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El asesinato de la reputación de un país

Hay un componente de la guerra psicológica llamado “asesinato de la reputación”. Tiene sus reglas y sus estrategas. El mayor de los expertos en estos crímenes morales fue el alemán comunista Willi Münzenberg. En gran medida, las naciones, como las personas, viven de la imagen que proyectan. Exactamente por eso existen fórmulas para destrozar la reputación de ciertas gentes y de ciertos países. Hay enemigos interesados en destruirlos. Es un arma muy antigua perfeccionada durante la Guerra Fría. Israel es víctima constante de estos ataques concertados a su reputación. Es parte de la permanente ofensiva de sus enemigos. Veamos la última batalla.

La American Studies Association (ASA) le ha declarado un boicot a las instituciones educativas israelíes. Se trata de una organización menor de académicos norteamericanos interesados en la cultura de Estados Unidos. Inmediatamente, le han salido al paso las poderosas Asociación de Universidades Americanas y la Asociación Americana de Profesores Universitarios.

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Estas dos grandes agrupaciones han hecho algo éticamente correcto, pero han picado el anzuelo. Quienes están detrás de este intento de asesinato de la reputación israelí buscaban exactamente eso: colocar el foco del debate sobre un cúmulo de falsedades para conseguir desacreditar totalmente a su adversario.

Las aparentes razones de ASA para declarar el boicot descansan en el supuesto maltrato de los académicos y estudiantes palestinos (no aportan ningún dato concreto). En la ocupación de territorios árabes (ignoran que es la consecuencia de conflictos bélicos generalmente iniciados por los vecinos). En la erección de un muro (dolorosamente necesario para proteger al país de los atentados de los terroristas suicidas de la Yihad Islámica). Y en el hecho de que las universidades israelíes colaboran con el gobierno en materia de defensa (como hace cualquier sociedad responsable, especialmente si vive bajo la constante amenaza de ser destruida). El boicot, además, tiene un fuerte componente “antiamericano”, en la medida en que condena la política de Washington con Israel.

Seamos serios. Según los síntomas, probablemente se trata de una discreta iniciativa política de Hamas, la organización terrorista subsidiada y adiestrada por Irán que maneja la Franja de Gaza con mano de hierro, y desde donde han lanzado miles de misiles contra el territorio de Israel. Naturalmente, el objetivo de Hamas no es ese ridículo boicot, sino anotarse otro triunfo el campo de las percepciones políticas: presentar a Israel como un estado racista y guerrerista al que no se debe respaldar bajo ninguna circunstancia.

No todo Hamas está compuesto por asesinos carentes de sutileza. La banda es muy hábil en la manipulación de incautos. Es posible que los jerarcas de ASA y casi la totalidad de los 1252 profesores que votaron a favor del boicot no tengan la menor idea de que forman parte de una “acción encubierta” contra un país, ideada por un grupo terrorista. Se le atribuye a Lenin la expresión “idotas útiles” para referirse a este tipo de ingenuos. Lo son.

Esta pérfida maniobra encierra, además, un par de paradojas. El 20% de la población de Israel es árabe. Hay miles de estudiantes árabe-israelíes en las numerosas universidades del país. En cuatro de ellas enseñan varios premios Nobel, están entre las 100 mejores del mundo y editan muchas de las publicaciones científicas de que el país dispone. Esas cuatro excelentes instituciones son la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Instituto Weizmann, la Universidad de Tel Aviv y el Instituto Tecnion. Si ese boicot fuera efectivo (ése no es su propósito) estos árabes se verían perjudicados.

Pero también sería contraproducente para el resto del mundo. No debe olvidarse que Israel es uno de los países que más invierte en investigación y desarrollo y de los que más innovaciones e invenciones genera para beneficio directo e indirecto del planeta. Lo he escrito antes: ese pequeño estado es un verdadero think-tank del que se sirve toda la humanidad. Perjudicarlo es perjudicarnos a nosotros mismos.

Es prudente advertirlo: asesinar la reputación de Israel es el primer paso para proceder a la destrucción física de esa nación. ¿Exagero? Así ocurrió en la primera mitad del siglo XX. Hitler y sus nazis comenzaron por asesinar la imagen de los judíos. Luego asesinaron a los judíos directamente. Ésa es la secuencia del horror.

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Las opiniones vertidas en esta nota son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la opinión de la Fundación Libertad y Progreso.

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El modelo económico K: a recursar Economía I

Cuando los economistas empezamos la facultad, lo primero que vemos en Economía I es la teoría de la oferta y la demanda, que aprendemos a graficar. Todos estudiamos que en un mercado cualquiera, el precio de un bien o servicio se fija donde se igualan la oferta y la demanda. Esto determina un precio (P0) y una cantidad (Q0) en la que todo lo que se produce se compra.

En nuestra historia (y durante este gobierno también) se han fijado precios máximos y, en Economía I, lo que uno aprende es que a ese valor menor que el que fijaría el mercado, los productores querrán ofrecer menos (Q1) y los consumidores querrán adquirir más (Q2), ya que el precio es más barato. Por supuesto, eso genera una brecha que la gente conoce como desabastecimiento. Es decir, góndolas vacías o el famoso “sólo se puede llevar uno por persona”. Nada nuevo en la larga experiencia que tenemos los argentinos con las nefastas y persistentes políticas populistas.

Un caso emblemático de esto es el actual cepo cambiario. Durante 2011, el gobierno incrementó el gasto primario (32%) muy por encima de lo que permitían sus ingresos. Por lo tanto y ante la inminencia de las elecciones, exprimió al Banco Central (BCRA) que, para poder transferirle lo que le demandaba, empezó a cobrar un mayor impuesto inflacionario a los argentinos. Esto significaba depreciar fuerte la moneda local; lo cual impulsaba al alza la demanda de dólares y, por ende, su precio. Como el gobierno no quería mostrar una fuerte devaluación, con su costo en el alza de la canasta básica que consumen los sectores de menores ingresos, el BCRA contuvo su alza. Es decir, puso un precio máximo.

Como vimos antes, esto generó una menor oferta de divisas (Q1) y alentó aún más la demanda (Q2). Para que no terminara en desabastecimiento, el BCRA tuvo que proveer de sus reservas la moneda extranjera faltante (la diferencia entre Q1 y Q2) y perdió US$ 6.022 millones durante 2011. Pasadas las elecciones, en vez de contener el aumento del gasto y dejar de expoliar al BCRA, el gobierno decidió cambiar su Carta Orgánica para diluir las pocas restricciones que todavía quedaban para que pudiera seguirle financiando sus excesos de erogaciones. Por lo tanto, o el BCRA continuaba perdiendo reservas o forzaba una baja de la demanda (a D2), cosa que hizo instalando el cepo y sacando del mercado cambiario oficial a los particulares y parte de los requerimientos de las empresas. Por lo tanto, al principio, dejaron de perder reservas e, incluso, hasta compraron dólares.

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El problema es que siguieron emitiendo a más no poder y depreciando el peso. En la medida que el tipo de cambio oficial no reconocía esa pérdida de valor, volvió a transformarse en un precio máximo, por debajo del que equilibraba el mercado oficial, y el BCRA tuvo que volver a abastecer el faltante de oferta. Conclusión, en la actualidad no tenemos escasez de dólares, sino un desabastecimiento que cubre con su stock el BCRA. El problema es que éste se acaba y sobrevienen las crisis. Por eso, es que han aumentado el ritmo de la devaluación o, lo que es lo mismo que incrementar el precio máximo, para reducir la brecha a cubrir; aunque resulta insuficiente y, con esa sola decisión, no basta.

Otro caso emblemático de este gobierno es lo que sucede con la energía. Se fijaron precios máximos al petróleo y el gas, lo cual incrementó fuerte la demanda y redujo la oferta. Al principio, para evitar el desabastecimiento se restringió la exportación y se les pusieron elevadas retenciones. Así se volcó al mercado interno, parcial o totalmente, lo que antes se vendía al exterior. El problema es que a esos precios, no era conveniente invertir (léase: buscar nuevas reservas) y es así como nos fuimos comiendo el stock de hidrocarburos disponible. Acá estamos y las soluciones van en el mismo sentido. Podemos identificar a otra tanda de funcionarios economistas que serían bochados en Economía I.

En el negocio de la generación y la electricidad pasó algo similar. Al principio, el precio máximo del congelamiento de las tarifas se hizo a costa de las ganancias o pérdidas de las empresas. Cuando esto fue imposible de sostener, el gobierno empezó a hacer transferencias para cubrir ese subsidio al consumidor. Así garantizó que no hubiera desabastecimiento haciendo que los contribuyentes pagaran la diferencia. Sin embargo, nadie invierte si se rompen los contratos y nunca más se vuelven a fijar condiciones estables de operación o si sus ingresos dependen mayormente de la firma y la arbitraria voluntad del funcionario de turno. Así es como hoy nos encontramos con que la electricidad no alcanza cuando hay un par de días de calor intenso o el sistema de distribución, ya amortizado y excedido en su capacidad, falla dejando a los argentinos en la oscuridad y, en muchos casos, sin agua en el “infierno”.

Todos saben que para normalizar el servicio son necesarios miles de millones de dólares que el gobierno no tiene y que, por ende, sólo pueden poner las empresas que no lo han hecho porque las reglas de juego que les fija el gobierno son absurdas. ¿Cuál fue la solución oficial? Citarlas y amenazarlas con estatizarlas si no normalizan el servicio. ¿Qué haría Ud. ante la amenaza de que le quiten su compañía? Se lo digo, si pensaba invertir un dólar o gastar algo más en mantenimiento, no lo hará y todos los argentinos estaremos peor.

Como vemos, se pueden seguir sumando funcionarios que pasaron por Economía I y cabe preguntarse cómo hicieron aprobar la materia. Quizás algunos, luego de ver en materias posteriores, complicadas ecuaciones, se olvidaron de la simplicidad de la oferta y la demanda. Pero lo peor es que para anticipar lo que sucedió, ni siquiera era necesario haber estudiado economía, sólo tener sentido común que, como vemos, por lo menos en mi profesión, no es el más común de los sentidos.

*PUBLICADO EN ÁMBITO FINANCIERO, LUNES 30 DE DICIEMBRE DE 2013

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Cortes de luz: el costo de la fiesta de consumo

La crisis energética que se tradujo en los padecimientos que sufrió mucha gente con cortes de luz durante días, falta de agua, pérdida de alimentos porque no funcionaban las heladeras, etc. es parte de la factura que hay que empezar a pagar por la fiesta de consumo artificial de todos estos años de populismo.

Desde esta columna insistí hasta el cansancio que el gobierno, en su búsqueda de apoyo político, había exacerbado el consumo en forma artificial. La gente estaba feliz comprando televisores, celulares, autos, zapatillas y demás bienes de consumo durable, todo en 50 cuotas y “sin intereses”. La advertencia era que ese consumo no estaba fundado en un aumento de la productividad de la economía derivado de más inversiones, nuevos puestos de trabajo y mejores salarios reales.

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¿Cómo se financió entonces esa fiesta? En parte consumiendo el stock de capital existente. Uno de los mecanismos que utilizó el gobierno para estimular el consumo consistió en dejar congeladas las tarifas de los servicios públicos (luz, gas, agua, transporte) para que la gente gastara menos en esos rubros y ese  dinero pudiera destinarlo a comprar bienes de consumo durable y no durable. Ahora bien, ¿cómo se financiaron esas tarifas baratas de servicios públicos? Con subsidios y consumiendo el stock de capital.

Lo que hizo el gobierno fue no dejar margen para que se mantuviera y ampliara el sistema energético, tanto en la generación, como en el transporte y en la distribución. En los días que colapsó el sistema energético, y va a seguir colapsando cada vez que la temperatura suba, también se estuvo al límite de colapsar la generación de energía porque se está al límite de la capacidad de generación. Para que se entienda mejor tomemos un equipo de fútbol, el director técnico tiene que tener un plantel mayor a los 11 jugadores porque siempre habrá alguno lesionado, con tarjetas amarillas o rojas que no les permiten jugar por algunas fechas, etc. El director técnico necesita más que 11 jugadores, más los que van al banco. Con el sistema energético pasa lo mismo. Si el sistema puede producir 100, no siempre está produciendo 100 porque hay equipos que entran en mantenimiento, o las represas no están trabajando a full porque no tienen suficiente agua y otros problemas. El sistema energético tiene que tener más jugadores en el banco para reemplaza usinas que puedan fallar o entrar en revisión técnica. Bueno, por falta de inversiones, el sistema energético argentino está como un equipo de fútbol con solo 11 jugadores y, encima, algunos tienen que jugar lesionados porque no hay reemplazos.

Luego está el problema de la distribución. Mucha gente ha protestado contra EDENOR y EDESUR por no tener luz. Claro, es la cara visible del problema y el gobierno, como es su costumbre, le echa la culpa a estas empresas por la falta de luz. La realidad es que de los miles de millones de dólares que se malgastan en subsidios energéticos no van a parar a las distribuidoras, que son EDESUR y EDENOR en CABA y gran Buenos Aires. Apenas reciben unos pocos pesos y sus balances están en rojo porque las tarifas que ellos cobran no les alcanzan ni para pagar la energía que distribuyen en los domicilios. ¿Dónde va el dinero? A cubrir la diferencia entre lo que cuesta generar la energía y lo que se cobra por ella. Por eso las distribuidoras de energía no pueden mantener adecuadamente la parte del sistema energético que les corresponde. Transformadores, cables, cuadrillas de mantenimiento, sueldos, etc. son parte del costo que no es cubierto por los ingresos que reciben por distribuir la energía. La realidad, que el gobierno se niega a reconocer, es que ellos sabía que para sostener artificialmente bajas las tarifas de energía había que subsidiar la generación de energía y consumirse el stock de capital heredado de los 90. Sí, hasta el antimenemista más acérrimo debería reconocer que el mejor marco regulatorio de las privatizaciones de los 90 fue el del sistema energético. El kirchnerismo heredó ese fenomenal stock de capital en generación, transmisión y distribución de energía. Recuerdo que al comienzo del gobierno k uno conocedor de estos temas me dijo: estos bichos tardan mucho en morir, refiriéndose al aparato energético. Bueno, ya están muriendo. Ahora bien, no mueren por muerte natural, sino que fueron asesinados para alimentar la fiesta artificial de consumo.

Según mis cuentas, entre 2006 y 2013 se destinaron subsidios al sistema energético por U$S 57.500 millones. A pesar de semejante cifra, hoy la gente no tiene luz y encima hay que estar importando combustibles para sostener en funcionamiento la generación. Más disparatado no podía haber resultado el esquema. Pero la realidad es que la furia de la gente por los cortes de luz debería ser contra ella misma. O al menos deberían ponerse furiosos aquellos que ingenuamente votaron este modelo porque les permitía comprar celulares, televisores y todo tipo de electrodomésticos. Lo que no le dijeron o mejor dicho se lo dijeron muchos expertos y no quisieron escuchar, fue que esa borrachera de consumo tenía como destino la actual falta de luz con todos los problemas que ello acarrea. Que esa borrachera se financiaba, en parte, con este consumo de stock de capital que conducía a no tener luz. Y ahora que no tenemos luz, Capitanich, muy suelto de cuerpo, sale a decir que si las empresas no están dispuestas a prestar un buen servicio, el Estado se encargará directamente de prestarlo. Es decir, amenaza con una estatización. En el mundo k todo es posible, la pregunta es: ¿con qué dinero van a financiar la compra de nuevos transformadores, cables, costo de las cuadrillas, etc. si tienen el tesoro tiene un déficit fiscal fenomenal de más de $ 100.00?0 millones este año? Digo, ¿con qué van a financiar el las inversiones sin tocar las tarifas que les permiten aplicar a las distribuidoras?

Es lo mismo que pasa con los trenes. Le dieron a la gente un boleto “barato” pero se producen accidentes fatales y otros no tan fatales pero serios que no salen en los diarios. Qué responda el gobierno, ¿si la semana pasada una formación de la línea Retiro-Tigre no tuvo que parar en el medio de estaciones, abrir las puertas de los vagones y decirle a la gente que saltara porque se incendiaba el tren?

Otra forma de financiar el consumo consistió en consumir el stock de capital en rutas. Basta transitar algunas de las principales rutas nacionales de la provincia de Buenos Aires, la 3, la 5, la 7 y la 8, para advertir el riesgo que implica manejar en esas viejas cintas asfálticas que ni siquiera están preparadas para soportar el paso de los gigantescos camiones que transportan mercaderías.

El kirchnerismo se consumió nuestros ahorros en las AFJP, el sistema energético, las rutas, los puertos, las reservas del BCRA y encima nos matan con impuestos para financiar un gasto público gigantesco que no brinda los más mínimos servicios de los que tiene que brindar el Estado como, por ejemplo: seguridad.

Y como si todo esto fuera poco, la gente no solo padece la falta de luz, sino que, encima, la inflación nos está liquidando a todos. No les alcanzó con consumirse el stock de capital, esquilmarnos impositivamente y destruir el patrimonio del BCRA, que ahora la inflación se siente cada vez con mayor intensidad. El resultado es la caída del salario real y menor consumo. Así que ahora, gracias a ese populismo desenfrenado, tenemos menos consumo, falta la luz y, para colmo,  hay que importar combustibles.

Si lo que hicieron en todos estos años fuera una venganza cruel contra la gente, podríamos decir que les salió perfecto. Primero la drogaron con una fiesta de consumo y ahora no saben cómo parar los aumentos salariales que se les vienen encima.

En síntesis, la falta de luz que tanta furia genera en la gente es parte del costo que hay que pagar por la borrachera de consumo irresponsable que impulsó el gobierno. La mala noticia es que la falta de luz es solo una parte de la cuenta que hay que pagar. Espere unos meses más y verá la otra parte de la cuenta que le presentarán.

*PUBLICADO EN ECONOMÍA PARA TODOS, 22 DE DICIEMBRE DE 2013

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La idea de progreso en Warren Nutter: un apunte

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Hay mucha bibliografía sobre el concepto de progreso, pero el ensayo del profesor Nutter es de especial interés. Un trabajo publicado por Liberty Fund titulado “Economic Wealfare and Wealfare Economics” incluido en una recopilación de varios otros de sus escritos en el libro Political Economy and Freedom editada por la mencionada Fundación, en 1983.

Warren Nutter fue condiscípulo de James Buchanan en la Universidad de Chicago donde obtuvo su doctorado en economía. Posteriormente fue profesor en la Universidad de Yale y finalmente en la Universidad de Virginia donde dirigió el Departamento de Economía.

En el ensayo de referencia, el autor se lamenta por el hecho de que la expresión progreso se utilice muy poco entre los economistas para reemplazarla por desarrollo “que significa más de lo mismo”. Un tumor se desarrolla, sin embargo el progreso alude a un futuro abierto. Por eso es que los planificadores de vidas y haciendas del prójimo reiteran el uso de la palabra desarrollo y pretenden planificar las “variables” conocidas, en cambio eluden el término progreso ya que, por definición, no es posible planificar lo que no se sabe en que consiste.

Estas reflexiones no se circunscriben a lo semántico, sino que se refieren a conceptos clave. El progreso no se limita al crecimiento de lo existente sino a la aparición de fenómenos nuevos imposibles de preveer. Por ese motivo es que los burócratas internacionales y los megalómanos locales no previeron los adelantos mas relevantes de la humanidad, mucho más ajustados han sido los pronósticos de los escritores de ciencia ficción que las ampulosas Comisiones de “expertos” (recuerdo el magnífico título de un libro de Ángel Prieto: Organismos internacionales, expertos y otras plagas de este siglo).

Progreso remite a un proceso en evolución basado en las preferencias de la gente en el mercado abierto. Implica un proceso competitivo en el que el conocimiento está disperso y fraccionado entre millones de personas, coordinado por el sistema de precios. En este sentido repito el ejemplo que utiliza John Stossel para ilustrar lo dicho. Nos invita a pensar en un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado a partir de lo cual sugiere que imaginemos el largo y complejo proceso en regresión. Los agrimensores, los alambrados con todos los proveedores y empresas en sentido horizontal y vertical y los postes con las talas y los extensos períodos para la plantación y crecimiento de la arboleda. La maquinaria para la siembra directa, los fertilizantes y plaguicidas. Las cosechadoras, las pasturas, el ganado, los molinos y las aguadas, la contratación de peones, los caballos, montura y riendas todo en el contexto de miles y miles de arreglos contractuales. Nadie en el spot está pensando en el mencionado trozo de carne, ni en el celofán ni en el supermercado, están concentrados en sus faenas específicas, sin embargo el producto finalmente está al alcance de los consumidores finales.

Este proceso se debe a los mercados libres, pero cuando irrumpen los planificadores de los aparatos estatales bajo el pretexto que “no puede dejarse el asunto a la anarquía del mercado” todo se distorsiona y aparecen los faltantes y los desajustes. Los planificadores del desarrollo no pueden concebir el progreso.

No solo eso ocurre con el consabido estatismo, sino que en la media de las intervenciones, como queda dicho, los precios no reflejan las estructuras valorativas con lo que se convierten en números carentes de significado, razón por la cual se dificulta la contabilidad, la evaluación de proyectos y el cálculo económico en general.  Esto naturalmente consume capital con lo que los salarios e ingresos en términos reales se reducen.

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Las opiniones vertidas en esta nota son de exclusiva responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la opinión de la Fundación Libertad y Progreso.

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Claves para recuperar la economía argentina

LA NACIÓN.- Luego de un mes de haber asumido sus cargos, Capitanich como jefe de Gabinete y Kicillof como ministro de Economía, no han tomado ninguna medida de fondo, más allá de los consabidos parches. Apretar un poco más el cepo cambiario y buscar la forma de disimular la caída de reservas pidiéndoles a las empresas que adelanten el ingreso de divisas.

No sorprende este comportamiento porque en rigor todos sabemos que la situación económica es lo suficientemente delicada. Mi impresión es que el mismo gobierno lo debe saber, aunque no lo reconozca. Y si no lo sabe, entonces sí que estamos en un problema más serio.

¿Es esta crisis igual a la de 2001/2002, puede esperarse una hiperinflación o se viene un Rodrigazo? Éstas son las típicas preguntas que me formulan. La gente tiende a visualizar la próxima crisis tomando como referencia las del pasado, que por cierto son bastantes.

Si bien todas las anteriores crisis tuvieron su origen en el desborde fiscal por fuerte aumento del gasto público y déficit fiscal, los escenarios son diferentes. Por ejemplo, en 2002 recurrieron a una licuación del gasto público vía una llamarada inflacionaria y devaluación, pero no tocaron las tarifas de los servicios públicos. Tema que se viene arrastrando desde entonces. Claro que la crisis de 2002 contaba con el stock de capital acumulado en inversiones en infraestructura, como el caso de energía. La elección fue consumirse ese stock de capital para financiar artificiales niveles de consumo y el costo actual es que la gente no tiene luz cuando hay dos días de calor seguido. Si 36 grados de temperatura justifican los cortes de energía, en algunas zonas de Brasil deberían vivir sin luz todo el tiempo.

Pero volviendo a los escenarios anteriores, no veo una hiperinflación por delante como en 1989. Sí me parece que el escenario que tenemos es más parecido al de 1975, cuando Celestino Rodrigo tuvo que destapar la olla del lío que había dejado José Ber Gelbard con la famosa inflación cero, que no fue otra cosa que un grosero congelamiento de precios y salarios en un contexto de déficit fiscal.

Mi impresión es que dado el nivel de distorsión de precios relativos, sobre todo en las tarifas de los servicios públicos y tipo de cambio, combinados con déficit fiscal, estamos en una situación similar, no igual, pero con un ingrediente más complicado que en 1975. En ese año, la pobreza era de 4,7%, y ahora, según el Observatorio de la Deuda Social de la UCA, es de 27 por ciento. El colchón social que tiene hoy la economía para corregir la distorsión de precios relativos es infinitamente menor que el de 1975.

Por el lado del tipo de cambio, mis cuentas dan que, a valores de noviembre de este año, el tipo de cambio real promedio de noviembre de este año está sólo 27 centavos por encima del promedio de enero de 1981 que fue el último mes de la tablita cambiaria de Martínez de Hoz. En este punto hay que ser muy claro: se mejora el tipo de cambio real mediante un extraordinario incremento de la productividad de la economía, lo que exige girar 180 grados en la política actual, y además tener capacidad de generar confianza, o se termina devaluando el peso como ha sido lo tradicional en cada crisis de los últimos 40 años, con la conflictividad social que ello implica. Quien crea que todos estos problemas se solucionan con dos analgésicos miente. Lo que no significa que no pueda sacarse adelante el país.

¿Cómo salir de esta crisis que nos dejan diez años de despilfarro económico? La parte dolorosa, que es recomponer los precios relativos, hay que afrontarla inevitablemente. Pero además hay que volver a tener una moneda, y para eso hace falta disciplina monetaria, lo que exige disciplina fiscal. Pero la disciplina fiscal con impuestos que matan la actividad económica no sirve. No se conseguirán inversiones con estas tasas impositivas, en consecuencia el esfuerzo es mucho mayor. Hay que bajar impuestos y gasto público. En el tema gasto, la opción es de hierro: o se tiene muchos empleados mal pagos o menos bien pagos.

La segunda parte del plan requiere algo más que un buen equipo económico. Se equivocan aquellos políticos que sugieren a Fulano o Mengano como ministro de Economía. No hay economista que pueda solucionar este problema si detrás no tiene una dirigencia política que le dé el marco institucional necesario para atraer lo más rápido posible inversiones que muevan la economía. Si esto se combina con un buen nivel de exportaciones, la posibilidad de empezar una senda de crecimiento económico en forma más o menos rápida es posible.

Si algún dirigente político le dice que va a solucionar este problema sin bajar el gasto público, puede estar seguro que le está mintiendo; porque lo hará, pero de la peor manera: licuándolo con una llamarada inflacionaria, es decir, destrozará los salarios de los empleados estatales y jubilados, pero no resolverá el problema de fondo.

En síntesis, habrá que esperar para ver si alguien toma el toro por las astas, o volvemos a las típicas "soluciones" a la argentina: devaluar, llamarada inflacionaria y a aguantar hasta la próxima crisis.

*PUBLICADO EN DIARIO LA NACIÓN, LUNES 23 DE DICIEMBRE DE 2013

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