La Argentina y la máquina de repetir fracasos

Manuel Adorni

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso

Analista económico, comunicador y docente. Licenciado en economía de la Universidad Nacional de La Plata.

NOTIARSobre el fin del año, los argentinos deberán brindar por no seguir cometiendo los errores del pasado. Si estamos rodeados de pobreza, miseria y desocupación, algo mal se ha hecho

Este año que se va no se destacará por permitirnos grandes festejos. En materia económica seguramente lo más destacable termine siendo el rebote en la actividad. Observaremos impresionantes números de “crecimiento” que solo serán la muestra de que se ha recuperado parte de lo que ha destruido mientras atravesábamos una cuarentena cavernícola implementada por el gobierno el año anterior. Nos quedará un interminable sabor a poco. Por el resto, no hay mucho más por festejar. 

Incluso este año 2021 se despide mientras se cometen los mismos errores de siempre, sin importar demasiado los fracasos del pasado. Cuando se implementó sobre el final del primer semestre el cepo a la exportación de carne, muchos lo advertimos: no iba a funcionar. Más allá de lo que indicaba la lógica, este modelo de control del sector cárnico ya había visto su ocaso unos 15 años atrás durante el gobierno de Néstor Kirchner. Pero no importó ni la lógica ni la experiencia y nuevamente se han topado con la realidad. Se perdieron exportaciones (y con ellas divisas), puestos de trabajo y lo más importante: el precio de la carne se disparó muy por encima de la inflación, por lo que no se cumplió el objetivo principal. Nada que cualquier observador no haya podido predecir.

Las deudas se pagan es una de las premisas que todos llevamos dentro. En la Argentina también tenemos experiencia y sabemos cuáles son las consecuencias de no hacerlo. Nuestros años viviendo en un estado de cesación de pagos nos han permitido concluir que esas situaciones nos propician en el mediano plazo más pobreza y más recesión. Aún con toda la evidencia a la vista, coqueteamos con la idea de un acuerdo con el FMI “sin concesiones”. Agredimos al organismo, le asignamos toda la responsabilidad a Mauricio Macri de lo ocurrido y un sector político hasta fantasea con la idea de “no pagar”, creyendo que el país no funciona simplemente por lo cuantioso de nuestras deudas y no por décadas de desidia, la negligencia y la corrupción que han reinado en la Argentina durante décadas.

Un acuerdo que debió haberse sellado hace mucho tiempo atrás, hoy se transformó en la bandera de piquetes y hay oficialistas que pretenden hacernos creer que ellos no han sido responsables de absolutamente nada. Incluso una Diputada de la Nación expresó su deseo de que el Fondo Monetario Internacional indemnice a la Argentina. Sería hasta simpático escuchar estas declaraciones si no fuese porque salen de la boca de aquellos que dirigen los destinos de la patria.

Estamos despidiendo el año con un nuevo fracaso asegurado. Se ha extendido (con cierta flexibilización) la prohibición de despedir y el pago de la doble indemnización para los despidos sin causa. Esta idea de que se puede lograr la felicidad por decreto es la misma que hace que problemas que ha resuelto el mundo hace medio siglo, como la inflación, nosotros aún no sepamos por donde arrancar para solucionarlos.

El único empleo que ha crecido durante el gobierno de Alberto Fernández es aquel que proviene del Estado o de trabajos informales. No se ha creado de manera genuina un solo puesto de trabajo de calidad en la República Argentina en los últimos veinticuatro meses. Estas medidas irracionales no hacen más que seguir mostrando nuestra débil seguridad jurídica, nuestra falta de respeto a las instituciones y además dan acabada muestra de nuestro atraso y falta de idoneidad para resolver las urgencias de un país hundido en la miseria y el subdesarrollo.

La Argentina deberá brindar esta vez por no seguir repitiendo los errores del pasado. Debemos entender que, si estamos rodeados de pobreza, miseria y desocupación, algo mal se ha hecho. Si no logramos comprenderlo, un nuevo fracaso está asegurado y esta vez no podremos echarle la culpa a nadie más que a nosotros mismos.

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