Rápida unificación cambiaria: una medida imprescindible para el próximo gobierno

Aldo Abram
Director Ejecutivo en Libertad y Progreso

 INFOBAE Uno de los temas que más se discuten hoy es cómo salir del cepo; pero lo primero a tener claro es que es insostenible. En la historia argentina, todos los que se intentaron mantener en el tiempo terminaron en crisis monetarias y cambiarias, con la quiebra del Banco Central (BCRA). Tres de ellos acabaron en las tres hiperinflaciones que tuvimos.

No haber salido antes del cepo llevó al BCRA a una pérdida continua de reservas, que sólo aumentan cuando alguien le presta más divisas; pero, al poco tiempo, se esfuman. De hecho, el año pasado los organismos internacionales dieron financiamiento por más de USD. 6.000 millones, sobre los vencimientos que teníamos con ellos, y hoy tenemos un BCRA sin reservas propias. Ahora, para evitar un estallido económico, dependemos de que el FMI nos adelante los fondos que, según el acuerdo firmado, deberían entrar más adelante.

Teniendo en cuenta este dato, es difícil entender por qué algunos piensan que el próximo gobierno no debe ir rápido a una unificación del tipo de cambio. Al contrario, lo que queda claro es será una suerte haber llegado sin un colapso económico al 10 de diciembre y sería absurdo seguir apostando a la buena fortuna. Hacia finales de año, veremos que la liquidación de divisas y las ventas al exterior se empiezan a postergar a la espera de que se vaya a un mercado único de cambios. Cuanto antes se haga, más pronto se producirá ese ingreso de recursos del exterior que es vital para que no ir a una crisis. Por lo tanto, es incuestionable la necesidad de ir a una unificación cambiaria pronto; aunque es posible discutir la velocidad en la que se desarmarán las restante restricciones o imposiciones que hacen al cepo.

No haber salido antes del cepo llevó al BCRA a una pérdida continua de reservas, que sólo aumentan cuando alguien le presta más divisas

Suponiendo un futuro gobierno que asume con credibilidad y lanza un programa razonable de reformas estructurales, por lo menos las más urgentes, no tiene sentido pensar en que se puede desmadrar el tipo cambio. Si eso fuera posible, ya debería estar sucediendo hoy, que no se dan ninguna de esas condiciones. Si este régimen no colapsó es porque desde el exterior lo siguen apoyando con financiamiento y por las expectativas positivas que generan las correcciones que hará un futuro gobierno de la oposición. Por lo tanto, si se da ese cambio de rumbo, se verá confirmada la apuesta optimista que hoy evita un estallido, así que la percepción de riesgo tiene que ser menor que la que había antes de que eso suceda. Entonces, lo esperable es que el valor del dólar unificado se ubique por debajo de los paralelos previos, que reflejaban esa mayor incertidumbre.

Otro factor a tener en cuenta es que los precios de los actuales mercados libres son los que igualan la oferta y demanda. Si se le suma el mercado de exportaciones e importaciones en el cuál la oferta es mayor que la demanda, no puede ser que el tipo de cambio sea mayor a los que eran antes los dólares libres. Aquí es donde vale la discusión sobre cómo desarmar las restantes imposiciones o restricciones del cepo. Por ejemplo, hoy muchas empresas deben financiar sus importaciones a tres o seis meses. Entonces, no va a ser posible eliminar inmediatamente esta obligación; porque, entonces, a las compras de divisas para importaciones del momento se le sumarían las de las que se hicieron tres o seis meses antes, elevando el valor del tipo de cambio. Seguramente, la opción será ir reduciendo los plazos para postergar parte de esa demanda al segundo semestre, donde habrá mayor ingreso de divisas, si es que el futuro gobierno cumple con sus promesas de reformas estructurales.

Algunos proponen mantener el cepo por un tiempo; pero empezando el mandato con una suba del tipo de cambio oficial. ¿Quién va a garantizar que no haya que hacer un nuevo “salto” al liberarlo definitivamente? Esa incertidumbre, juega en contra del ingreso de divisas, que necesitamos se recupere rápido. Tampoco es solución, un primer paso a un desdoblamiento cambiario, que tiene todos los vicios del cepo; aunque sea menos ineficiente. El próximo gobierno recibirá un desastre en materia de precios, debido a los controles, atrasos tarifarios y, el más importante y dañino, por un dólar oficial que no refleja todo lo que el BCRA depreció el peso. Para que la recuperación económica sea más rápida, ese reacomodamiento de precios no puede dilatarse.

Cuanto antes se tome la medida, más pronto se producirá ese ingreso de recursos del exterior que es vital para que no ir a una crisis

Un gobierno que recién asume lo hace con un gran capital político que luego se diluye. Por lo tanto, mejor que sea mayor el tiempo entre que lo invierte en pagar los costos sociales de las reformas y el momento de los siguientes comicios. Con mayor período de recuperación, el bienestar económico de los votantes será mucho mejor y, también, el resultado electoral oficialista. Siendo conservador, hacia mediados de 2024, se puede estimar una inflación en baja y un rebote de la economía y, en 2025, una recuperación de más del 5% y una suba de precios de la mitad del porcentaje del año anterior.

Si la próxima gestión quiere ser exitosa, desde el primer día tiene que plantear una hoja de ruta que marque cómo se desarrollarán las reformas estructurales más urgentes y que son vitales para resolver los problemas más graves de Argentina. Una de esos cambios de fondo, es la monetaria, con una pronta unificación cambiaria y que se modifiquen a la Carta Orgánica del BCRA y a las leyes que garanticen estabilizar el valor del peso en un período prudencial. Décadas de desmanejos económicos han llevado a que Argentina perdiera toda credibilidad y es imposible que pueda recuperarla si no hace un cambio rotundo de rumbo. Nadie le cree que dejará de beber a un alcohólico que te sigue pidiendo que le dejes tomarse algún trago de vez en cuando.

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