Calidad institucional: algunas moralejas para la Argentina

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Martín Krause

Miembro del Consejo Académico de Libertad y Progreso.
Doctor en Administración por la Universidad Católica de La Plata y Profesor Titular de Economía de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA. Sus investigaciones han sido recogidas internacionalmente y ha publicado libros y artículos científicos y de divulgación. Se ha desempeñado como Rector de ESEADE y como consultor para la University of Manchester, Konrad Adenauer Stiftung, OEA, BID y G7Group, Inc. Ha recibido premios y becas, entre las que se destacan la Eisenhower Exchange Fellowship y el Freedom Project de la John Templeton Foundation.

LA NACIÓN – En estos días se ha dado a conocer los resultados de la edición 2022 del Índice de Calidad Institucional, publicado por la Red Liberal de América Latina (Relial). Como en otros años, se pueden ver cambios que reflejan la situación institucional de más de 180 países, respecto al indicador del año pasado. El índice permite observar la evolución institucional, un proceso que siempre es necesariamente lento. Los países no cambian drásticamente su calidad institucional de un año a otro.

¿Cuáles son las principales enseñanzas o conclusiones que pueden obtenerse de este período? Aquí van:

Correlaciones. En distintos años el ICI ha analizado la vinculación entre la calidad institucional y distintos resultados que, en general, todos estimamos como valiosos. Así, por ejemplo, la relación existente entre calidad institucional y las oportunidades (2008), a partir de que aquellos países con mejor calidad generan más y mejores oportunidades para sus habitantes. Se consideró en ese caso al Índice de Desarrollo Humano que elabora el Programa de las Nacional Unidas para el Desarrollo (PNUD). También el vínculo entre la calidad institucional y la innovación (2010) mostrando que aquellos países que tienen más calidad son países más innovadores; con la calidad ambiental (2012); con el libre comercio internacional (2014 y 2017); con las inversiones (2015), con los flujos migratorios (2016). Otros negativos, donde la mayor calidad institucional reduce o elimina los problemas que ocasionan, como la corrupción (2018), o el populismo (2019).

También se analizaron temas como la competencia institucional (2007), las instituciones y las crisis económicas (2009), la dependencia de los recursos naturales (2011), las distintas teorías que buscan explicar las causas de la calidad institucional (2013), es decir, las razones por las que ciertos países pudieron llegar a tenerlas; las conmociones y revueltas políticas que atravesaron algunos de los países de la región (2020), y el impacto de la pandemia (2021).

Modelos a observar. El ICI no “mide” la calidad institucional, solamente evalúa la posición relativa de todos los países que sigue. Esto significa que no se puede afirmar que aquellos que ocupan los primeros lugares tengan instituciones perfectas, solamente que son mejores. Es natural que así sea, porque la perfección no existe en materia institucional. Pero hay ciertos países que han ocupado las primeras posiciones desde 2007, mostrando un notable desempeño y posicionándose como un modelo a seguir. Nueva Zelanda, Suiza, Dinamarca y Finlandia han ocupado los cuatro primeros puestos desde que se comenzó a producir el ICI, e incluso con la extensión del análisis hacia atrás, salvo 2018 y 2019 en que Finlandia estuvo en el 5° y 6° lugar. Nueva Zelanda ha ocupado el primer puesto en seis ocasiones, Dinamarca en cinco, Suiza en tres, Finlandia en dos. Ningún otro país ha ocupado el primer puesto en todos estos años.

SI bien estos países muestran una notable estabilidad y fortaleza de sus instituciones, también se observa que el cambio positivo es posible, que se puede mejorar. Aunque el ICI no llega a cubrir ese período, Nueza Zelanda no era ningún ejemplo allá por los años 1980s. Por el contrario, parecía un país atascado y enredado en una maraña de elevado gasto público, pesadas regulaciones, empresas estatales ineficientes, déficits y endeudamiento; hasta que se lanzó a hacer las reformas necesarias y perseveró en ellas hasta conseguir los resultados que hoy muestra.

Otros ejemplos de cambios positivos desde 1996 son los países bálticos (Estonia, Lituania y Letonia), los que fueron hasta 1989 parte de la Unión Soviética y se separaron para seguir sus propios caminos de reformas. Desde entonces, Rusia ha pasado del puesto 150° al 127°, pero Letonia está en el puesto 28°, Lituania en el 22° y Estonia en el 16°. Otros países que muestran mejoras son Taiwán, de 33° a 18°; Uruguay, de 41° a 31°; Eslovenia, de 52° a 34°; Eslovaquia, de 66° a 39°; Georgia, de 125° a 42°; Armenia, de 113° a 52°; Rumania, de 103° a 54°; Croacia, de 112° a 57°; Ruanda, de 146° a 62°; Albania, de 121° a 82°.

Modelos a dejar. Lamentablemente, también hay casos de retrocesos. Siempre desde 1996: Tailandia, de 46° a 85°; Belice, de 42° a 99°; El Salvador, de 57° a 100°; Argentina, de 44° a 116°; Ecuador, de 70° a 121°; Honduras, de 76° a 129°; Líbano, de 69° a 141°; Gabón, de 91° a 146°; Nicaragua, de 85° a 148°; Bolivia, de 40° a 149°; Mali, de 74° a 151°; Venezuela, de 109° a 180°. La caída es, en realidad, menor, ya que en esos años se incorporó al índice un buen número de países. De todas formas, el dato importante que de aquí surge es la presencia de un buen número de países latinoamericanos, dando muestra de que la calidad institucional ha caído en la región en las últimas décadas, y no parece, por el momento, que esa tendencia se esté revirtiendo.

Estabilidad e inestabilidad. Otra conclusión que puede sacarse de estos quince años es que no hay un cierto nivel de calidad garantizado. Entre los países de mejor calidad institucional se encuentran algunos cuya estabilidad institucional parece inalterable. No esperamos un deterioro o declive importante de los cuatro primeros mencionados y tampoco de los 15 o 20 que los siguen. No obstante, Estados Unidos ha caído desde el puesto 6° en 2006 al 17° en la actualidad, y ninguna de esas posiciones perdidas puede adjudicarse a la incorporación de nuevos países porque la caída se ha producido en los últimos años y no se ha sumado ningún nuevo país en ese lote de las primeras posiciones. Dada su importancia global, la caída es preocupante e impacta más allá de ese país.

Coherencia. En general, aunque no en todos los casos, encontramos un desempeño similar para cada país respecto a las instituciones políticas y las instituciones de mercado. Esto no siempre es considerado así. Por ejemplo, muchos creen que los países nórdicos tienen alta calidad de las instituciones políticas, pero con economías signadas por una fuerte presencia del Estado, altos impuestos, regulaciones, etc. Sin embargo, eso no es así. Si bien alcanzan mejores posiciones en las políticas, en las de mercado están muy cerca. Así, por ejemplo, Dinamarca está 4° en instituciones políticas y 5° en instituciones de mercado; Finlandia 1° y 10°; Islandia 10° y 17°; Suecia 5° y 19°; Noruega 2° y 21°.

No obstante, existen claros casos en los que el posicionamiento es bien diferente: Singapur es 1° en instituciones de mercado, pero solamente 61° en las instituciones políticas; Hong Kong es 4° en las primeras y 42° en las segundas, con alto riesgo de caer más a medida que China impone su poder allí; Estados Unidos se mantiene 6° en instituciones de mercado, pero ha caído al puesto 28° en las políticas. En América Latina, la Argentina está 76° en las políticas y 142° en las de mercado; México 106° en las primeras y 68° en las segundas.

Lo importante, en definitiva, es la tendencia, es mejorar. Como el ICI muestra algunos países lo han logrado, pero esto requiere comprender la importancia de las instituciones y sostener los cambios en el tiempo. El primer paso es siempre el más difícil.

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