Educard, un proyecto que puede ser la bala de plata frente a los paros docentes

Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago. Rector de la Universidad del CEMA. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Consejero Académico de Libertad y Progreso.

PERFIL Al igual que en el pasado, cuando la mal llamada oposición, sea cual fuese, se encuentra en el gobierno, el inicio de las clases se lleva a cabo en medio de paros y movilizaciones docentes. Miles de niños y adolescentes que concurren a escuelas de gestión pública pierden días de clase. ¿Y su educación a quién le importa? ¿A los sindicatos docentes? Es claro que no, la evidencia de su oposición a la reapertura de las escuelas en la pandemia es prueba contundente de ello.

Los sindicatos docentes toman a los niños de virtuales rehenes frente a sus reclamos justos o injustos, ello carece de la menor importancia.

¿Quién puede pensar que los días de clase perdidos se recuperan en la realidad? Por supuesto, los niños de familias desfavorecidas económicamente son los más perjudicados, hablar de igualdad de oportunidades es sencillamente un absurdo.

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Los chicos a los que hoy se priva de educación serán los desempleados de mañana. Es imprescindible que la sociedad tome consciencia de ello. De aquí a 20 años muchos de estos chicos probablemente subsistan en base a planes sociales

La educación, servicio esencial

¿No es eso acaso un riesgo de vida? ¿No se está destruyendo su futuro? Es claro que sí y, por ende, la educación debe ser declarada un servicio esencial regulándose el derecho de huelga en la actividad y defendiendo el derecho a la educación de los chicos y jóvenes cuyas vidas futuras son destruidas por el accionar de los líderes sindicales.

Sin embargo, eso no basta; es una condición necesaria, pero no suficiente, para transformar nuestra realidad educativa, dada la asimetría de incentivos y, por ende, de poder entre los sindicatos docentes y las familias.

A modo de ejemplo, tan sólo una tremenda crisis como lo fue la pandemia llevó a revertir esta realidad. Es claro que, si no hubiese sido por el incansable presionar en soledad de grupos de madres, auto convocadas mediante las redes sociales, la reapertura de los colegios se hubiese demorado aún mucho más, dado el recordado accionar de los líderes sindicales.

¿Cómo ayudar a las familias a defender el derecho a la educación?

En virtud de eso ¿cómo ayudar a las familias a defender el derecho a la educación de sus hijos?

Hace más de 10 años que planteo la posibilidad de instaurar una simple tarjeta, a la que denominé Educard, que permitiría cambiar sustancialmente el equilibrio de fuerzas entre los sindicatos docentes y las familias, al potenciar fuertemente el poder de decisión de los padres.

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La misma consiste en una sencilla cuenta de ahorro para gastos educativos, la cual protegería a las familias del irresponsable accionar sindical. Estas cuentas son una realidad en muchos estados de EE.UU y permiten a los padres que opten por retirar a sus hijos de escuelas de gestión pública a recibir un porcentaje de lo que el Estado habría gastado en su educación y con ello costear, por ejemplo, un colegio privado, ya sea religioso o laico, homescholling o cualquier otro gasto educativo habilitado.

Implementar Educard sería presupuestariamente factible dado que, al calificar para recibirla solamente los estudiantes que satisfagan los criterios establecidos por el gobierno, el programa no representaría una significativa carga financiera, pero marcaría un antes y después en la educación argentina.

Frente a los paros docentes que me atrevo a predecir serán un hecho común, dadas las imprescindibles reformas iniciadas por la administración del presidente Javier Milei, Educard sería un instrumento que permitiría defender el derecho a la educación de los niños y jóvenes que menos tienen y más necesitan.