Desigualdades de género en el mercado

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Ha publicado artículos en diarios de Estados Unidos y de América Latina y ha aparecido en las cadenas televisivas.

Es miembro de la Mont Pèlerin Society y del Council on Foreign Relations.

Recibió su BA en Northwestern University y su Maestría en la Escuela de Estudios Internacionales de Johns Hopkins University.

Trabajó en asuntos interamericanos en el Center for Strategic and International Studies y en Caribbean/Latin American Action.

CATO – ¿Qué tan desiguales ante la ley son los hombres y las mujeres en América Latina a la hora de participar en el mercado? El Banco Mundial nos da una idea en un nuevo estudio global que muestra las brechas y su evolución.

El reporte Women, Business and the Law 2020 abarca 50 años de data y evalúa docenas de indicadores legales basados en preguntas como: ¿puede una mujer escoger dónde vivir de la misma manera que lo puede hacer un hombre? ¿Tiene la mujer el mismo derecho a firmar contratos que el hombre?

Desde 1970, la desigualdad entre los géneros ha disminuido en todas las regiones del mundo, según el Banco Mundial, pero la mayor parte del mundo todavía tiene bastante que mejorar, y algunas regiones siguen muy atrasadas. En la región más desigual, el Medio Oriente y África del Norte, las mujeres gozan de alrededor del 40% de los derechos de los hombres, por ejemplo.Feminismo, igualdad de oportunidades entre géneros

¿Qué ha pasado en América Latina y el Caribe? Para analizar la región, tomé en cuenta 22 indicadores del estudio en las siguientes cinco categorías: la libertad de movimiento (por ejemplo, ¿la mujer puede aplicar por un pasaporte de la misma manera que un hombre?); derechos en el lugar del trabajo (¿puede una mujer conseguir trabajo del mismo modo que un hombre?); matrimonio (¿los derechos al divorcio son iguales para ambos sexos?); emprendimiento (¿puede una mujer abrir una cuenta bancaria o registrar un negocio como lo puede hacer un hombre?); y bienes (¿tienen ambos sexos los mismos derechos de propiedad sobre bienes inmuebles?).

América Latina se ha vuelto una región mucho más igual según estas mediciones. Hoy, las mujeres latinoamericanas gozan del 88% de los derechos de los hombres –muy superior a la situación en 1970 (55%)– y la brecha con respecto al trato en los países desarrollados ha disminuido.

Pero a pesar de los avances en todos los indicadores, la desigualdad sigue alta en algunos. El 17% de los países en la región restringe los emprendimientos de las mujeres frente a aquellos de los hombres, y el 23% de los países latinoamericanos restringe los derechos de las mujeres en el trabajo. La libertad de movimiento y los derechos sobre los bienes son las dos áreas donde mejor califica la región.

La igualdad legal entre los géneros es importante no solamente porque tiene valor propio, sino también porque tiene impactos económicos y sociales positivos. Numerosos estudios han encontrado que la mejora de ciertos derechos económicos, como la habilidad de abrir una cuenta bancaria, está ligada a incrementos en la oferta laboral femenina. Seguramente porque aumentan su habilidad de negociar, los derechos de propiedad y de herencia de las mujeres están asociados con mejoras en sus indicadores educativos y de salud, mejoras en la educación de la próxima generación, y reducciones en las tasas de fertilidad. Todo esto aumenta el crecimiento económico.

No hay que confundir la igualdad de trato ante la ley con la libertad. Estas son compatibles, pero no son la misma cosa. Venezuela figura bien en el reporte del Banco Mundial. Pero no hay ninguna duda de que una economía mucho más libre, como la panameña, ofrece mayores oportunidades, bienestar y mejor trato legal en general a la mujer que la economía reprimida de Venezuela.

De hecho, los estudios han encontrado que las desigualdades de género son menores en las economías libres. La igualdad ante la ley de la mujer importa, pero un nivel elevado de libertad es crítico. Quienes con justa razón abogan por los derechos de la mujer lo deben hacer junto con la promoción de la libertad en todas sus dimensiones, la económica incluida.

Este artículo fue publicado originalmente en El Comercio (Perú) el 4 de febrero de 2020.

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