Etiquetados en el contexto de la `salud pública’

Presidente del Consejo Académico en

Doctor en Economia y Doctor en Ciencias de Dirección, miembro de las Academias Nacionales de Ciencias Económicas y de Ciencias.

LA PRENSA – Hemos escrito antes describiendo los interminables pedidos de turnos, la falta de insumos y equipos, la lamentable situación de infraestructura y el permanente reclamo de fondos siempre insuficientes en los hospitales estatales. También hemos consignado que todo esto para nada se debe a los denodados y meritorios esfuerzos de médicos y auxiliares para atender enfermos. Se trata nuevamente de un asunto de incentivos: no se actúa de la misma manera cuando se deben pagar las cuentas personalmente respecto a cuando se endosa compulsivamente a que otros lo hagan con el fruto de sus trabajos.

En esta línea argumental hemos sugerido en otras oportunidades la venta de todos los centros de salud estatales que propusimos puede hacerse en condiciones favorables a los mismos que hoy están a cargo de la respectiva entidad. Incluso si esto facilitara la transferencia sugerimos que se los entregue sin cargo, pero al momento siguiente de la operación los incentivos para la administración de la entidad serán radicalmente distintos.

También dijimos que como una medida de transición mientras se adopten políticas de fondo en otros sectores, para las personas que padecen problemas de salud pero no cuentan con los ingresos suficientes debiera establecerse el sistema de vouchers. Pero del hecho que unos se vean forzados a financiar la salud de otros no se sigue la necesidad de instalar hospitales estatales puesto que los mencionados enfermos elegirán atenderse en la institución privada de su preferencia. Esto lo subrayamos para que no se alegue que los necesitados quedan desprotegidos, se trata de financiar la demanda pero no la oferta debido a los trastornos graves antes apuntados.

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TELARAÑAS MENTALES­

­Necesitamos despojarnos de telarañas mentales típicas del espíritu conservador en el peor sentido de la expresión. Mucho se ha escrito sobre este tema en muy diversos países pero en el caso argentino recordemos que originalmente los hospitales de mayor envergadura eran privados. 

En este sentido es de gran interés consultar la obra de Emilio Coni titulada Higiene Social, Asistencia Social y Previsión a lo cual deben agregarse las sociedades de socorros mutuos, los montepíos, las cofradías, las asociaciones de inmigrantes y las mutuales de medicina, todas manifestaciones privadas, lo cual también ocurrió en otros países tal como lo exponemos en nuestro libro en coautoría con Martín Krause titulado En defensa de los más necesitados.­

Veamos entonces resumidamente el caso de los etiquetados forzados por los aparatos estatales, pero antes solo mencionamos la absurda y contraproducente imposición gubernamental en cuanto a obligar a los médicos a escribir recetas con la mención genérica del medicamento “para no hacer propaganda a determinado laboratorio”. 

Esta disposición se basa en la ignorancia supina de la asimetría de la información del enfermo que tiene dos opciones: o le consulta al médico del caso de viva voz y fuera de la receta de marras que marca adquirir ya que el paciente no la puede inventar o todo se traslada al farmacéutico quien aconsejará lo específico según lo que disponga en el stock del momento.

Respecto a la supuesta protección de la salud pública, las respectivas disposiciones de las agencias del caso no parecen percatarse que si se monopoliza el cuidado de la salud en manos estatales, cuando se produce una intoxicación o equivalentes, en el extremo -si las manifestaciones de protesta son muchas y airadas- se cambiará un funcionario por otro y todo el esquema quedará intacto. 

Sin embargo, en relación al etiquetado forzoso si se abandona el monopolio de la respectiva imposición también se permitirá el surgimiento de agencias  privadas para supervisar lo anunciado y así se colocara, digamos por caso, la cinta azul de la calidad o la marca que fuera y si tuviera lugar un problema de salud esa entidad desaparecerá del mercado, es decir le va la vida en el asunto, sin perjuicio de los correspondientes castigos estipulados en el código penal. De más está decir que también deben ser reprendidos los casos de fraude cuando se anuncia una cosa y el contenido es otro. La gran ventaja de abrir el mercado en esta área tan delicada es que las empresas que garantizan calidad a su vez compiten entre si en un sistema de auditorías cruzadas a los efectos de mejorar resultados.­

Es de interés destacar el éxito comercial que siguió en muy diversas latitudes cuando se ha ensayado la libertad y los productores de alimentos o medicinas interpretan las ventajas en sus ventas cuando se adelantan a sus competidores en la conjetura que el consumidor le atraerá la idea de anunciar en el producto tales y cuales aspectos respecto a los ingredientes y las consecuencias buenas y riesgosas de ingerirlos, además de las referidas agencias de calidad.­

En algunos lugares se ha instalado la manía de subestimar a la gente y considerar que Papá Estado manejará sus vidas y haciendas mejor que lo hacen sus titulares, sin sopesar los antedichos problemas graves respecto de la politización de áreas privadas y el correspondiente deterioro de incentivos en dirección a lo que en ciencia política se conoce como “la tragedia de los comunes”, mientras abandona su misión específica de justicia y seguridad.­

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