El gobierno juega al Gran Bonete

NOTIAR – Por Manuel Solanet (h) – Dificultades surgen en todos los ámbitos de la vida. Los ciudadanos elegimos autoridades para que las administren, traten de solucionarlas y, como mínimo, no las agraven. El gobierno nacional parece no entender su rol. Muchas veces su principal preocupación consiste en explicar cómo cada problema no es por su responsabilidad y es culpa de otro. Y lo que es peor, al errar el diagnóstico, plantea remedios que son peor que la enfermedad. Repasemos algunos ejemplos actuales.

Empezando por la inflación. Como respuesta a la suba desbocada del costo de vida se ensayan explicaciones que cargan la responsabilidad sobre las grandes cadenas y los “formadores de precios”. Si esto fuera así, ¿por qué no sucede lo mismo en otros países donde está presentes las mismas cadenas de supermercados y las mismas multinacionales que en Argentina? Excluyendo a Venezuela y Argentina, la inflación promedio de Latinoamérica es menor al 3% anual. Otro chivo expiatorio sería la inflación importada de los commodities sin fijarse, por ejemplo, que en el precio del pan la incidencia del trigo es sólo del 10% del costo final. Sería difícil sostener, en este caso, que existe una confabulación oculta entre todas las panaderías del país para aumentar el precio.

Las soluciones que se plantean son entre absurdas (precios máximos y salir a medir las góndolas) y destructivas. Entre estas está la prohibición de exportar carne. Ya sabemos lo que sucederá. No se repondrán las vacas viejas y se reducirá el stock ganadero. Pero seguiremos teniendo inflación y no tendremos carne, en conclusión, seremos más pobres. Si en vez de buscar un culpable el gobierno se abocara a reducir el déficit y la emisión se haría evidente que la culpa de la inflación es el despilfarro estatal.

El retraso en el programa de vacunación contra el COVID es otra historia de terror. ¿A quién se apunta como responsable? A las potencias mundiales que concentran las compras a los grandes laboratorios. ¿Será así? Por lo menos no resultó así para Chile y Uruguay, sólo para nombrar algunos, que tienen un gran porcentaje de su población ya inoculada con vacunas aprobadas por las principales agencias mundiales. ¿No será que aquí se privilegió favorecer la producción de algún amigo del poder o una geopolítica tercermundista? ¿Será culpa de Pfizer que su vacuna no se usa en Argentina, Cuba y Venezuela y que todos nuestros vecinos la aplican? ¿Por qué rechazamos el 90% de las vacunas ofrecidas por Covax?

Ante la ineptitud para conseguir vacunas, una de las soluciones desmedidas intentadas para frenar los contagios fue suspender las clases por un año. Y con el surgimiento de esta segunda ola en todo el país, se acusa como culpable al gobierno de CABA que mantuvo la escuela primaria presencial. No importa que las curvas de contagios de los diferentes distritos no muestren diferencias pese a la diferente escolaridad. La culpa es siempre del otro, mientras los chicos siguen sin aprender a leer y a sumar.

Para colmo de males, no alcanzan las vacunas para los médicos y la gente mayor, pero por suerte quedan algunas para no descuidar la propia salud y proveer a los vacunatorios VIP y para militantes. ¿Por qué la vida de un empleado público así sea presidente, vice o ministro (y su corte) vale más que la de cualquier ciudadano? ¿Por qué tuvieron prioridad en la vacunación? En muchos países esto no fue así y hasta el presidente esperó su turno. En Argentina parece que la vida de algunos está antes que la de otros.

La jugada más cínica en el juego del Gran Bonete es la de la teoría del lawfare, acusando a la justicia de inventar procesos para perseguir a políticos “que defienden al pueblo y luchan contra los poderes concentrados”. Por suerte son difíciles de borrar pruebas tales como bolsos con plata volando sobre el muro de un convento, 70 millones de dólares en inmuebles en USA de secretarios del poder, cajas de seguridad con millones pertenecientes a personas que nunca tuvieron una actividad lucrativa conocida, decenas de confesiones sobre pago de sobornos de empresarios u hoteles con facturación plena, pero casi sin ocupantes. Ojalá la justicia tenga la valentía de avanzar sobre estos procesos.

Y así seguiremos, repartiendo culpas y sin solucionar dificultades, hasta llegar a la jugada final del Gran Bonete, que será cuando el presidente (que no preside) se vea jaqueado por los problemas y sus falsas soluciones. No cuesta imaginarse a quién le echará la culpa Cristina Kirchner.

Sería cómico si no fuera porque es trágico.

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