Los desafíos de convertir a la Argentina en el verdadero supermercado del mundo

Diana Mondino
Consejera Académica en Libertad y Progreso

Diana Mondino es Directora de Relaciones Institucionales y profesora de Finanzas en los Master en Dirección de Empresas y Master en Finanzas de la Universidad CEMA.  Tiene experiencia en temas económicos y de management.

En el área social es miembro de Consejo de Dirección de la Fundación Banco de Alimentos. En el sector privado es Directora de Pampa Energía y Loma Negra, empresas que cotizan en NYSE.  Fue directora de Banco Supervielle hasta mayo 2017

Hasta 2005 fue Directora de la región Latinoamérica para Standard & Poor’s, basada en Nueva York, con responsabilidad sobre las actividades regionales.

Diana es MBA de IESE, España, y Lic. en Economía de la Universidad Nacional de Córdoba.

LA NACIÓN – La Argentina pretende ser un supermercado para el mundo. Ese es un gigantesco desafío, y no solo por los vaivenes macroeconómicos. Hace pocos días se realizó en San Pablo el APAS Show 2019, un gigantesco congreso para supermercados, el más grande de América Latina. Contó con más de 900 expositores y lo visitaron más de 100.000 personas. Tuvo representación de empresas brasileñas, por supuesto, y también de muchos otros países, entre ellos, la Argentina.Exportar y producir

Exportadores e importadores tenían una fiesta de opciones, con productos de la mayor variedad, dedicados tanto al consumidor final como a productos intermedios o para mejorar la gestión de los propios supermercados. Los productores argentinos llevaron productos tan variados como miel, aceitunas, cerveza artesanal, dulce de leche, ajo o pulpa de frutas y vinos.

En el mundo hay más de 7500 millones de personas, todas con diferentes costumbres, requerimientos y poder adquisitivo. Millones de proveedores intentan satisfacerlas. De la misma manera que no hay un solo consumidor típico, tampoco hay un solo supermercado, sino muchísimos, que requieren de diferentes combinaciones de productos, precios y calidades.

Un evento como APAS Show deja muchas enseñanzas: la más elemental y casi obvia es que la cantidad de productos similares es apabullante. Distinguir por calidad y origen es extremadamente difícil. No existe un producto que satisfaga a todos.

Por ejemplo, la carne argentina tiene ya de por sí diferentes niveles de calidad y los consumidores tienen diferentes gustos: elegirán por cantidad de grasa, tipo de corte y su acondicionamiento, como las versiones “fresca”, “congelada” o “al vacío”.

Es decir, no se vende “carne” ni se vende a “X” país. Solo se vende a un cierto comprador que requiere cierta mercadería. Las indispensables gestiones del Gobierno para abrir un mercado no significan que tengamos compradores, sino que esos compradores no tendrán obstáculos regulatorios en su país. Al mismo tiempo, solo se puede lograr que el consumidor esté interesado en los productos si están disponibles y son mejores o más baratos.

Cuestión de gustos

Dadas las similitudes entre muchos productores, el comprador elegirá por precio o por disponibilidad. Hay desde productos básicos de bajísimo precio y con calidad simplemente aceptable hasta productos premium que atienden un nicho extremadamente exigente. APAS Show mostró una abrumadora variedad.

También crecen en importancia las nuevas tendencias en nuevos productos, como los nutracéuticos o las comidas “funcionales”, dedicadas especialmente para ciertos mercados. Esos productos tienen mayores precios y el trabajo de encontrar el nicho apropiado no es nada simple.

Al mismo tiempo, los sistemas de gestión crecen en complejidad y son de necesidad imperiosa. Desde control de stocks hasta administración fiscal, nada escapa a la posibilidad de mejorar procesos. La libreta del almacenero tiene poco lugar en el siglo XXI.

Quienes estudian el comercio internacional analizan las ganancias de bienestar de los países al mismo tiempo que los patrones de movimientos de bienes, servicios y capital. Desde los grandes clásicos, como Adam Smith o David Ricardo, hasta varios premios Nobel, como Paul Krugman, Bertil Ohlin, James Meade o Robert Mundell, los economistas han estudiado las implicancias del comercio.

La conclusión es unánime desde hace 250 años: el comercio mejora el bienestar tanto de compradores como de vendedores. La discusión debe centrarse entonces en cómo transitar la apertura de la economía que tanto necesita la Argentina y cómo asignar los recursos o distribuir los costos.

Inserción en el mundo

Sin tanto conocimiento ni teoría económica los productores del mundo están aprovechando los cambios revolucionarios en comunicaciones y logística con drásticas reducciones de costos de transporte y de acceso a la información.

Desde hace ya más de dos décadas es muy difícil analizar la exportación de un producto “terminado”, sino que hay que considerar las cadenas globales de producción. Es un mundo muy cambiante en lo político y en la tecnología: basta ver las relaciones entre Estados Unidos y China en los últimos años. Lo que ayer funcionaba puede no ser tan práctico mañana.

En todo proceso se requieren insumos internacionales, las cadenas logísticas suelen tener actores internacionales y, por definición, al exportar se deben utilizar servicios del país de destino o intermedios (puertos, despachantes, logística interna y la propia red del comprador). Por ello, es imposible considerar que un producto es totalmente argentino. De la misma manera, la exportación de energía o productos industriales es impensable si no hay integración con nuestros proveedores y clientes. Tampoco puede creerse que simplemente exportaremos sin importar otros productos.

Justamente porque ningún producto es totalmente creado y producido en un solo país es que tenemos una muy buena oportunidad. El aprendizaje que se obtiene de una feria como APAS Show, y de lo que otros países hacen para fomentar sus propias exportaciones, es vital para lograr crecer rápidamente. Tanto en el sector privado como en el público, las experiencias e historia de otros países no podrán ser reproducidas por el nuestro, pero nos sirven de guía.

La acción de las agencias gubernamentales argentinas, menos tibia que hace unos años, es de gran ayuda. Sería insensato pretender que sea la única forma de acercarse a otras naciones: se deben eliminar barreras, pero cada empresa debe recorrer el difícil camino de la credibilidad y confiabilidad por sí misma. Las alianzas ayudan mucho y ya hay varios ejemplos en la Argentina. Los empresarios presentes en San Pablo están orgullosos de sus productos y apabullados por la competencia. Intentaron y lograron superar muchas barreras. ¡Esperemos que pronto haya muchos ejemplos más!.

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