¡Qué nos cuenten la verdad!

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso

[E]n la pesadilla autoritaria que imaginó George Orwell en su novela 1984, una de las herramientas del “Gran Hermano” para controlar el pensamiento de sus súbditos era el Ministerio de la Verdad. Su lema: quien controla el presente controla el pasado; quien controla el pasado controla el futuro. Orwell obviamente no descubrió esta idea. Ya Goebbels la había aplicado en la Alemania Nazi. Es una caracteristica de los gobiernos autoritarios querer controlar la narrativa histórica para justificar su propia existencia.

A fines de 2011, la presidente Cristina Fernández de Kirchner creó, a traves de un decreto, el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego. Su presidente es Pacho O’Donnell, uno de los grandes fabulistas de nuestra historia. Personaje camaleónico si los hay; desde 1983 se ha acomodado con todos los gobiernos. El Instituto también cuenta entre sus miembros a Felipe Pigna, otro gran fabulista, y el senador Aníbal “yo hago lo que quiero con mi plata” Fernández. De más esta decir que brillan por su ausencia historiadores académicos con trayectorias reconocidas en nuestro país y en el exterior.

Según O’Donnell, el objetivo del Instituto es difundir una “historia nacional, popular y federalista, alternativa a la liberal, oligárquica, porteñista, antipopular y antiprovincial que se escribió tras la batalla de Pavón, con la victoria de la oligarquía porteña.” Que desde el gobierno se aliente una visión particular de la historia argentina es un despropósito. Lo único que se debería alentar desde el gobierno es el debate y la investigación seria.

La historia mitrista está superada (aunque todavía ejerce enorme influencia en la evaluación de San Martín y Belgrano). Bartolomé Mitre fue un personaje polifacético de enormes talentos y gran mérito, pero fue ante todo un político. Como historiador careció de la objetividad que debe caracterizar a un profesional o un académico. En eso coincido con O’Donnell, ya que he sido muy crítico de Mitre tanto como historiador como político.

En sus pocos meses de vida, el INRHAIMD se ha convertido en la usina de una serie de tergiversaciones de la historia argentina. Supuestamente para corregir la historia “oficial”. No se entiende como se puede tildar de oficial a cualquier otra versión de la historia que no esté apoyada y promovida desde el gobierno. En efecto, los pronunciamientos del Instituto se han constituido en dogmas que la presidente de la Nación se encarga de difundir en sus discursos.

No es el rol de un gobierno democrático que representa a todos los argentinos tomar posición sobre asuntos sobre los que los historiadores académicos aun debaten (menos aún sobre los que no hay ningún debate). Promover el debate es sano, silenciarlo desde el gobierno es anti-democratico. Lo que necesitamos en Argentina es más diálogo y menos dogmatismo. No se puede ignorar todo lo que se ha escrito sobre la historia argentina en el último siglo o tildarlo de mitrista. Es un maniqueismo absurdo.

El Instituto supuestamente les va a contar a los argentinos lo que “la historia oficial se empecina en no contar”. Detrás de esto siempre está la idea de la gran conspiración. Curioso que O’Donnell argumente que la historia mitrista “oculta” verdades a los argentinos cuando es columnista regular sobre temas de historia del diario La Nación (que según la presidente Fernández de Kirchner es el “guardaespaldas histórico” de Mitre). Por su parte Pigna fue columnista regular de Clarin (si el de “Clarin miente). Ambos son autores de best-sellers en los que han popularizado su particular visión de la historia. Pero ahora han decidido que eso no es suficiente. Pigna y O’Donnell nos quieren imponer a los argentinos su historia desde la Casa Rosada, cosa de que nadie se la pierda. Y quienes no están de acuerdo son unos “energúmenos” (o energúmenas).

¿Habrán sido los miembros Instituto los que le sugirieron a la presidente que Angola tenía mucho más que ver con el 25 de mayo de 1810 de los que los argentinos pensábamos? Si fue asi, sería motivo para cerrarlo de inmediato.

Felipe Varela, otro de los “desaparecidos” de la historia mitrista, ha sido reinvidicado hace un días cuando la presidente le reconoció el ascenso a general del ejército argentino. Nos parece bien reivindicar la figura de Varela y coincidimos con su oposición al centralismo porteño de Mitre y a la odiosa Guerra de la Paraguay. Juan Bautista Alberdi también lo hizo de manera muy pública y valiente lo que en su momento le valió ser acusado de “traidor” a la patria. Además fue el autor de nuestra constitucion nacional. Sin embargo ha recibidio poco reconocimiento del Instituto o del gobierno. Hace dos años fue el bicentenario de su nacimiento y no nos consta que desde el gobierno nacional se haya hecho ningún acto para rememorarlo.

Aparentementeel principal objetivo del reciente discurso presidencial y del viaje a Catamarca fue reivindicar a Varela. Transcribo algunos párrafos que no tienen desperdicio:

Hoy quiero hablar… de la memoria, quiero hablar de la verdad histórica y quiero hablar de la dignidad de los pueblos. Y porque quiero hablar de esas cosas, es que hoy vine a entregarles el decreto que ordena general de la Nación al coronel Felipe Varela.

Ese Felipe Varela que, como tantos otros patriotas, fue desaparecido, escondido y muchas veces calumniado por la historiografía oficial… como si hubiera sido un asesino o un vándalo, y cuando en realidad, en la historiografía oficial se escondieron los verdaderos crímenes que se cometieron en el interior del país masacrando a los caudillos federales.

…Felipe Varela, que fue, no solamente un hombre de compromiso federal, sino que fue, además, un hombre de profundo contenido americanista que se enfrentó a Mitre por la guerra genocida de la Triple Alianza donde se masacró al pueblo paraguayo…

La primera historiografía revisionista que habla sobre cómo Felipe Varela había luchado y había tenido diferencias con Juan Manuel de Rosas, lo ocultó y esas son las cosas que no tenemos que hacer más. Porque si es imposible encontrar personas perfectas, que hayan acertado en todas y cada una de las etapas de sus vidas, lo importante es el saldo histórico de cada uno de nosotros…

A nosotros nos presentaron la historia fragmentada, como que nada tuviera que ver con nada, como si cada cosa no tuviera una causalidad…

…este reconocimiento a un hombre como Felipe Varela que es, en definitiva, el reconocimiento que nos hacemos a nosotros mismos los argentinos, como hombres y mujeres capaces de hacer cosas que transformen la realidad y mejoren la calidad de vida de todos los argentinos, que de eso se debe tratar la política y no de ninguna otra cosa.

Esto es recordar, rever. Y, en este sentido, les voy a contar algo: el otro día charlábamos con los historiadores del Instituto Dorrego que me fueron a ver para entregarme unos libros y también invitarme a algunos eventos y los 3 principales libros, hoy “best sellers”, son libros históricos.

Los argentinos tienen ganas de saber, porque sienten que les han cambiado la historia y que les han mentido mucho; tienen ganas de conocer quiénes fueron los verdaderos patriotas porque como Felipe Varela, no pudieron dejarse un diario de guardaespaldas histórico como hizo Bartolomé Mitre, o como el Chacho Peñaloza tampoco lo pudo hacer, como tampoco lo pudieron hacer tantísimos otros, como Facuando Quiroga, el “Tigre de los Llanos”, o Martín Miguel de Güemes…

Que le cuenten a la gente de una buena vez por todas la verdad para que se sepa.

En cuanto a Varela, vale la pena rememorar su proclama de enero de 1868 ya que en ella rindió homenaje a tres “olvidados” o “desaparecidos” de la nueva historia oficial: Alvear, Urquiza y Alberdi. Además indirectamente criticó a Rosas, otro “santo” del Instituto dignamente dirigido por Don Pacho.

¡ARGENTINOS! El hermoso y brillante pabellón que San Martín, Alvear y Urquiza llevaron altivamente en cien combates, haciéndolo tremolar con toda gloria en las tres mas grandes epopeyas que nuestra patria atravesó incólume, ha sido vilmente enlodado por el General Mitre gobernador de Buenos Aires.

La más bella y perfecta Carta Constitucional democrática republicana federal, que los valientes entrerrianos dieron a costa de su sangre preciosa, venciendo en Caseros al centralismo odioso de los espurios hijos de la culta Buenos Aires [Rosas], ha sido violada y mutilada desde el año sesenta y uno hasta hoy, por Mitre y su círculo de esbirros.

El Pabellón de Mayo que radiante de gloria flameó victorioso desde los Andes hasta Ayacucho, y que en la desgraciada jornada de Pavón cayó fatalmente en las ineptas y febrinas manos del caudillo Mitre -orgullosa autonomía política del partido rebelde- ha sido cobardemente arrastrado por los fangales de Estero Bellaco, Tuyuti, Curuzú y Curupaití.

Nuestra Nación, tan feliz en antecedentes, tan grande en poder, tan rica en porvenir, tan engalanada en glorias, ha sido humillada como una esclava, quedando empeñada en mas de cien millones de fuertes, y comprometido su alto nombre a la vez que sus grandes destinos por el bárbaro capricho de aquel mismo porteño, que después de la derrota de Cepeda, lacrimando juró respetarla.

COMPATRIOTAS: desde que aquél usurpó el gobierno de la Nación, el monopolio de los tesoros públicos y la absorción de las rentas provinciales vinieron a ser el patrimonio de los porteños, condenando al provinciano a cederles hasta el pan que reservara para sus hijos. Ser porteño, es ser ciudadano exclusivista; y ser provinciano, es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del Gobierno Mitre.

Tal es el odio que aquellos fratricidas tienen a los provincianos, que muchos de nuestros pueblos han sido desolados, saqueados y guillotinados por los aleves puñales de los degolladores de oficio, Sarmiento, Sandez, Paunero, Campos, Irrazábal y otros varios oficiales dignos de Mitre.

Empero, basta de víctimas inmoladas al capricho de mandones sin ley, sin corazón y sin conciencia. Cincuenta mil víctimas hermanas, sacrificadas sin causa justificable, dan testimonio flagrante de la triste o insoportable situación que atravezamos, y que es tiempo ya de contener.

¡VALIENTES ENTRERRIANOS! Vuestro hermanos de causa en las demás provincias, os saludan en marcha al campo de la gloria, donde os esperan. Vuestro ilustre jefe y compañero de armas el magnánimo Capitán General Urquiza, os acompañará y bajo sus órdenes venceremos todos una vez más a los enemigos de la causa nacional.

A él [Urquiza] y a vosotros obliga concluir la grande obra que principiasteis en Caseros, de cuya memorable jornada surgió nuestra redención política, consignada en las páginas de nuestra hermosa Constitución que en aquel campo de honor escribísteis con vuestra sangre [redactada por Alberdi]

¡ARGENTINOS TODOS! ¡Llegó el día de mejor porvenir para la Patria! A vosotros cumple ahora el noble esfuerzo de levantar del suelo ensangrentado el Pabellón de Belgrano, para enarbolarlo gloriosamente sobre las cabezas de nuestros liberticidas enemigos!

COMPATRIOTAS: ¡A LAS ARMAS!…¡es el grito que se arranca del corazón de todos los buenos argentinos!

¡ABAJO los infractores de la ley! Abajo los traidores a la Patria! Abajo los mercaderes de Cruces en la Uruguayana, a precio de oro, de lágrimas y de sangre Argentina y Oriental!

¡ ATRÁS los usurpadores de las rentas y derechos de las provincias en beneficio de un pueblo vano, déspota e indolente!

¡SOLDADOS FEDERALES! nuestro programa es la práctica estricta de la Constitución jurada, el órden común, la paz y la amistad con el Paraguay, y la unión con las demás Repúblicas Americanas. ¡¡Ay de aquél que infrinja este programa!!

¡COMPATRIOTAS NACIONALISTAS! el campo de la lid nos mostrará al enemigo; allá os invita a recoger los laureles del triunfo o la muerte, vuestro jefe y amigo.

Supongo que pretender que el verdadero espíritu de Varela se vea reflejado en los discursos oficiales es demasiado pedir. Menos aún que su espíritu se vea reflejado en el sistema de coparticipación federal de impuestos. O en la manera en la que el gobierno nacional trata a los provinciales.

En fin, temas para otro artículo.

*Publicado en Entre La Fábula y la Historia. 
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