Diamantes y elefantes. La fórmula económica de Botswana para salir de la pobreza

Por Carlos Manzoni en La Nación

Dos cosas abundan en Botswana: los elefantes y los diamantes. Sobre esa base, a la que agregó “condimentos” indispensables para un crecimiento sostenible, este país concretó una de las mayores sorpresas económicas del mundo, demostró que el desarrollo del África subsahariana no era una utopía y aumentó 100 veces su riqueza en los últimos 50 años.

En 1966, cuando se independizó, este país fue descripto por el servicio de noticias Sudafricano como “el gran terreno sin caminos”, porque en ese entonces, con un tamaño similar al de Francia, contaba con solo 12 kilómetros de rutas pavimentadas. Pero esa era solo una de sus necesidades, ya que estaba entre los 25 países más pobres del mundo.Progreso económico con libertad económica

En la actualidad, es una de las economías emergentes que más crecen, con un aumento de 4,5% del PBI en 2018, respecto de 2017, pero con picos de crecimiento que alcanzaron el 11% en 2013 o el 8,6% en 2006. Su endeudamiento es bajo (12% del PBI) y, además, cuenta con el mejor sistema educativo de África Subsahariana, que garantiza de forma gratuita y universal la educación primaria y secundaria.

¿Cuál fue su fórmula para salir de la pobreza? Como se dijo, está bendecido por dos recursos principales: ser el país con mayor cantidad de elefantes en el mundo hizo explotar el turismo, mientras que el descubrimiento de grandes yacimientos de diamantes en su suelo lo posicionaron como el segundo productor global de piedras preciosas, detrás de Rusia. Pero eso no lo explica todo.

En efecto, si bien es verdad que los diamantes y el turismo han jugado un papel decisivo, no es menos cierto que sin una gestión adecuada y la existencia de instituciones inclusivas no habrían tenido éxito. Basta, si no, mirar a Nigeria, que no despega pese a nadar en petróleo, o Guinea Ecuatorial, cuya élite no permite que la riqueza procedente del petróleo se transfiera a sus habitantes.

Natalia Motyl, economista de la fundación Libertad y Progreso, opina que su rápido crecimiento económico se basa en tres factores: fortalecimiento de las instituciones, libertad económica y disciplina fiscal. “Garantizó la propiedad privada, inclusive su Constitución prohíbe cualquier acto de expropiación; abrió su economía, y eliminó las trabas a la inversión extranjera. Además, sus impuestos son bajos, ya que el máximo sobre la renta es de 25% y no hay impuestos para la importación de insumos necesarios para producir bienes exportables”, detalla.

Algunos datos dan contenido a estas reglas generales: desde 1955 el Índice de Libertad Económica se incrementó desde el 55,1 hasta el 70,3 y jamás se han producido expropiaciones masivas. No solo eso, es el país con menor deuda soberana de toda África Subsahariana y es la única nación en su continente que, desde el fin del mandato colonial, presenta un registro limpio de elecciones libres.

Según se describe en un artículo de la BBC, el éxito de Botswana se hace evidente al llegar a Gaborone, su capital. “Las calles están limpias y ordenadas, el tráfico fluye con facilidad y se ven modernos edificios de cristal reflejando un cielo azul claro. A diferencia del caos postcolonial de tantas capitales africanas, las cosas funcionan aquí, y funcionan bien”, cuenta Hamilton Wende, autor de la nota.

Ahora bien, no todo está resuelto en este país de 2,6 millones de habitantes y 581.730 kilómetros cuadrados de superficie. Pese a que ha logrado reducir algunos puntos el desempleo desde 2003 hasta la fecha, este sigue afectando al 20% de la población.

Motyl enfatiza que, a pesar del crecimiento acelerado, todavía le quedan muchos desafíos por delante. ” La inflación, de 8%, y el desempleo, de 20%, son muy altos, la quinta parte de la población se encuentra en la pobreza, hay muchos casos de corrupción estatal, lobby y capitalismo de amigos. Si quiere dar el gran salto deberá, indudablemente, apostar más a las políticas pro mercado y dejar de lado los abusos de poder en materia económica”, señala la economista.

Muchos casos de corrupción en el gobierno relacionado con la producción de diamantes. Además, h ay favoritismo en las empresas de funcionarios públicos o amigos de ellos. Al igual que los empleos públicos y las licitaciones.

Pero quizá el mayor reto que enfrenta Botswana no está en su economía, sino en su salud pública: tiene una de las tasas de VIH más altas del mundo (23%). Según Onusida (el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida), si bien las nuevas infecciones se han reducido 63% desde el máximo en 1996 y las muertes relacionadas con el Sida han disminuido desde 15.000 en 2008 a 4100 en la actualidad, aún falta mucho para erradicar la epidemia.

Hasta que no se le tuerza el brazo a la enfermedad que devastó el país hace dos décadas, no habrá felicidad completa en Botswana. Solo habrá destellos de alegría, como el que se produjo en 2015 cuando se encontró en su suelo el mayor diamante descubierto desde 1905: una enorme piedra de 1111 quilates, solo superados por los 3000 quilates de la “Estrella del Sur” o “Cullinan”, hallada por Frederick Wells hace 115 años.

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