El yerro con la curva de Laffer

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Natalia Motyl
Analista económico en

Licenciada en Economía (UBA). Analista económico de Libertad y Progreso.

LA OPINIÓN – En la actualidad muchos individuos “pro baja de impuestos” utilizan como argumento para defender su postura la curva de Laffer y en esa necesidad de lograr el consenso incurren en un burdo error conceptual: hay que bajar impuestos para recaudar más. No, error de tipo 1. No hay que bajar impuestos para recaudar más, sino para crecer.

Primero es primordial centrarnos en tema: la curva de Laffer fue difundida por el economista norteamericano Arthur LafferLaffer fue consejero de política económica de Reagan durante sus dos mandatos (1981-1989), fue miembro fundador del Comité Asesor Ejecutivo de Reaganpara la carrera presidencial en 1980, asesoró a la Primera Ministra Margaret Thatcher sobre la política fiscal en el Reino Unido, durante los años ochenta, y fue asesor de campaña presidencial en 2016 del actual Presidente norteamericano, Donald Trump. Sin embargo, es conocido mundialmente por la curva de Laffer.Altos impuestos argentinos

La curva de Laffer refleja la relación que existe entre los ingresos fiscales y las tasas impositivas, mostrando de qué forma varía la recaudación fiscal cuando varía la tasa impositiva. Laffer lo que intenta demostrar es que no necesariamente un incremento de los tipos impositivos eleva la recaudación del fisco, sino todo lo contrario, la reduce. La curva de Laffer tiene la forma de una U invertida: cuando la tasa impositiva es cero, entonces los ingresos fiscales serán nulos; y cuando la tasa impositiva es del 100%, los ingresos también serán ceros, por el simple hecho de que nadie se levantaría a trabajar si la totalidad de sus ingresos se destinaran al Estado. ¿Qué sentido tendría no?

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Como los dos puntos extremos (0% y 100%) se posicionan sobre el eje abscisas, entonces se presupone la existencia de un punto intermedio (máximo), en el que la tasa impositiva maximiza la recaudación del fisco. Si nos encontramos a la izquierda del máximo entonces todavía es posible aumentar impuestos que incrementen la recaudación y si nos hayamos a la derecha entonces un incremento infinitesimal de la tasa impositiva te reduce la recaudación. Obviamente, si nos encontramos a la derecha entonces convendría bajar los impuestos y así la recaudación subiría. Dicho argumento es utilizado por los “pro baja de impuestos”, pero la equivocación contrafáctica radica en la disyuntiva de que: A) el objetivo no es recaudar más para incrementar o solventar el gasto público, sino de volver más productivo y competitivo al sector privado, y B) asumir previamente que nos encontramos siempre del lado derecho de la curva, ya que bajo esta concepción corremos el riesgo de que un incremento de la tasa impositiva te eleve la recaudación.

Es por ello que es imprescindible orientar el discurso “pro baja de impuestos” hacia dos ejes:

  • económicos, y
  • éticos.

Por un lado, es necesario bajar los impuestos para impulsar la actividad económica. Los impuestos transfieren recursos del sector privado al sector público. Es decir, se destruye riqueza en el sector privado y la conducta de individuos de este sector se ve afectada de sobremanera: dejan de invertir, no se abocan a nuevos proyectos, no se crea empleo, la innovación se vuelve más lenta, los consumidores no pueden consumir de forma más barata ni de mejor calidad, los salarios reales caen. Por ello, es necesario que bajen los impuestos para aumentar la actividad económica, el empleo, el salario y la calidad de vida de las personas.

Por el otro lado, éticamente está mal. Aún en el hipotético caso de que no haya grandes pérdidas en términos económicos, no es aceptable que se expropie el ingreso que el individuo legítimamente trabajó. Robar está mal y los impuestos son un robo, por ello hay que eliminarlos.

Natalia Motyl

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