Los daños colaterales al crear una atmósfera de ficción de riqueza

Por Miguel Angel RoucoMarcelo Bonelli – A estas alturas, está claro que el gobierno de Los Fernández eligió la vía del impuesto inflacionario sin importarle los daños que deja a su paso. A contramano de la tendencia mundial, donde la inflación ha dejado de ser un problema, para el Frente de Todos la inflación es una solución más política que económica y que todo se reduce a crear una atmósfera de ficción de riqueza, aún a costa de un deterioro del empleo y de un aumento de la pobreza y la marginalidad.

La caída en la utilización de la capacidad instalada, en sectores clave como la producción de alimentos e indumentaria, muestra el claro deterioro del nivel de vida de los argentinos en especial de aquellos que tienen ingresos bajos como los trabajadores no calificados, los subempleados, los desempleados y los jubilados.

Así lo expresa un informe de la Fundación Libertad y Progreso (FLyP) en el cual se indica que a pesar del bono de 5.000 pesos que se pagará en agosto, “un jubilado que percibe un haber medio, por ejemplo, en $37.037 ha visto corroído su poder de compra de la Canasta Básica Total en un 7,3% en 2021 y en un 13,2% desde 2018. Es más, si tomamos desde el 2013, punto máximo alcanzado en el nivel de vida de los jubilados (haberes promedio), éste se ha deteriorado en más de 33%”.

El documento puntualiza que “si se considera a un jubilado que cobra el haber mínimo (de $20.571), se observa un deterioro en su poder de compra con respecto a la Canasta Básica Total en un 13,7% desde 2018 y en más de 42 puntos porcentuales de su valor máximo en 2013. Además, comparado con 2020 la caída fue del 7,7%”.

Según el director de la FLyP, Aldo Abram, “los jubilados siempre terminan siendo la variable de ajuste cuando la política tiene otras necesidades de gasto, el empobrecimiento de los adultos mayores tiene un justificativo de largo plazo. Han quebrado el sistema de reparto cargándoles gastos que no correspondían, como todo tipo de subsidios que debieron haberse pagado con los impuestos que abonan todos los argentinos y no con los aportes. Lo que pasa es que, de esa forma, los gobiernos pueden gastarse sus ingresos tributarios en otras cosas que les reditúan políticamente.

No les importa que se desfinancie al régimen previsional; ya que ese será el problema de alguna otra futura gestión. Por eso, nosotros creemos que los aportes previsionales deberían usarse solamente para garantizar una vejez digna y, además, por un monto acorde al esfuerzo que hizo cada jubilado”.

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