldos exorbitantes, mientras nosotros nos empobrecíamos paulatinamente.

Hoy el sueldo promedio de la Argentina asciende a $40.000, cuando un político cobra, fácil, por arriba de los $240.000. Mientras un argentino trabaja de sol a noche para llevarle un plato de comida a sus hijos, se desvela porque no le cierran las cuentas o tiene que recurrir a “changas” los fines de semana porque el sueldo no le alcanza; cualquier congresista ya hace más de un año y medio se encuentra tirado en la reposera de su casa, yendo a sacarse fotos para la campaña y organizando festivales nocturnos con señoritas pagadas con nuestra plata.

¿Cómo puede ser que hoy un laburante cobre 6 veces menos que un político que no hace nada en todo el día? ¿Qué clase de país podemos aspirar a ser si hace décadas mantenemos una casta parasitaria que no hacen nada y cuando hace es sólo en pos de sus intereses?

Nos enfrentamos ante una de las peores crisis económicas de nuestra historia: con una inflación que va a estar en el 50% a fin de año, un dólar a $200 en poco tiempo, un deterioro del nivel de vida de los trabajadores en más de 40 puntos porcentuales desde hace diez años, 6 de cada 10 chicos en situación de pobreza, una tasa de desempleo similar a la del 2004, un salario promedio que no llega a cubrir una canasta básica, un nivel de vida de nuestros adultos mayores igual que en el 2011 y cientos de empresas quebradas en todo el país.

No obstante, para nuestros políticos no es prioridad la crisis. No, claro que no, para ellos lo esencial es enclaustrarse en el poder, jactándose de lo mansos que son todos al seguir votándolos.

Lo más triste es que no sólo cada vez estamos peor, sino que estamos perdiendo las esperanzas de que alguna vez la realidad cambie. Churchill decía: “Si comenzamos una discusión entre el pasado y el presente, descubriremos que hemos perdido el futuro”.

Es lamentable la cantidad de jóvenes que se están yendo del país o, desesperadamente, buscan la forma de salir porque no tienen oportunidades de progreso acá.

Ignacio Petunchi

Hoy con el salario promedio y consumiendo lo básico, tardas 50 años en ahorrar para tu primera casa en el mejor de los escenarios; mientras que en cualquier otro país limítrofe se reduce a la mitad y en el resto del mundo en tan sólo un par de años. ¿Qué clase de futuro pueden aspirar los jóvenes acá? Ninguno.

Es una realidad que el país que habían apostado nuestros abuelos al arribar con dos maletas nada más y trabajando arduamente por el futuro de sus hijos, hoy ya no existe. Y no existe por culpa de una casta política que impide que podamos aspirar a un futuro mejor que éste.

Debemos recobrar conciencia de que un país tan maravilloso como éste no continúe siendo sorteado por un grupo de sujetos incompetentes que de forma azarosa se enclaustraron en el poder y no hacen más que proponer políticas pobristas cuando levantan la mano a la hora de votar.

El primer paso hacia la transformación es abandonar la inercia ciudadana y empezar a exigirle más a los que se encuentran en el poder.

Éste año, es año electoral, es de las pocas oportunidades que tenemos de hacernos oír. No desperdiciemos esa oportunidad votando los mismos políticos de siempre y tomémonos unos minutos en leer las propuestas de cada partido. Es hora de que los argentinos dejen de ser funcionales a su propia decadencia y escojan en base al futuro que quieren tener. Ejerzamos nuestro derecho y obligación como ciudadanos activos ya que de nosotros depende el rumbo que tome nuestro país.

Soluciones para salir de la crisis social y económica argentina
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