A tres años de Lehman Brothers

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso

 

En la crisis que todavía afecta al mundo, el colapso de Lehman Brothers quedó particularmente grabado en la memoria colectiva. El lunes 15 de septiembre de 2008 pareció que el mundo que conocíamos había llegado a su fin (y probablemente fue asi). Pero Lehman fue sólo una de las tantas víctimas que se cobró la crisis global. En los últimos tres años más de 380 instituciones bancarias con activos de alrededor de 660.000 millones de dólares cerraron en Estados Unidos (al momento de su bancarrota Lehman tenía activos por 639.000 millones). A diferencia de estas instituciones, que fueron liquidadas ordenadamente por las autoridades bancarias, Lehman se presentó en bancarrota sorpresivamente lo cual profundizó y extendió globalmente una crisis que se había originado en un segmento minúsculo del mercado de crédito de Estados Unidos: el de las hipotecas subprime.

Sobre la bancarrota de Lehman ha habido audiencias en el Congreso y se han escrito varios libros. Quizás a esta altura en vez de ahondar en sus causas inmediatas (una corrida) sea más interesante tomar una perspectiva macro. En definitiva Lehman fue sólo la punta de un enorme iceberg. En mi libro “La Era de la Burbuja” analicé en detalle las causas próximas y remotas de la crisis y las distintas teorías que proponían los economistas para explicarla. De lo mucho que he leído desde entonces vale la pena destacar la tesis expuesta por el economista hindú Raghuram Rajan, que ha generado un intenso debate en el mundo académico.

Según Rajan una de las causas (no la única) de esta crisis global que ya lleva tres años fue la creciente desigualdad en la distribución del ingreso en el mundo desarrollado, especialmente en Estados Unidos. Su tesis, expuesta en varios artículos y en su libro “Fault Lines”, es que la respuesta del poder político al aumento de la brecha entre los ingresos de los más ricos y de los más pobres fue promover el endeudamiento de estos últimos, para que asi pudieran mantener su nivel de consumo. El crecimiento de las hipotecas subprime fue un componente más, quizás el más importante, de la burbuja de endeudamiento que hoy agobia a los consumidores norteamericanos. Además Rajan sostiene que la desigualdad también contribuyó a la polarización política de EE.UU., lo cual dificulta enormemente la tarea de gobernar y legislar (algo que vimos durante el reciente debate sobre el límite del endeudamiento público).

Proviniendo de cualquier otro economista muchos probablemente descartarían esta tesis como el delirio de un enemigo del capitalismo. Pero Rajan no sólo es uno de los pocos miembros de la profesión que anticipó públicamente la crisis sino que según la revista The Economist es el economista que ha generado las ideas más importantes después de la crisis. Además es profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago, bastión tradicional del pensamiento económico liberal en Estados Unidos. Además Rajan parte de una realidad indiscutible: desde 1970 la distribución del ingreso en Estados Unidos es cada vez más sesgada. Los salarios de los trabajadores en el percentil 90 de la distribución salarial en los EE.UU. crecieron mucho más rápidamente que los salarios del trabajador medio (en el percentil 50). Esta desigualdad se acentuó a partir de 1980. Dicho de otra manera, los ingresos de la clase media se estancaron. Un artículo reciente del New York Times muestra que los niveles de concentración del ingreso en el año 2007, cuando se desencadenó la actual crisis, eran sólo comparables a los de 1929. Es decir que las dos crisis más serias del capitalismo fueron precedidas por altos niveles de concentración del ingreso.

Los economistas no se ponen de acuerdo sobre las causas de esta desigualdad. Mencionan la política impositiva, la expansión del comercio internacional (la irrupción de China como principal exportador de productos manufacturados), el debilitamiento de los sindicatos, el estancamiento del salario mínimo y una inmigración en aumento. En opinión de Rajan quizás el factor más importante es que el sistema educativo no ha seguido el ritmo del vertiginoso avance tecnológico de las últimas cuatro décadas. Consecuentemente una porción importante de la mano de obra no pudo adquirir los conocimientos y el entrenamiento necesarios para insertarse en la nueva economía. Es decir se trataría de un problema de falta de inversión en capital humano.

Los economistas liberales generalmente no hablan de la desigualdad en la distribución del ingreso. Pero Rajan, un abierto partidario de los mercados libres, es un iconoclasta que no tiene problema en desafiar el status quo. Asi lo demostró en 2005 en la conferencia de banqueros centrales de Jackson Hole cuando ante una audiencia incrédula advirtió sobre la posibilidad de una crisis financiera.

Cuenta Juan Jacobo Rousseau en su autobiografía que la respuesta de una “gran princesa” (que incorrectamente muchos suponen fue María Antonieta) frente a la hambruna del pueblo fue “Déjenlos comer torta”. Según Rajan la respuesta igualmente imprudente del sistema político norteamericano frente a la creciente desigualdad en la distribución del ingreso fue “Déjenlos comer crédito.” Idealmente, el gobierno debería haber invertido en educación y capacitación. Pero en el corto plazo el crédito era la manera más fácil de sostener el nivel de vida y de consumo de aquellos sectores de la población cuyo ingresos quedaron estancados. La consecuencia inevitable fue un aumento en la relación deuda/ingreso de la economía y una mayor fragilidad financiera.

Una cuestión importante es si la hipótesis de Rajan es válida para otros países que experimentaron burbujas inmobiliarias e inestabilidad financiera. De hecho, las estadísticas muestran que desde mediados de la década pasada hubo en los países desarrollados una correlación importante entre la desigualdad en la distribución del ingreso y el déficit de cuenta corriente. Pero hace falta más research para dilucidar esta cuestión.

Para Estados Unidos, la solución, según Rajan, pasa por combatir de raíz la desigualdad, para lo cual es necesario invertir en capital humano. El problema es que la crisis ha profundizado la desigualdad. De acuerdo al último censo 46 millones de norteamericanos viven debajo del límite de la pobreza (una tasa del 15,1%). Según Rajan en vez dejar que el mercado inmobiliario encuentre un nuevo nivel de precios de equilibrio, las autoridades intentan estimular el consumo con más endeudamiento y tasas bajas lo cual provocará mayor inestabilidad financiera y nuevas burbujas.

A tres años del colapso de Lehman Brothers, los gobiernos del mundo desarrollado no están enfocados en las soluciones de largo plazo que propone Rajan. La dinámica del sistema político hace que quienes detentan el poder intenten “patear la pelota al corner” y dejarle a sus sucesores el problema de implementar soluciones de fondo. De esta manera Occidente seguirá perdiendo posiciones y la balanza de poder económico se irá inclinando cada vez más a favor de China y los países del sudeste asiático.

*Publicado por Ámbito Financiero, Buenos Aires.
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