El impacto económico de los feriados

Por Carlos Alfredo Rodríguez, rector de UCEMA.

Por una cuestión de costos hay que acotar los días no laborables.

Normalmente averiguamos cuánto cuesta una cosa antes de adquirirla. Casi siempre, los bienes o servicios que nos gustan cuestan. La mayoría paga el costo de los productos que compra y, por lo tanto, se ve forzada a hacer una decisión que llamaríamos “racional”.

Existen también los llamados bienes públicos, aquellos de los que todos pagamos el costo aunque no los usemos: plazas, seguridad y justicia, por nombrar algunos. Pero en este caso, el valor está bien definido. Se puede calcular el costo de construir y mantener una plaza, y hay formas de conocer cuál es el beneficio “social”.

Los feriados son un tipo de producto muy difícil de clasificar, tanto por sus costos como por sus beneficios. En primer lugar debe separarse el motivo del feriado del hecho que sea no laborable. Ampararse en la figura de un prócer para que los padres se diviertan en las playas y los hijos no vayan al colegio es un despropósito mayor que raya en la irresponsabilidad.

Rara vez un feriado se ofrece como una oportunidad para no trabajar, aun cuando en casi todos eso sea obligatorio. La principal excepción son los 52 sabbat mandados por el Creador, los que nadie se anima o desea discutir. Los “feriados puente” son otra cuestión, bastante posterior a la creación. Y se suma el Carnaval.

Además de los sabbat, que sacaremos del análisis, hay feriados religiosos, patrióticos, simbólicos y populistas. Todos tienen algún justificativo válido para algún conglomerado social y todos precisan un marco legal que sostenga la obligatoriedad de no trabajar el “día no laborable”.

Hay feriados que tienen un amplio consenso sociocultural para justificar ser no laborables, factor que en muchos casos es además necesario: Navidad, Año Nuevo o Acción de Gracias se celebran con reuniones familiares amplias que requieren la no laboralidad. Hay otros, como los días que se celebran las independencias o el Día del Trabajo, que poseen un cierto grado de consenso social. El Día de la Madre o el Padre requieren reuniones familiares más íntimas y tuvimos el sentido común de hacerlas siempre un domingo.

No sé cuánto cuesta un feriado no laborable, pero los sectores de comercio y servicios, así como los trabajadores independientes de las grandes urbes, son dañados, mientras se favorecen los restaurantes y hoteles de Mar del Plata y Uruguay. La educación y los procesos productivos sufren mucho.

Un paso razonable sería que, ante la ignorancia de los costos, se acote la no laboriosidad de los feriados a aquellos casos en que la misma es absolutamente indispensable para que se cumpla el objetivo primario del feriado, que normalmente es honrar a alguien o algo. El resto que pasen a domingo o se limiten a homenajes recordatorios en los ámbitos relevantes.

Publicado en La Nación.-

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