El capitalismo de amigos se extiende a las exportaciones

Roberto H. Cachanosky

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso. Licenciado en Economía por la Universidad Católica Argentina. Es consultor económico y Profesor titular de Economía Aplicada del Master de Economía y Administración de ESEADE, profesor titular de Teoría Macroeconómica del Master de Economía y Administración de CEYCE.

CATO Roberto Cachanosky dice que la decisión del gobierno para decidir quién puede exportar y quién no es otro ejemplo más de cómo se pretende beneficiar a unas pocas empresas con el negocio a cuesta del resto.

El Gobierno está empecinado en buscar a alguien a quien echarle la culpa de la inflación. Ante el desmadre fiscal y monetario, solo atina a señalar a alguien del sector privado para culparlo por algo.

No es nueva esta metodología, la utilizan para todos los temas. En su momento fueron los runners los culpables de los contagios del COVID-19. La falta de vacunas es culpa de los países desarrollados que las acaparan. Si se trata de explicar el desastre económico, la culpa es de la herencia recibida de Mauricio Macri y ahora con la inflación, la culpa parece ser del bife de chorizo y mañana será de las chauchas.

Esta estrategia de buscar culpables lleva al Gobierno a suspender la exportación de carne como si de esa forma fuese a resolver el problema de la inflación. Pero no conforme con esa medida, también quiere, por decreto, decidir quién puede exportar carne y quién no. Es decir, ahora los culpables del aumento del precio de la carne serían los nuevos exportadores que entraron al mercado y el gobierno los identifica como especuladores del mundo financiero.

Lo que ocurre es que China aumentó su consumo de carne vacuna y demanda más de ese producto. Esa demanda hizo que los chinos habilitaran a matarifes a exportar carne a China, con lo cual, los grandes frigoríficos ven que tienen más competencia, aunque los nuevos exportadores solo absorben una parte menor de las exportaciones a China y de las compras de hacienda en el mercado interno.

El argumento del Gobierno es que quiere cuidar el bolsillo de la gente y para eso tiene que frenar las exportaciones de carne para que la gente pueda acceder al asado. En rigor el problema no es tanto que sube el precio de la carne, sino que cae el salario real. Pero la épica del Gobierno es que va a prohibir a los nuevos exportadores participar de ese mercado porque están distorsionando el precio de la carne al comprar para exportar a China.

Sin embargo, lo que se exporta a China son vacas viejas que no se consumen en el mercado interno. En el mercado interno se consume el novillo y las vaquillonas de consumo, que necesitan ser alimentadas a campo o en feedlot. Como subió el costo del maíz, que es con lo que se alimentan al ganado para engordarlo en los feedlot, la decisión oficial de definir quiénes pueden exportar y quienes no, nada tiene que ver con el bolsillo de la gente y el precio de la carne y sí mucho que ver con beneficiar a solo una pocas empresas con el negocio de exportación a China. En otras palabras, ese capitalismo que tanto descalifica el kirchnerismo, es el verdadero capitalismo que genera competencia y cuando habla de humanizar el capitalismo, lo que hace es esconder detrás de la palabra humanizar la construcción del capitalismo de amigos. La antítesis del verdadero capitalismo.

Hasta ahora eso se veía en la obra pública y en el cierre de las importaciones para que unos pocos vendan computadoras de mala calidad a precios que son el doble del mercado internacional. Lo mismo ocurre con los celulares, las low cost en vuelos internos para que los kirchneristas sigan gozando de sus buenos puestos en la empresa estatal y muchos otros productos. Ahora bien, parece ser que el capitalismo de amigos se extiende a la exportación beneficiando a unos pocos para que puedan exportar, por ahora carne vacuna. Con lo cual se está construyendo un país con una oligarquía política que disfruta de los beneficios del poder, algunos empresarios amigos de esos políticos y el resto pasa a ser el lumpen sometido a los caprichos de unos pocos.

En definitiva, un paso más para construir un país para unos pocos que serán multimillonarios y una gran masa de gente sumergida en la pobreza.

Aquí se puede afirmar que la pobreza de muchos es causa de la riqueza de unos pocos. Es que el modelo k es de una redistribución del ingreso por el cual, gracias a los resortes del poder que otorga el control del Estado, unos pocos se quedan con todo y el resto de la sociedad vive de las migajas que le tiran los dueños del poder político y sus socios en este capitalismo de amigos.

Si el coeficiente de Gini no es acorde para el paladar de los “progres”, eso no se debe al capitalismo competitivo, sino a que algunos encontraron en la política una fenomenal forma de hacer fortunas manejando las palancas del poder.

Este artículo fue publicado originalmente en Infobae (Argentina) el 19 de mayo de 2021.

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