La agresión de Putin, el impacto de las sanciones y la Argentina

INFOBAE Por Enrique Blasco Garma, Consejero Académico de LyP – La invasión a Ucrania valorizaría tanto los recursos argentinos, la inversión y los empleos productivos, como liberen de cepos y regulaciones. No obstante, el Gobierno embiste contra la economía, recortando las ventajas competitivas que aún tenemos los argentinos. Si la democracia funcionara, no perderíamos esta oportunidad.

Ucrania y Rusia conforman el 30% de las exportaciones mundiales de trigo, 17% de maíz, 50% de girasol. Además, Rusia es segundo principal exportador de gas y petróleo del mundo.

El conflicto impide producir y el fluir de transportes. Consecuencias de la guerra impactarán en todo el planeta, hambreando a millones de personas y retaceando las fuentes de energías. Argentina podría mostrarse solidaria, reduciendo las trabas a la producción y exportaciones, retenciones, impuestos, regulaciones, laborales y muchas otras.

La guerra convencional es también respondida con sanciones económicas sin precedentes que castigan al pueblo ruso y a toda la humanidad, con la expectativa de debilitar la agresión de Putin

Las sanciones económicas a Rusia y las desconfianza hacia las intenciones de China alteran el comercio y finanzas mundiales. Mientras la globalización había unificado los mercados, daba lo mismo quien era el proveedor, ahora las sanciones económicas empujan a diferenciarlos según los países de origen. Se abre una nueva era, por lo menos en tanto Putin esté al mando. Y China no transparente sus intenciones.

La invasión ordenada por Vladimir Putin es una flagrante violación de bienes públicos, destructiva de vidas y propiedades. No sólo en Ucrania, también en Rusia y todo el planeta. Las comunicaciones mundiales patentizan las violaciones y despertaron reacciones novedosas. La guerra convencional es también respondida con sanciones económicas sin precedentes que castigan al pueblo ruso y a toda la humanidad, con la expectativa de debilitar la agresión de Putin.

Las sanciones financieras están devastando las transacciones y economía de Rusia. Mientras los sistemas financieros de las democracias absorben el golpe.

Desde la invasión iniciada el 24 de febrero los eventos se aceleran. Europa, EEUU y otras naciones conmovidas ante la amenaza se unen en su propia defensa. El 28 de ese mes, el BIS, Banco de Pagos Internacionales, aisló a Rusia y a su banco central, CBRF, de sus reservas internacionales domiciliadas en las principales jurisdicciones. Medida sin precedentes aún durante la 2º Guerra Mundial.

Cuánto mas parejas las normas que rigen los intercambios, tanto dentro del país, región, como con el exterior, más libres las competencias y mayores los ingresos obtenidos

Las instituciones mundiales castigan los incumplimientos, especialmente si son repetidos. Los argentinos avanzaríamos reconociendo que incumplir contratos conlleva despreciar derechos ajenos.

Nuestros burócratas focalizan en atenuar el impacto de las novedades mundiales en los precios. Buscan culpables para aliviar sus incompetencias. En contraste, los emprendedores contemplan el cuadro completo, las oportunidades y valorización de los recursos del país abriendo inversiones y expansiones productivas que dejarían atrás la pobreza, las penurias por la deuda externa y la falta de divisas. Los once años de Convertibilidad, paridad dólar con el peso, validan la receta. Cuando la moneda es estable, nadie conspira para alzar los precios.

El juego de la economía es tan sencillo de comprender como cualquier deporte colectivo. Las personas se distinguen por sus deseos y habilidades singulares, diferentes. La buena organización de la sociedad procura desarrollar y satisfacer tales diferencias individuales. Cuánto mas libre de trabas artificiales, cada persona proveería mejor los bienes y servicios que le conviene para disfrutar los ofrecimientos de la competencia. Todos se benefician con las ventajas de la coordinación de las actividades individuales en libertad. Lo que uno suministra, otro necesita; uno compra al que lo provee, poniéndose de acuerdo en las condiciones particulares de cada transacción. En contraste, los gobiernos mandones pretenden igualar precios, condiciones, para todos. Normalmente, cada individuo está empleado en lo que le resulta mejor para ganar los ingresos que satisfacen sus apetencias. Los 5.000 millones de trabajadores del mundo intentan hacerlo; aunque la inmensa mayoría está embretada, empobrecida, por los conflictos, barreras redundantes, a que está obligado a enfrentar. Una minoría, apenas 10% de la población mundial, habita en países que consiguen el 50% de los ingresos gracias a la estabilidad de los bienes públicos suministrados. El 90% restante de los humanos, asentada en sociedades pobres en bienes públicos, tropieza con obstáculos innecesarios para satisfacer sus consumos. Todavía, no se han liberado de las sumisiones a peajes que privilegian a algunos entorpeciendo al conjunto. Atrapados en telarañas ideológicas, no se han dado cuenta que podrían beneficiarse removiendo las barreras normativas y mentales que oprimen la competencia por los ingresos y desvalorizan las diferencias individuales.

Los argentinos avanzaríamos reconociendo que incumplir contratos conlleva despreciar derechos ajenos

Puede sorprender a muchos: las diferencias personales se valoran justamente con leyes, reglas, estables e iguales para todos. Cuánto mas parejas las normas que rigen los intercambios, tanto dentro del país, región, como con el exterior, más libres las competencias y mayores los ingresos obtenidos. La corrupción de las diferencias injustas, ineficaces, en las normativas de las actividades, entorpece las competencias y aumenta la pobreza.

Gran error es vincular la competitividad con el tipo de cambio. Las naciones son más o menos competitivas según las leyes, reglamentos, no establezcan diferencias arbitrarias en las actividades y a través de los tiempos. La misma ley, norma, precio, tarifa, estable para todos es la esencia de la competencia.

La actividad del Estado también debe ser competitiva, esto es, los esfuerzos individuales de los funcionarios debieran ser tan eficaces como los privados en brindar los bienes deseados. Las sociedades más prósperas invierten recursos muy relevantes en proveer los bienes públicos que coordinan las actividades privadas.

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