Eurozona en crisis y la decadencia de Occidente

Emilio Ocampo

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso.

Profesor de Finanzas e Historia Económica, Director del Centro de Estudios de Historia Económica y miembro del Comité Académico del Máster de Finanzas de la Universidad del CEMA (UCEMA). Profesor de finanzas en la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York (2013-14). Licenciado en Economía UBA (1985) Master of Business Administration (MBA) de la la Universidad de Chicago (1990). Autor de numerosos libros y artículos académicos sobre historia, economía y finanzas.

 

El mundo desarrollado está en crisis. La sensación generalizada en la opinión pública es de fatiga asociada a un deseo de que la crisis se termine de una buena vez, aunque signifique que alguno o más países salgan de la eurozona.

Grecia nos mantiene en vilo con problemas políticos y económicos. Pero es la punta del iceberg. Los mismos problemas aquejan a Estados Unidos y a Europa: el endeudamiento excesivo y el envejecimiento de su población. El proyecto de la eurozona probablemente no sobrevivirá en su conformación actual. Como señalan los economistas Carmen Reinhart y Kenneth Rogoff en This time is different , el problema es que en momentos de crisis la deuda privada muchas veces termina siendo estatizada.

Hace una semana, The New York Times publicó un artículo del historiador inglés Paul Kennedy, autor del best-seller The rise and fall of the great powers , publicado en 1987, en el que analiza el auge y la declinación de las grandes potencias desde 1500. Kennedy fue de los primeros en sostener que Estados Unidos se encontraba en esa situación. Cinco años después, en Preparing for the twenty first century , Kennedy planteó un futuro bastante desalentador en el que una serie de cambios globales (explosión demográfica, globalización financiera, transformación de la agricultura y destrucción del medio ambiente) debilitarán a todas las naciones y empobrecerán a la mayoría de la humanidad.

En el artículo que nos concierne, Kennedy argumenta que estamos entrando a una nueva era, “un momento trascendental”. Cuatro factores indican que estamos llegando a ese “momento trascendental”. Primero, debido a la declinación inexorable del dólar como moneda de reserva. En segundo lugar, por “la erosión y la parálisis del proyecto europeo”. El tercer factor es la carrera armamentista que se ha desatado en el sudeste asiático. El cuarto factor que preocupa a Kennedy es la irrelevancia creciente de Naciones Unidas para mediar en los conflictos que aquejan al mundo. Para Kennedy, el mundo se está moviendo hacia un esquema multipolar, en el que Estados Unidos, aunque cada vez menos, todavía ejercerá mucho poder.

Parecería que los historiadores ingleses, siguiendo una tradición iniciada por Arnold J. Toynbee, han encontrado un nicho en el análisis de la decadencia de Occidente. Además de Kennedy se destacan Ian Morris (Stanford) y Niall Ferguson (Harvard). Ambos dicen que hace 500 años China era la nación más avanzada del planeta.

Según Ferguson, el fin de la supremacía de Occidente es la gran noticia de nuestro tiempo. La tesis de su libro Civilization: the West and the rest es que Asia ha adoptado las costumbres, instituciones y avances tecnológicos que sostuvieron el desarrollo de Occidente durante los últimos cinco siglos. No está totalmente convencido de que China sea “el futuro”. Considera que el talón de Aquiles de los chinos es la ausencia de una democracia representativa y de instituciones que protejan los derechos de propiedad. En Why the West rules – for now , Morris sostiene que estamos viviendo la mayor transferencia de riqueza, poder y prestigio desde que la revolución industrial catapultó a Europa occidental a una posición dominante en la economía mundial. Este cambio es inexorable y favorece a Oriente.

La crisis de la eurozona es un hito en este proceso. Es algo irónico que hace un siglo, China fue sacudida por una revolución que puso fin a la dinastía Qing e inauguró la moderna república china. Esta revolución fue en parte provocada por un excesivo endeudamiento externo (que Mao repudió en 1949). Europa era el principal acreedor de China. Cien años más tarde es Europa la que está sobreendeudada y le pide ayuda financiera a China para salvar el euro. Los chinos accederán a este pedido luego de extraer condiciones muy favorables. La cuestión es si a Europa le conviene hipotecar su futuro o arreglárselas con sus propios recursos.

Para Morris, la verdadera cuestión no es Occidente v. Oriente sino cómo vamos a resolver los enormes problemas que enfrenta la humanidad. Coincide con Kennedy en que estamos entrando a una nueva era. Pero los factores que le preocupan no son los mismos. Según Morris, el desafío es cómo lidiar con la proliferación nuclear, el crecimiento de la población, epidemias globales y el cambio climático. Y sólo podremos superar el desafío si hay cooperación y coordinación entre Oriente y Occidente.

*Publicado en La Nación
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