El cepo, anclado en París

kicillof-lorenzinoAMBITO.- Se ha recibido con entusiasmo el anuncio del cierre del acuerdo por la cesación de pagos que aún la Argentina mantiene con el Club de París. No es para menos, a nadie le gustaría andar por la calle con un cartel pegado que dijera: “No cumplo con mis compromisos”. No conseguiría socios para los negocios ni financiamiento. Eso mismo le sucedía a nuestro país desde hace 12 años.

Esto mejorará la percepción de riesgo de Argentina; lo cual implicará un alza de sus mercados financieros, a través del que entrarán capitales especulativos. Un tema no menor, ya que brindará algún financiamiento a la debilitada demanda interna y, por ende, traerá algún alivio a la mala evolución del nivel de actividad. Respecto de las posibilidades de llegada, en el corto plazo, de inversiones productivas, que pueden sumar montos que dinamicen la economía, la situación es más dudosa y, el motivo, es el cepo.

El actual control cambiario fue impuesto con la intención de no reconocer, en el valor del dólar oficial, la verdadera depreciación del peso que se genera con el cobro del impuesto inflacionario que el Banco Central necesita para financiar los excesos de gasto público. Para eso, quitó del mercado formal gran parte de la demanda de divisas que hacían los particulares y las empresas; lo que permitió fijar un tipo de cambio artificialmente bajo. Así, cualquier dólar que entre por el Banco Central sufre una quita de más de un tercio de su valor real. Esto atañe a los exportadores, por ello el actual grado de asfixia por falta de competitividad, y a los grandes inversores o tomadores de crédito en el exterior. No debe haber demasiados negocios tan rentables como para justificar que, de cada tres dólares que se traigan, por lo menos uno, se lo confisque el BCRA.

Por lo tanto, es esperable que, la mayor parte de los beneficios en términos de inversión productiva que trae el acuerdo con el Club de París, incluido el acceso a financiamiento subsidiado para inversiones locales de empresas europeas, tenga que esperar que se elimine el cepo. De todas formas, no es un tema menor para un próximo gobierno que tendrá un problema menos a resolver y que, cuando abra la tranquera del cepo en Argentina, verá fluir una importante cantidad de capitales.

Por el momento, uno de los principales efectos positivos que puede tener este acuerdo es ayudar a evitar o morigerar una futura crisis cambiaria, a la que ya nos asomamos a principios de año. Entonces, se resolvió con el reconocimiento parcial de la depreciación del peso en el tipo de cambio oficial. Es cierto que el valor de equilibrio (¿convergencia?) en el cepo no es el mismo que el que reconoce toda la depreciación del peso sino algo más bajo; ya que se ha dejado afuera una buena parte de la demanda. Sin embargo, un valor alrededor de los $8 tampoco lo es; ya que con este precio, para mantener las reservas, en sus inicios necesitó de fuertes restricciones a la demanda por importación y del adelantamiento de los dólares de la cosecha gruesa. Incluso en plena temporada de lluvia de divisas por la liquidación de dichas exportaciones del agro, el stock de divisas del Central aumenta lentamente y se deben mantener gran parte de las limitaciones a los importadores.  Por lo tanto, caben dudas acerca de cómo va a “cerrar” el segundo semestre, cuando no haya más entrada de dólares por la cosecha. Aquí es donde puede ser importante toda mejora de la percepción de riesgo que se pueda conseguir, como la que aporta el arreglo con el Club de París.

Un factor importante a entender es que, luego del alza del tipo de cambio oficial, el Banco Central decidió disminuir el financiamiento al sector público con emisión, para evitar una espiralización de la inflación. Como tampoco podía seguir cediendo reservas, optó por tomar deuda para transferirle recursos al gobierno, que no tiene acceso al crédito pero que sigue incrementando su gasto y déficit. El problema es que nunca el Estado le devolvió un centavo al BCRA; por lo que, en definitiva, sólo se trata de  posponer emisión; aunque sumando el pago de elevados intereses. Para que esto funcione, en el mediano plazo, el gobierno debería reducir su necesidad de exprimir al Central por financiamiento para que, cuando éste tenga que emitir para pagar sus pasivos, no coincida con una demanda excesiva de recursos por parte del Estado.

Una alternativa para lograr que todo este esquema cierre es que el gobierno baje el ritmo de crecimiento del gasto primario del actual disparatado 40%ia. a uno algo menos absurdo, digamos 30%ia. o menos. El problema es que no hay mucha voluntad en ese sentido; por lo que existe el riesgo de volver a repetir un susto, por lo menos tan grave como el de principios de año, a más tardar en los inicios de 2015.

Noticias positivas como el acuerdo con el Club de París podrían permitir que el gobierno tome deuda para financiar parte de su despilfarro y, por ende, alivie la situación del Banco Central. Esto les permitiría moderar el problema cambiario y, a tasas caras, pateárselo a un próximo gobierno. Es cierto, deberemos pagar en el futuro la adicción a gastar en exceso del actual gobierno; pero la alternativa podría ser una crisis.

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