¿Qué son las cuevas financieras?

Presidente del Consejo Académico en

EL ECONOMISTA – El lenguaje es para poder pensar y para trasmitir mensajes a nuestros congéneres. Si bien es cierto que los diccionarios son libros de historia pues mutan cuando la parla cambia, en esta instancia el llamar perro al gato y viceversa confunde el pensamiento y la comunicación.

Para entrar en materia de lo que quiero puntualizar en esta columna periodística, lo cito al gran economista decimonónico Frederic Bastiat de su obra titulada “La ley”, donde sostiene que cuando los aparatos estatales abandonan su función de proteger derechos y, en cambio, los conculcan incurren en robo legal pues escribe que la norma gubernamental “ha procedido en forma contraria a su propia finalidad; ha destruido su propia meta; se ha aplicado a aniquilar aquella justicia que debía hacer reinar, a anular, entre los derechos, aquellos límites que era su misión hacer respetar; ha puesto la fuerza colectiva al servicio de quienes quieran explotar, sin riesgo y sin escrúpulos, la persona, la libertad o la propiedad ajenas; ha convertido la expoliación”.

Pues bien, todo se trastoca cuando el poder político abusa de sus facultades. En este sentido declaramos que la cueva en el sentido peyorativo que se le otorga a la expresión está representada por la banca central que succiona el fruto del trabajo ajeno. El premio Nobel en Economía F. A. Hayek ha escrito sobre los desmanes de la denominada autoridad monetaria y el curso forzoso y concluye que del mismo modo en que se tardó en percibirse los errores y horrores de unir la religión con el poder político abriga esperanzas que no se demore otro tanto en percatarmos que la unión de la moneda con el aparato estatal tiene como único fin estafar a la gente a través de lo que los economistas denominamos inflación monetaria. Continúa diciendo que se alega que es para mantener el poder adquisitivo de la moneda pero ningún banco central ha hecho semejante cosa en la historia de esa institución. Sugiere que la gente pueda elegir el activo dinerario de su preferencia en un proceso abierto y competitivo.

Los banqueros centrales solo pueden operar en una de tres direcciones: expandir, contraer o dejar igual la masa monetaria. Cualquiera de estos tres caminos inexorablemente conduce a la distorsión de los precios relativos respecto de lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Y si alguien dijera que la banca central posee la bola de cristal y haría lo mismo que la gente hubiera elegido en cuanto al volumen de la masa monetaria, no tendría tampoco sentido la manipulación  si van a hacer lo mismo que hubiera hecho la gente sin los gastos administrativos correspondientes, pero más importante que esto es explicar que para saber lo que la gente demanda hay que dejarla actuar. En otros términos, los banqueros centrales en toda circunstancia se equivocan y la antedicha desfiguración de los precios relativas significa alterar las únicas señales con que cuenta el mercado para operar, lo cual a su turno se traduce en consumo de capital que implica la consecuente reducción en salarios e ingresos en términos reales. Más directo: manipulación política del dinero es igual a pobreza.

Entonces, en la práctica la cueva radica en la banca central y en aquellos bancos que se escudan en reglamentaciones estatales y cierran las persianas de sus instituciones para que depositantes no puedan retirar sus pertenencias. Los lugares donde se concretan arreglos libres y voluntarios entre partes para proteger ahorros legítimos no son en este contexto cuevas.

Por supuesto que como queda dicho está todo patas arriba y lo conveniente es que todos puedan operar libremente con lo suyo y el monopolio de la fuerza circunscribir su función a la protección de derechos y no en la manía de imponer tipos de cambio, tasas de interés y equivalentes. Es similar a que en regímenes estatistas se emplee el mote de mercado negro a las transacciones libres y voluntarias y se denomina al mercado blanco allí donde no hay transparencia ni libertad.

Es hora de poner las cosas en orden y mantener en brete al Leviatán que está teóricamente integrado por los empleados de la gente con la misión de protegerla, pero de un tiempo a esta parte se han invertido los roles y los mandatarios se han convertido en mandantes y la gente en simples súbditos. Cuando esto se revierta desaparecerán lo que ahora muchos denominan cuevas financieras en el contexto de mercados libres rodeados de marcos institucionales civilizados y, en ese caso, solo serán cuevas las madrigueras y los aguantaderos de criminales que naturalmente hay que combatir.

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