Reflexiones sobre el cohecho

Alberto Benegas Lynch (h)
Presidente del Consejo Académico en

Doctor en Economia y Doctor en Ciencias de Dirección, miembro de las Academias Nacionales de Ciencias Económicas y de Ciencias.

EL CRONISTA – Es pertinente detenerse a considerar el tema grave del cohecho en momentos en que en nuestro país brotan los excrementos de un asalto sistemático al fruto del trabajo ajeno, además de las vías legales de las exacciones a través de cargas tributarias y la inflación monetaria.

Lo primero que debe consignarse es que las bandas de empresarios coimeros suelen alegar que fueron extorsionados para entregar recursos al efecto de poder trabajar en la obra pública y así hacerse con licitaciones. Esto está muy mal planteado puesto que los sobreprecios pactados con los aparatos estatales para luego pagar los así denominados retornos que engrosan los bolsillos de funcionarios, constituyen una estafa al contribuyente puesto que éstos deben hacerse cargo de montos mayores debido a esta maniobra fraudulenta.Evolución económica argentina 2018

La referida extorsión en modo alguno justifica otro asalto a terceros. Estos empresarios bandoleros pueden recurrir a varios caminos pero nunca dedicarse a robar al prójimo. Si quieren proceder con dignidad deben denunciar públicamente el hecho o renunciar a la referida licitación pero nunca proceder al atraco.

Por otro lado, siempre el que recibe el cohecho está mal pero no siempre el que se ve forzado a darlo es susceptible de condena moral. Por ejemplo, si la Gestapo irrumpe en un domicilio en busca de los hijos del dueño de casa para exterminarlos y éste soborna para salvar a sus hijos del patíbulo. En este caso no solo está plenamente justificado el hecho de marras sino que es necesario. El padre de familia que en estas circunstancias alegara que debe cumplir con la ley es cuando menos un canalla.

El positivismo legal ha hecho estragos. Como bien ha expresado, entre muchos otros, Sto. Tomás de Aquino “la ley injusta no es ley sino corrupción del ley”. Y no se cuestión de preguntarse quien debe definir cuando una ley es justa o injusta sino que lo debe hacer: son los valores y principios de la justicia en el sentido de la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo está inseparablemente ligado al derecho a la vida de cada cual, a su libertad y a su propiedad. No cabe sostener que para cumplir con la ley en ese momento vigente los judíos debían resignarse a la cámara de gas. En realidad los juicios de Nuremberg fueron un golpe mortal al positivismo legal.

Sin duda que es la justicia la que debe pronunciarse a través de condenas firmes, pero en este contexto da toda la impresión que hay una avalancha cloacal en nuestro medio que parece confirmar que los gobernantes anteriores de la economía nacional y popular han fabricado una pantalla infame para arrasar con los recursos de la gente en cuya situación se informa que los jefes de la banda gobernante se enojaban hasta el paroxismo cuando el cohecho se abonaba en moneda nacional en lugar de hacerlo en dólares o euros lo cual pone de manifiesto la idea que estos sujetos tenían de la soberanía y el concepto de patria que los inflama.

 

 

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