Don´t stop me now, socialismo ( la expropiación es un robo)

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Natalia Motyl
Analista económico en

Licenciada en Economía (UBA). Analista económico de Libertad y Progreso.

Visión Liberal – Don´t stop me now, socialismo

Innumerables veces hemos escuchado manifestaciones en contra del sistema capitalista. Casi sin medirlo, se alzan voces desde la izquierda promulgando los avatares que supuestamente genera este sistema. Sin embargo, cuando vamos a los datos sólo podemos apreciar una perspectiva totalmente positiva. Desde el inicio del capitalismo, la sociedad no ha hecho más que progresar y dicho progreso es mayor en aquellos países que disfrutan de una libertad mayor.

No es de sorprenderse que el PBI per cápita más alto del mundo se observe en Singapur, Nueva Zelanda, Suiza y Australia. Asimismo, las tasas de desempleo y pobreza son las más bajas, con una población que disfruta de un nivel de bienestar muy alto. Se puede asegurar que a mayor grado de libertad, la población vive más y mejor.

A pesar de ello, los socialistas se empecinan en imponer la idea de que es necesario “intervenir” en el mercado a un ritmo cada vez más creciente. ¿Por qué? Una de sus postulaciones se encuentra relacionada con el concepto de “equidad”. Según estas “corrientes de ideas”, los bienes que se producen en la sociedad capitalista se distribuyen de forma inequitativa e “injusta”.

Por ende, el gran Leviatán que en su momento fue engendrado para proteger la propiedad privada de los individuos, ahora es utilizado para expropiar y redistribuir entre los distintos individuos.

Entonces en un sistema socialista tenemos dos procesos: producir y redistribuir, mientras que en el sistema capitalista únicamente dichos procesos se unifican en uno a través de los transmisores de información: el sistema de precios.

Aunque los socialistas pretenden vender el slogan de “expropiación” como algo heroico no es más que un robo. 

Imagínese cualquier individuo que produzca a fuerza de sudor tantos kilos de papa por mes, trabaja todos los días de sol a luna, y al primer día del mes siguiente le obligan a ceder una parte de su producción a otra persona que no ha hecho nada para producir ese bien. ¿Cómo se sentiría ese individuo? Definitivamente sentiría que le han robado y tendrá menor incentivo en producir ese bien.

Inclusive, uno puede apreciar eso mismo cuando le roban a punta de pistola, todo aquello de valor que uno con tanto esfuerzo ha adquirido se lo ha sacado otro individuo que no concibe todo el tiempo que se ha invertido en adquirirlo.

En definitiva el robo puede tomar diferentes formas y se amolda al contexto: desde expropiación de los bienes y medios de producción hasta los impuestos.

Hoy en día, el sistema tributario se ha vuelto una herramienta más de expropiación.

Es un arma blanca, que no hace ruido al disparar pero que posee el mismo efecto letal. El proceso es sencillo: uno trabaja y otro se lo lleva. ¿Por qué? Principalmente una falta absoluta de autoestima de ciertos individuos que luego se transforma en envidia. Es decir, como ciertos individuos no pueden dormir tranquilos sabiendo que hay alguien que vive mejor que él y no confían en ellos mismos para conseguir ese mi status entonces prefieren sacarle al otro lo que fidedignamente se ha ganado.

 

El hecho de que la mitad del año uno tenga que trabajar en la Argentina para pagar impuestos es un signo claro de que unos disfrutan a través de lo que he autodenominado “principio de infelicidad hacia terceros”. Este principio significa que como un individuo no cree que pueda ser feliz entonces persigue por todos los medios transmitir esa infelicidad.

Cuando se le prohíbe a un individuo disfrutar de los resultados de su esfuerzo entonces éste con el tiempo perderá los incentivos de, justamente, esforzarse. Si al final del día la utopía de la meritocracia se invisibiliza entonces los individuos terminarán por trabajar lo mínimo e imprescindible para sobrevivir. De ese modo, al final del día se terminará por igualar hacia abajo.

Detrás de éstas formas de expropiación, se esconde la emanación de la envidia.

En general, se pretende castigar al que más tiene. El empleado más eficiente y el empresario más emprendedor son los que más terminan padeciendo estas prácticas.

No es casualidad que suceda esto ya que en libertad de mercado se premia al mejor, en tanto, en un mercado intervenido se premia al peor. Y en el entretiempo terminan perdiendo todos ya que se elimina cualquier posibilidad de progreso. Todo aquello que es expropiado de sus dueños para satisfacer los caprichos del Estado, es sacado de fuentes de acumulación de capital futuras ya que no se podrá reinvertir lo robado. Por ende, la acumulación total de capital se contrae en relación directa con la presión fiscal. Así se frena cualquier progreso técnico y con ello el incremento de la productividad. La paulatina reducción de productividad genera elevación de precios, productos de peor calidad y una progresiva reducción de los salarios. Bajo este escenario pierden todos.

Por lo tanto, tal cual canción de banda épica: don´t stop me now socialismo que lo único que hace es frenar el progreso y el crecimiento. Si pretendemos vivir cada vez mejor, necesitamos que se genere más libertad.

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