La cruda realidad: los impuestos nos están asfixiando.

Por Eliana Scialabba y Natalia Motyl  en el CRONISTA

Existe una realidad que todos los argentinos debemos enfrentar, por más cruda que sea: nuestro país no crece hace años. Durante las últimas décadas hemos transitado por una serie de gobiernos populistas que nos han llevado a la decadencia económica,  apaciguando a la masa poblacional con ideologías y discursos que intentaban alejar a los individuos de la verdadera compresión de los hechos.

Como nada dura para siempre, en el transcurso de estos años observamos las consecuencias de dichas políticas “económicas”: altos niveles de desempleo, de pobreza, de inflación y de deuda pública, con actividad económica e inversión estancada. Millones de argentinos quedaron a la deriva y abandonados por aquellos “políticos” que prometían un paraíso. ¿Cómo puede ser que un país tan rico en recursos naturales y con una fuerza de trabajo tan capacitada no crezca? La respuesta es simple: la carga fiscal es asfixiante.Gasto publico mayor carga impositiva

No estamos diciendo nada nuevo. Ya en torno a 1770, autores clásicos como Smith y Say plantearon que las altas tasas impositivas reducían la base imponible sujeta a impuestos, dado que se generaban incentivos para que los agentes desvíen hacia la economía en negro.

En este contexto, los argentinos apenas logran llegar a fin de mes y eso sucede porque desde el empresario más deseoso en innovar hasta el trabajador que aporta su fuerza y capacidad intelectual al mercado deben trabajar la mitad del año para el Estado. Como muestra basta un botón: de acuerdo a un informe de 2018 del World Economic Forum, la carga impositiva en el país llega a borrar las ganancias corporativas, sumando el 137,3% (considerando los gravámenes que caen sobre el empleador), convirtiéndonos en la economía con mayor presión tributaria del mundo. La clase política populista se fue quedando poco a poco con nuestros ingresos y nos ha sometido a una cuasi-esclavitud.

Es sabido que los cambios en las tasas impositivas generan cambios en el comportamiento de los contribuyentes: ante una suba de los impuestos, estos modifican sus incentivos para trabajar o contratar más trabajadores, ya que parte importante del ingreso se destina al pago de impuestos. ¿Acaso alguno no ha escuchado a algún familiar / conocido / amigo diciendo que no desea hacer horas extras o lograr su buscado ascenso, porque lo que debe pagar, por ejemplo, de impuesto a las Ganancias, es mayor al ingreso adicional? Además, la excesiva presión tributaria explica que un tercio de nuestra economía se encuentre “en negro”.

Es casi impensable que para pagar impuestos en nuestro país hay que gastar 311 horas al año, mientras que en el promedio de los países de la OCDE sea de 160 horas. Es decir, además de nuestro ingreso, el Estado se roba nuestro tiempo.

De acuerdo al último informe del “Instituto Argentino de Análisis Fiscal”, el total de tributos legislados en los distintos niveles de gobierno en nuestro país asciende a 163. A nivel nacional se aporta 40 de 163, a nivel provincial 41 y a nivel municipal totaliza 82. Más aún, la recaudación se encuentra concentrada en sólo seis tributos: IVA, Aportes y Contribuciones a la Seguridad Social, Impuesto a las Ganancias y el Impuesto provincial a los Ingresos Brutos, los cuales en términos de PBI constituyen el 75% de la recaudación total del país. Todas cifras estrafalarias.

Además, algunos de los impuestos mencionados anteriormente producen un efecto cascada, es decir, se terminan gravando más de una vez un mismo hecho imponible, encrudeciendo aún más la situación económica de los argentinos.

¿Y cómo estamos respecto del mundo? Si bien se mencionó que ocupamos el primer puesto en el ranking de presión tributaria, es interesante ver como se ha venido “moviendo” la economía global en este tema: no sólo los Estados Unidos de Trump y el Brasil de Bolsonaro se encuentran reduciendo impuestos, para bajar los costos y aumentar la competitividad internacional, sino también la China de Xi Jinping. Como siempre, a contramano del mundo.

¿Por qué no bajar los impuestos?. Si es bien sabido que un recorte impositivo no sólo promueve la expansión del nivel de actividad y el empleo, sino que dado el efecto sustitución entre gasto privado y público, se reduce la necesidad de gasto estatal. En Argentina el Estado tiene un tamaño inviable, el cual es el único sector que sigue creciendo a expensas de los demás.

Tan regresiva es la tributación en la Argentina que ante la más mínima caída de la actividad económica, las empresas no pueden sostenerlo y terminan por quebrar, cerrar y despedir empleados.

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