Argentina: Las penas son de los pobres, los dólares son ajenos

DIARIO EXTERIOR – ALEJANDRO A. TAGLIAVINI – La violencia siempre destruye, ya lo sabía Aristóteles -y lo repitieron muchos como santo Tomás de Aquino- al que, obviamente, no leyeron en el Gobierno. Y no solo que no lo leyeron, sino que creen todo lo contrario, creen que los problemas de la violencia se solucionan con más violencia. Como dice Roberto Cachanosky “Un control lleva a otro, hasta que se termina ahogando por completo la actividad privada o el Gobierno termina hundiéndose en una catástrofe económica, social y política”.

                Es decir, como la violencia destruye, las regulaciones coactivamente impuestas por vía de fuerza policial -los controles- empeoran la situación. Y en la ignorancia, soberbia y pánico el gobierno no atina a calmarse y corregir el rumbo, sino que la histeria los lleva a empeorar todo aún más con más violencia, con más fuerza policial, con más regulaciones, más controles como con la prohibición del mercado libre de cambios que ha provocado lo lógico, su destrucción. Es decir, a falta de la libre fuerza equilibrante entre oferta y demanda de dólares, el desequilibrio es fenomenal.

               Así, el BCRA se quedó «sin poder de fuego» para hacer frente a un intento de corrida cambiaria, porque las reservas netas según Natalia Motyl, están cerca de los USD 5.650 M, y las de rápida disponibilidad, sacando el oro y DEGs, en USD 1.905 M negativas. Y agregó que «renegociar con el FMI es condición necesaria para comenzar un 2022 sin una fuerte crisis» porque «más allá de que lo cierto es que van a entrar divisas por el trigo, no serán sustanciales, ya que en diciembre deberán pagarle al FMI unos USD 1.800 M, y en enero otros USD 700 M”.

               Obviamente tanto el -estatal y, por tanto, estatista- FMI como el gobierno nacional están más que dispuestos a que la renegociación termine en un acuerdo, dado que gran parte de la cartera del organismo pertenece a la Rosada y un default también le ocasionaría graves problemas.

               Como señala Roberto Cachanosky, dado que las reservas líquidas ya son negativas, esto quiere decir que toda intervención del BCRA en el mercado de cambios debe ser en base al uso de los encajes en dólares, que no son de su propiedad, o porque activó el crédito con el BIS, “lo concreto es que mientras Guzmán dice que no va a devaluar, terminan ajustando el mercado por cantidad frenando la compra de dólares”.

               La disparada del riesgo país también muestra que el gobierno argentino está a un paso de entrar en default, asegura Cachanosky, y afirma que por más que arreglen con el FMI, no van a conseguir fondos frescos para hacer frente a los vencimientos de bonos en dólares en el primer semestre del año que viene que suman US$ 6.400 M. Y el gobierno lo sabe, por eso está dialogando con el Banco Popular de China para evaluar la ampliación del swap por USD 19.000 M que ya se le había otorgado al país en 2020.

                  Ante esta brutal escasez de dólares en el BCRA, el gobierno no atina a hacer lo que debió haber hecho desde el principio, esto es, liberar completamente el mercado de cambios, por el contrario, apuesta por más represión. Y así dispuso prohibir la financiación de gastos por viajes al exterior. Por supuesto que el ingenio humano no se detiene y ya se están estudiando rulos con criptomonedas y otras variantes para poder viajar en cuotas.

                  Cuentan desde Invecq que, durante los primeros 9 meses del 2021 las cuentas externas en concepto de gastos de turismo, tarjetas y transporte en el exterior tuvieron un déficit de USD 1.500 M. Cifra históricamente muy baja -por caso, en el mismo período de 2017 era de USD 8.000 M- y prácticamente igual a la del año pasado cuando el turismo estaba casi cerrado. Pero aun así la situación es tan crítica -y ante la llegada de la temporada turística alta- que el gobierno decidió reprimir aún más a los ciudadanos.

Por otro lado, continúa el informe de Invecq, en octubre los dólares destinados a importaciones de bienes fueron de solo USD 4.500 M mientras que en septiembre había sido de 6.000 M. O sea, no es cierto que se limite el acceso a divisas para viajar con el objetivo de no trabar la importación de bienes para la producción, porque vienen cayendo sustancialmente los dólares a los que pudo acceder el sector importador.

                    Por cierto, el mercado de cambios digitado desde el gobierno significa que, a los exportadores, primero, les confisca su trabajo con las retenciones y luego le entrega pesos devaluados con el tipo de cambio artificial. Y, para remate, luego los asfixia con impuestos de todo tipo. Esto hace que los estímulos por exportar sean escasos y siempre falten dólares.

                    Irónicamente, por miedo a que se dispare el IPC -que el gobierno llama “inflación”- mantienen artificialmente bajo el cambio del dólar lo que desalienta fuertemente la exportación, la entrada de dólares, a la vez que provoca una disminución en la producción, ergo, la demanda de pesos. En otras palabras, el control de cambios presiona fuertemente para que suba el cambio al llegar pocos dólares y demandarse menos pesos. Así, si bien el blue se mantenía relativamente estable gracias a que, de momento, la emisión de pesos está relativamente controlada los “dólares financieros”, a falta de alternativas en un mercado cada vez más reprimido, superaban los $ 220 por dólar.

                   Las estadísticas de comercio exterior, que muestra Cachanosky, evidencian que las cantidades exportadas por Argentina están estancadas hace 16 años. O sea, que cuando algún año suben las exportaciones se debe a que subieron los precios de los commodities y no por mayor productividad.

Como puede verse en el siguiente gráfico de la consultora GRA, el atraso cambiario que promovió el gobierno durante este 2021 ha llevado al tipo de cambio real a valores inéditos desde junio de 2018 antes del anuncio del primer acuerdo con el FMI. Y se puede ver que la baja en las exportaciones -según el gráfico anterior- coincide con la baja en el tipo de cambio que, obviamente, desalienta a los exportadores.

En fin, el gobierno tiene que desregular -quitar la represión policial sobre el mercado- y bajar sustancialmente la carga represiva impositiva para lo que debería vender las propiedades deficitarias, además de la baja del gasto que se produciría como consecuencia de una fuerte desregulación que llevaría al pleno empleo dejando de lado los planes sociales. Sin estas reformas es probable que vuelva una fuerte recesión. Analistas estiman que podría producirse a partir del segundo semestre del 2022, con una caída de la actividad que superaría el 3% en 2023. Por el contrario, para salir de esta situación de deuda impagable, la economía nacional debería crecer a tasas del 6% anual en los próximos años.

                     De momento, los principales perjudicados son los más pobres -los más débiles, los que sufren más la violencia- en la escala económica. Para empezar, la feroz carga impositiva cae con más fuerza sobre los más pobres ya que las empresas los pagan subiendo precios o bajando salarios. Y ahora no pueden ni pensar en hacer el esfuerzo de enviar a un hijo a un viaje de estudios en cuotas al exterior, mientras que a los ricos poca diferencia les hace comprar los pasajes de contado y no tienen problema en comprar lo que aquí no consiguen en el exterior y, llegado el caso, no tienen problema en radicarse fuera del país -al menos legalmente- con tal de escapar de la violencia del Estado argentino.

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