En educación, de eso no se hablaba

Edgardo Zablotsky

Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago. Rector de la Universidad del CEMA. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Consejero Académico de Libertad y Progreso.

Cada vez más familias, aun en zonas caracterizadas por sus bajos ingresos, realizan importantes sacrificios para afrontar las cuotas de un colegio privado. ¿Cuántas más emigrarían si tuviesen los medios necesarios para hacerlo? Entretanto, la mayoría de nuestra clase política defiende enérgicamente la educación pública mientras envía a sus hijos a escuelas privadas.

Pero de eso no se habla. En educación, discutir sobre el derecho de los padres a decidir qué escuela es la más apropiada para sus hijos, independientemente de sus posibilidades económicas, es una adecuada ilustración de un tabú.

 El contexto ha cambiado a partir del imprevisto triunfo de Donald Trump, quien propone como objetivo nacional otorgar a los padres de los 11 millones de niños que viven en la pobreza el derecho a elegir la escuela a la que concurran sus  hijos. Además, recientemente seleccionó como secretaria de Educación a Betsy DeVos, ferviente defensora del derecho de los padres y férrea opositora del sindicato docente. Al respecto, Jeb Bush, precandidato a presidente, expresó en Facebook: “Betsy DeVos tiene una larga y distinguida historia defendiendo el derecho de todos los padres a elegir mejores escuelas que garanticen el éxito de sus hijos. Su lealtad es para las familias, especialmente las que luchan en la parte inferior de la escalera económica, no a un modelo obsoleto de educación pública que les ha fallado de una generación a la siguiente”.

El Estado argentino tiene la obligación de asegurar la educación primaria y secundaria de los ciudadanos, pero es hora de preguntarnos si no puede cumplir más eficientemente su papel, ya no administrando escuelas, sino financiando la educación a través de transferencias a los padres, por el costo de educar a sus hijos en una escuela pública del distrito, para que sean las familias las que decidan a qué escuela desean enviar a sus hijos.

Es claro que aquellas familias carentes de posibilidades económicas enfrentan al Estado como el proveedor monopolista de los servicios educativos que reciben sus hijos. Un sistema de vouchers educativos cambiaría esta realidad y las pondría en una mejor posición para demandar un servicio de excelencia.

Nadie podría estar peor, pues ninguna familia estaría obligada a dejar de enviar a sus hijos a una institución pública. De hacerlo, es porque opina que la alternativa privada elegida provee mejores servicios educativos, o más adecuados para los gustos, las aptitudes o las necesidades de sus hijos.

Vouchers, uno de los tantos temas tabú en nuestro terreno educativo, pero que, a partir del triunfo de Donald Trump y la elección de Betsy DeVos, probablemente podremos empezar a discutir.

Para comenzar, qué mejor que cerrar esta breve nota con una cita de Milton Friedman, (1975, New York Times Magazine): “Yo culpo a las personas bien intencionadas que envían sus hijos a escuelas privadas e imparten cátedra a las ‘clases inferiores’ sobre la responsabilidad de enviar sus niños a escuelas estatales en defensa de la educación pública”.

Buscar