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La Argentina en el G-20: una política de Estado

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ÁMBITO FINANCIERO.- En la primera semana de septiembre tendrá lugar en San Petersburgo la próxima cumbre del Grupo de los 20 o G-20. La mayoría de los argentinos tiene una noción muy vaga sobre lo que es el G-20. Para definirlo de manera muy simple, es la "mesa" donde se discuten los problemas más importantes de la economía y las finanzas internacionales y donde se definen las políticas que se implementarán para resolver estos problemas. La Argentina tiene un asiento en esa "mesa", pero corre el riesgo de perderlo. Para entender la génesis del G-20 y el porqué de su importancia vale la pena hacer un poco de historia. Después de la segunda guerra mundial el sistema monetario y financiero internacional se basó en los acuerdos alcanzados por EE.UU. y sus aliados en Bretton Woods. Un esquema de tipos de cambio fijos, el FMI y el Banco Mundial fueron los pilares sobre los que se sostuvo este sistema, que colapsó en 1973 con la devaluación del dólar. A partir de entonces surgió un sistema hibrido, en el que sobrevivieron el FMI y el Banco Mundial, liderados por el Grupo de los 5 (G-5) que incluía a EE.UU., Alemania, Francia, Inglaterra y Japón. Al poco tiempo el G-5 se expandió al G-7 con la inclusión de Italia y Canadá. Y a partir de 1997 se creó el G-8 con la incorporación formal de Rusia. Pero a los efectos prácticos el control del FMI y el Banco Mundial siguió en manos del G-7. La crisis del sudeste asiático en 1997 y la de Rusia al año siguiente, convencieron a la administración Clinton de incluir a un grupo de países emergentes en las discusiones relacionadas con la globalización financiera y la prevención de las crisis. Primero surgió el G-22 y luego el G-33, pero ambos probaron ser demasiado inflexibles y poco efectivos al momento de tomar e implementar decisiones. Como un compromiso,en 1999 el G-20, que incluía al G-8, la Unión Europea y un grupo de países emergentes que conjuntamente representaban más del 80% de la economía mundial y dos tercios de la población mundial. Más allá de China e India, cuya inclusión era inevitable, el resto de los integrantes del G-20 fueron seleccionados por EE.UU. con criterios relativamente vagos (además de mantener cierto equilibrio regional, sus miembros debían ser "sistémicamente importantes" y contribuir a la "estabilidad financiera global"). Tres países de América Latina fueron invitados: Argentina, Brasil y México. Los dos primeros tenían su lugar ganado por su participación creciente en la economía mundial. La inclusión de nuestro país fue en gran medida un reconocimiento a los esfuerzos de la diplomacia argentina a partir de 1990. En su concepción original, el G-20 era un foro anual del que participaban únicamente ministros de Economía y presidentes de bancos centrales. Su poder estaba subordinado al G-7, que controlaba el comité monetario y financiero del FMI y el Foro de Estabilidad Financiera (FEF). La crisis de 2008 fue el catalizador de un nuevo reordenamiento del sistema financiero internacional. En noviembre de ese año, EE.UU. convocó en Washington la primera cumbre de presidentes del G-20. Poco tiempo después, los líderes del G-8 anunciaron oficialmente que el G-20 sería el principal foro de discusión de temas de gobernanza y la cooperación financiera internacionales. Desde 2009 los presidentes de los países miembro se reunieron en seis ocasiones para definir los lineamientos de la arquitectura financiera internacional del siglo XXI. Una de sus primeras decisiones fue darles mayor voto a los países emergentes en el FMI y el Banco Mundial. Más allá de las ideologías, resulta obvio que ser integrante del G-20 tiene enorme importancia estratégica. El problema es que entre los miembros del grupo, la Argentina se destaca y no precisamente por características que reaseguren su permanencia. No sólo su economía es una de las más pequeñas, sino que además es el único miembro que se encuentra en situación de default, el que tiene la mayor tasa de inflación, la peor calificación crediticia, el que impone mayores trabas al comercio internacional, el que tiene menos inversión extranjera directa, el penúltimo en el índice de respeto de la ley, el que tiene menos respeto por la propiedad privada, el único que ha confiscado empresas de otros países miembros y uno de los que exhibe mayores índices de corrupción. Es muy probable que si el G-20 hubiera nacido en 2009 en vez de 1999 nuestro país no sería uno de sus miembros. Sin un cambio de rumbo, tanto en la política económica como en la política exterior, la Argentina corre un serio de riesgo de perder su posición en el G-20. La expulsión de un país de este grupo no tiene precedentes y no existen reglamentos o procedimientos para efectivizarla (supuestamente requiere unanimidad). Pero no es imposible. Sería pecar de ingenuidad (irresponsabilidad en el caso del Gobierno) suponer que la paciencia del resto de los miembros del G-20 con las "idiosincrasias" de la Argentina actual es infinita. Hay fuerte presión en varios frentes (incluso en el Congreso de EE.UU.) para reemplazar a la Argentina por otro país más confiable, estable y más integrado al resto del mundo. Los candidatos más mencionados son España, Polonia y Tailandia (Chile también tiene aspiraciones pero su economía es muy pequeña).

*PUBLICADO EN ÁMBITO FINANCIERO, VIERNES 9 DE AGOSTO DE 2013

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Argentina: Una manera de ver la relación emisión-inflación

En una nota publicada hace unos días, se ponía en tela de juicio la idea de que laemisión monetaria genera inflación. Es importante detenerse en esa discusión ya que varios políticos y economistas partidarios del oficialismo se empeñan en demostrar esa supuesta ausencia de relación entre ambas variables. En la nota mencionada, se reproduce el siguiente gráfico en donde pareciera no haber correlación entre emisión e inflación.

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Observando el gráfico de esta manera, es cierto, no parece haber correlación alguna. La Base Monetaria fluctúa mientras que el IPC-Congreso1 parece ser una línea recta. Sin embargo, analizando los datos con mayor detenimiento, hay 3 cosas importantes a tener en cuenta:

  1. Las escalas utilizadas.
  2. El impacto anualizado.
  3. La utilización de la Base Monetaria.

Las escalas utilizadas

Al analizar correlaciones lo que debe observarse es que las variables analizadas se muevan en la misma dirección (o no), y esto puede ocurrir a distintos niveles. Si esto sucede, para poder observar bien los movimientos es preciso utilizar dos ejes en el gráfico para poder observar con mayor claridad. Si al mismo gráfico expuesto más arriba simplemente se le agrega un eje secundario para medir el IPC-Congreso, podremos observar que de ausencia de correlación se pasa a tener algunos períodos de notoria correlación y otros no tanto, como puede observarse a continuación:

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Con el simple hecho de agregar un eje secundario para poder observar con mayor claridad los movimientos del IPC-Congreso mensual la historia cambia. Ya no se puede afirmar que hay ausencia de correlación o correlación leve.

Además, el impacto no es automático. Si se emite dinero, no quiere decir que automáticamente se generará inflación, se posee unos períodos de rezago hasta que se sienta el efecto. También dependerá de si la oferta monetaria crece más que proporcionalmente a la demanda de dinero.

Debido a que existe rezago de algunos períodos entre emisión e inflación, es más correcto observar las variaciones en términos anuales.

El impacto anualizado

Al tomarse períodos anualizados, es menor el impacto del rezago a si se tomaran datos mensuales. Además, al tomar datos anualizados se elimina el problema de estacionalidad, problema que sí se tiene al tomar variaciones mensuales como se mostró más arriba. La relación entre las variables es aún más clara si se toma un período más largo:

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La utilización de la base monetaria

Poco a poco la correlación va siendo más clara. Este tercer punto a analizar, el de la Base Monetaria, es más bien un comentario técnico.

La utilización de la Base Monetaria no es que sea incorrecta, pero en realidad lo que realmente importa saber es cuánto exceso hubo en la expansión monetaria. Todos los países pueden estar expandiendo su base monetaria, la pregunta es si están expandiendo de más, de menos o en una medida justa.

Si por ejemplo, la actividad económica crece en un año un 10%, no sería ilógico observar una expansión en una magnitud similar. El problema de la expansión se traslada a la inflación cuando hay un excedente de la misma que supera el crecimiento de la actividad económica. En otras palabras, si la economía crece un 10% pero la expansión monetaria lo hace a un 35%, se estaría expandiendo, un 25% extra. Por supuesto, esto funciona como un proxy y no como un dato totalmente certero.

Es importante aclarar, que la definición de inflación no es tan sencilla como parece. Por lo general los manuales de economía la definen como “un aumento generalizado y sostenido de los precios”. El problema con dicha definición es que si se duplican los precios pero también se duplica el salario de las personas, éstas no estarían perdiendo el poder adquisitivo. Por eso, una definición más acertada es la que elaboró el economista Ludwig von Mises al sostener que inflación es “el aumento más que proporcional de la oferta monetaria en comparación con la demanda de dinero”. Si la oferta monetaria se expande a un mayor ritmo que la demanda de dinero, entonces, la emisión comienza a transformarse en inflación. Si crece a igual ritmo no habría inflación, pero si hay inflación es porque la brecha entre oferta y demanda de dinero se incrementó, ya sea porque aumenta la primera o porque disminuye la segunda.

Conclusión

Se pudo observar como paso a paso, ajustando algunas variables la relación entre ambas variables  aumenta. Además, es conveniente analizar que sucede en los países y distinguir entre comportamientos generalizados y excepcionales. Siempre pueden existir excepciones, pero lo importante es analizar u observar que sucede en la generalidad.

Con motivo de responder este interrogante, el gráfico a continuación analiza en el eje de las Y la “inflación al consumidor promedio” entre 1960 y 1990 y en el eje de las X la “variación promedio anual de M2” para el mismo período. Los puntos negros representan diversos países. Cuánto más cerca se encuentren los puntos negros a la recta de 45°, más relación existente entre esas dos variables.

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Del gráfico puede observarse con claridad que la mayoría de los puntos se encuentran cercanos a la línea de 45° y que prácticamente no hay casos muy alejados de la recta. Esto quiere decir, que en la muestra de los 110 países, casi en su totalidad se ve una relación entre emisión e inflación.

Si realmente se quiere controlar la inflación debe controlarse la emisión. Intentar negar la relación entre emisión o inflación es negar la realidad con maquillaje estadístico. La historia ha venido mostrando dicha relación en mayor o menor medida.

Nota:

1. El IPC-Congreso, que se viene realizando desde mayo del 2011, surgió a partir de las amenazas y multas sufridas por las consultoras privadas que realizan la medición que es mes a mes anunciada por Diputados de la Nación en el Congreso (Patricia Bullrich –UPT-, Federico Pinedo, Pablo Tonelli y Paula Bertol –PRO- Ricardo Gil Lavedra y Juan Pedro Tunessi – UCR-, Gustavo Ferrari y Eduardo Amadeo -Frente Peronista-).

*PUBLICADO EN ELCATO.ORG, MIÉRCOLES 7 DE AGOSTO DE 2013

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"La actual política agropecuaria le hace mucho daño a las economías regionales"

El consultor y economista Aldo Abram, socio-Director General de la Consultora Exante y Director Ejecutivo del Think Tank "Libertad y Progreso", disertó en los salones del Jockey Club de Tucumán en el marco de un evento organizado por la Fundación Federalismo y Libertad; charla que formó parte del ciclo de eventos denominado "Claves para interpretar a la Argentina" que dicha ONG lanzó con el objetivo de analizar la realidad política, económica y social de nuestro país en un año electoral, como el corriente, y a la cual fue invitada a participar Revista PRODUCCIÓN.

Vale resaltar que dicho encuentro sirvió de marco para la presentación del área de Políticas Públicas de la Fundación Federalismo y Libertad, que estará a cargo del economista tucumano Gustavo Wallberg y que actualmente es presidida porJosé Guillermo Godoy; Fundación que tiene como objetivo la investigación y difusión de temas de políticas públicas, y promover las ideas de la libertad en el contexto de las relaciones sociales.

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En la charla, Aldo Abram se refirió al contexto político-económico actual, como así también proyectó el posible escenario del país y la situación agropecuaria para los próximos cinco años. Para el economista, el momento que vive la gestión de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner es crítico, tanto por el cepo cambiario, las trabas a las importaciones y otras políticas que amenazan el normal rumbo económico argentino. Abram sostiene que se está yendo hacia una crisis y asegura que el próximo gobierno va a agarrar un ajuste ya hecho.

En el mejor de los casos, el escenario monetario puede ser similar al de 2012, con una inundación de pesos hacia el final del año, que implicará sostener un nivel de inflación en torno de un 20% anual. Pero en algún momento, el gobierno deberá reconocer sus errores, en materia económica y una devaluación tiene un costo económico y un costo social".

El año pasado, tomando datos del sector privado en materia económica, surgió que fuimos (Argentina) el segundo país con peor perfomance en nivel de actividad, superados sólo por Paraguay, un país que tuvo ese año una crisis política e institucional muy importante y una sequía muy dura, que afectó su principal actividad que es la agropecuaria, por lo que en su caso, se justifica que le haya ido tan mal. En nuestro caso nada lo justifica. Y lo malo -lo llamativo para decirlo de algún modo-, Argentina, para este año está esperando que suceda lo mismo, que seamos el segundo país de Sudamérica en irle peor. Es muy probable que a la producción le vaya igual de mal no sólo por la sequía, sino también porque las políticas nacionales no han variado en absoluto su rumbo.

Desde el año 2003, con el gobierno de los Kirchner, hubo un gran gasto público, muy grande, donde se ha duplicado en términos de PBI y cuando uno mira el endeudamiento que hubo, se asusta un poco, porque las tasas son muy altas y seguramente van a repercutir en la economía en algún momento. O sea, cuando miramos la historia reciente, entonces ya sabemos de qué se trata. Es una carga muy importante sobre la espalda de todos los argentinos.

A partir de 2002, por ejemplo, se vivió en el país una recuperación de la economía muy importante, después de 4 años de caída muy fuerte, apoyado con vientos muy favorables a nivel internacional, un mundo demandante de productos agropecuarios, tasas de interés bajísimas en créditos, había mucha liquidez en todo el mundo y eso facilitó mucho el crecimiento de la economía nacional y, aportó a la vez, a la recaudación tributaria. Entonces como había en la Argentina sectores a los que les iba muy bien, como el campo -por el precio de los commodities-, el Gobierno le puso el ojo, y a través de las retenciones al agro y al petróleo obtuvo buenos réditos. El Gobierno Central le sacó gran parte de su rentabilidad y generación de renta al campo. Así, con ese nivel de presión tributaria importante, con esa mochila en sus espaldas, pretenden que corra la carrera de competitividad mundial con otros países exportadores de granos y carnes, todo un disparate. Claramente, el gran problema que tiene el Gobierno es que ellos pretenden seguir gastando, recaudar más impuestos apretando al sector productivo privado.

Pero la necesidad de recaudar más para cubrir el excesivo gasto social los llevó crear la famosa resolución 125, ley de retenciones móviles al campo, por lo que se produjo la rebelión fiscal, el gobierno no tuvo otra que dar marcha atrás con las retenciones móviles y entonces fueron por otra caja que estaba disponible para ellos: ofrecieron pasar voluntariamente a todos los que aportaban a las AFJP a la de Reparto, ahí hicieron una masa de flujo fenomenal. Además, vale la pena aclarar, también confiscaron los ahorros de los que aportaban en el Sistema Previsional de Reparto. O sea, el Gobierno de los Kirchner confiscó nuestros ahorros para los viajes, para aumentar el gasto. Fue otra caja tomada para "la fiesta". A todo esto quiero decir que hay una mala noticia: Hasta ahora han logrado financiarse con la ANSeS, pero a partir de 2015 va a empezar a dar pérdida, lo peor de todo es que a partir de 2020 el Fondo de Garantía estará confiscado del todo, se va a terminar. Así que vayan pensando quiénes les van a pagar sus jubilaciones. Eso significa un problema de endeudamiento de hasta 2 veces lo que es la deuda pública, es un problema fenomenal heredado por nuestras generaciones futuras.

En 2009 vieron que en 2010 iban a tener un bache importante de financiamiento a cubrir y ahí vino la decisión de avanzar sobre las reservas del Banco Central. Bueno, eso es algo muy preocupante, sacarle solvencia al BCRA es muy negativo y así como en 2010 y 2011 se financió el Gobierno con recursos del Banco Central, el impuesto inflacionario de este año es usar todas las reservar del Banco Central para pagar deudas y asumir gastos.

Ahora, pienso, si hay una crisis cambiaria ¿cambiará inmediatamente el eje del Banco Central? Ceo que sí, porque se tendrán que usar todos sus instrumentos para poder contener el problema y poder salir a asistir a los bancos. La pregunta es ¿tendrá flujo para salir a atender sus compromisos y evitar una cesación de pagos?. El problema de este Gobierno es que usan las reservas del Central como si fueran suyas y emiten sin control. Esa manera de actuar puede generar un gran problema de ahí que estén ahora con el tema del control de divisas extranjeras.

En materia agropecuaria, es sabido que las economías regionales hoy son las más afectadas. Si bien el Gobierno tiene un tipo de cambio especial que les reconoce a productores industrializados que exportan, no se está reflejando en el tipo de cambio y en el costo de los productores. En realidad le está haciendo una tremenda quita a los productores que generan bienes que son exportables y, siguiendo en ese camino, lleva a producir más soja sobre soja para lograr algo de rentabilidad en medio de producciones que no son tan viables por precios o imposibilidad de venderlas en tiempo y forma como el trigo o el maíz que tienen cupos. Ahora bien, si no podemos producir soja, apaguemos la luz y vayámosnos todos. En la zona núcleo de la Pampa Húmeda, cuando vendan la cosecha actual, comparando todo con el año pasado cuando recibieron el 60 por ciento contando las retenciones, esta vez van a recibir no más del 40 por ciento. En realidad, con suerte van a estar en el 40 por ciento. Pero digo yo, el señor qué va a hacer cuando proyecte sus inversiones futuras, va a querer llorar, porque como viene la mano, el próximo año con suerte va a recibir el 30 por ciento de lo que vale su producto en el exterior y eso lo va a llevar a invertir mucho menos y entonces recibirá por ende también menos. En la zona núcleo de la Pampa donde tendríamos que estar produciendo a más no poder se vive esa situación, imagínense en las otras zonas marginales, no van a poder producir ni siquiera para sobrevivir. El agua nos va tapando más rápido.

El sector agropecuario el año que viene va a estar mucho más ahogado todavía, aún si hubiera un plan de desdoblamiento cambiario, porque en ese caso, de que haya un plan de desdoblamiento cambiario, eso va a traer un alivio coyuntural, pero no va a tapar el problema de fondo, que permanece, que es el tipo de cambio especial que hay, que le van a seguir pagando a los productores y que no refleja para nada la devaluación que sufre el peso.

Hay un desequilibrio monetario en estos momentos en el país; estamos con una brecha muy alta entre el peso y el dólar y eso perjudica mucho no sólo al ahorrista, y al productor o industrial que exporta, sino también al país, al Estado. Hay que ver que también estamos perdiendo reservas sistemáticamente, entonces es lógico que se piense que puede haber una devaluación monetaria o una apertura de un mercado financiero y turístico, y de un mercado comercial; pero estimo que eso no va a ocurrir antes de las próximas elecciones parlamentarias. El problema es después. ¿Qué va a pasar?

Otro problema que se observa es que en este contexto de país donde hay un Gobierno central dueño de todo, vemos que las provincias han cedido facultades a la Nación que no son razonables, y revertirlo requiere de un cambio de actitud muy grande. No creo que eso pase con este régimen de gobierno tan autoritario. Hay que creer en el federalismo y esta gente que hoy gobierna al país no cree en eso ni una palabra.

Mi impresión es que los últimos tres meses va a haber una fiesta en el gasto por parte del Estado Nacional, como hubo todos los años de elecciones, la brecha va a ser muy grande porque va a haber una gran repartija de dinero para tratar de ganar las elecciones. No creo que eso cambie porque el gran gasto lo hubo siempre, en todas las competencias electorales con esta gente. El sector agropecuario está muy castigado en el país y sobre todo, las producciones regionales. En Tucumán vemos que la actividad azucarera está muy dolida y parte del dolor tiene que ver con el atraso cambiario. Si el tipo de cambio estaría en otro nivel, el sector podría exportar y ahí se acaba el problema. Es fundamental no seguir deprimiendo más artificialmente el tipo de cambio porque afecta y hace mucho daño a todas las economías regionales del país.

Sostuvo además "que la sociedad argentina tiene muchos mecanismos de defensa muy fuertes ante cualquier situación que genere incertidumbre o pánico respecto al rumbo de la economía". Destacó que esto hay que tenerlo muy en cuenta, porque si bien pueden aparecer situaciones como el blanqueo de activos, hasta las elecciones vamos a ver un gran estrés político. Un Gobierno tratando de ir por todo y eso generará una gran percepción del riesgo a futuro".

Indicó que cuando sucede eso, "la gente busca protegerse comprando activos externos y eso lleva indefectiblemente a una nueva suba del dólar paralelo". Agregó que "ésto es el reflejo del temor y con miedo no se consume ni se invierte. Más allá de que tengamos un veranito, es muy probable que en el segundo semestre ésto se desacelere y veamos tendencias recesivas el año venidero, porque no se resuelven los problemas causados por el cepo cambiario que ahoga a las actividades productivas".

*PUBLICADO EN REVISTA PRODUCCIÓN, JULIO 2013
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En el régimen fiscal del cambalache, el que no evade es “gil”

CLARÍN.- El impuesto a las Ganancias golpea a los trabajadores que tienen un ingreso un poco mayor del salario medio y, en particular, a aquellos que hacen horas extras o tienen una jornada extensa. El problema se escala por el impacto que tiene la presión tributaria sobre los salarios -sumado a la inflación- y por el riesgo que siga agudizando su accionar.

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En este sentido se advierten tres principales cuestiones: En primer lugar, la política que llevó a cabo el Gobierno ha reducido dramáticamente el nivel del mínimo no imponible, con lo cual más personas deben tributar.

Un segundo aspecto, quizás más significativo, es que se han achatado las escalas y son muchos más los alcanzados por la tasa mayor.

Esto no es otra cosa que un ajuste que nace entre la combinación de la caída del mínimo no imponible, la falta de actualización de las escalas progresivas de tributación y la creciente inflación. Es decir, que están ocultando la reducción en el salario de los trabajadores, sin ningún tipo de consulta al Congreso y que produce un fuerte desajuste, en los niveles de tributación, al cual están sometidas las familias argentinas.

En un tercer aspecto, sumado al ajuste inflacionario y tributario que sufren los trabajadores de nuestro país, encontramos el régimen excepcional que el Gobierno decidió darle a quienes no cumplieron con sus responsabilidades fiscales. Así, a quienes escondieron sus verdaderos ingresos -evadiendo- y compraron dólares se les otorga un perdón que excluye todo tipo de impuesto.

Probablemente esto se deba a la imperiosa necesidad del Ejecutivo de hacerse de divisas norteamericanas para atenuar la caída de las reservas y paliar el faltante de dólares disponibles.

En este sentido, cabe reflexionar sobre el estado de ánimo de un trabajador en relación de dependencia que cobra su sueldo en blanco y que ha visto crecer día a día la presión tributaria sobre su sueldo y que, paralelamente, observa que quienes obtienen sus ingresos en negro, comprando dólares, se encuentran bajo un régimen muy beneficioso, que los libera de esa inmensa tributación, que se suma a múltiples impuestos.

Así se advierte un inevitable y fuerte desengaño, frente a la crisis de valores que implica el tratamiento favorable de aquellos que no lo merecen y el castigo feroz a quienes se esfuerzan y cumplen con sus obligaciones.

Toda esta situación se ilustra de manera perfecta con el tango que exclama: “El que no roba no mama, y el que no afana es un gil”.

Esto dimensiona el sentimiento de frustración que llevan adentro los ciudadanos argentinos que en sus diferentes rubros (profesionales, empleados, obreros, etc.) cobran más que el salario medio.

Todos ellos sienten que este sistema de blanqueo es un mecanismo injusto, inédito tanto en el plano internacional como en el local, que arrojará una amnistía sobre todos los tributos que no han sido percibidos por el Estado y que será financiado por los llamados “giles”, ciudadanos que no han tenido la hoy premiada “viveza” de escapar a sus responsabilidades fiscales.

*PUBLICADO EN DIARIO CLARÍN, 24 DE JULIO DE 2013

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Reforma laboral necesaria

CLARÍN.- La evolución histórica de nuestras normas laborales expone orientaciones y resultados no siempre consecuentes con el propósito que usualmente las han impulsado: el beneficio de los trabajadores. En no pocos casos, los excesos de sobreprotección han desembocado en fuerte desaliento a la inversión y a la creación de empleo.

En otros, han sido incentivo para la precarización y el trabajo informal. También se ha observado una clara tendencia a concentrar poder en los dirigentes sindicales nacionales, quitando capacidad de negociación a representaciones de menor nivel pero más cercanas a los intereses y situaciones particulares de sus representados.

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Es así que con el correr de los años, la legislación laboral argentina se ha convertido en un peso y no en una ayuda para potenciar el crecimiento, la competitividad y la creación de empleo más abundante y mejor remunerado. En estos últimos años estas deficiencias se han acentuado en mérito a un populismo mal entendido, que es de medios pero no de fines.

Nos interesa tratar un tema en especial: la descentralización de las negociaciones laborales. De lo que se trata es de privilegiar los acuerdos realizados a menor nivel sobre los de mayor nivel. Por ejemplo, si hubo un acuerdo laboral zonal, que éste prime sobre el que pueda haberse alcanzado entre las representaciones gremiales y empresariales a nivel nacional.

Si se logró un convenio entre los delegados de los trabajadores de una empresa, que éste tenga vigencia por sobre lo que pueda haberse acordado entre el sindicato provincial o nacional y la cámara empresaria sectorial.

Hay muchas razones para concluir que la descentralización favorece al conjunto y también a los trabajadores en particular. El supuesto de que la descentralización debilita la capacidad de negociación frente a la patronal no es cierto, mientras se preserve el derecho de huelga que asegure la fortaleza negociadora y ponga equilibrio en la relación.

Lo fundamental es que a nivel de empresa los intereses convergen. Los trabajadores conocen los límites de sus reclamos y no los superarían si de esa forma pueden provocar la quiebra de la compañía y de su fuente de trabajo.

Si los trabajadores percibieran que hay más espacio en su empresa que en otras del mismo sector para mejorar sus condiciones, podrían lograrlo, mientras que esas mejoras no serían accesibles para otros del mismo gremio.

Los cambios en las formas de trabajo que mejoren la productividad y competitividad suelen ser específicos para una organización. Además, interesan en mucho mayor medida a quienes trabajan o dirigen esa empresa en un ambiente competitivo.

Las negociaciones colectivas sectoriales incorporan elementos macroeconómicos y políticos, y no tienen en cuenta las situaciones particulares de las empresas. Resultan en mayores y más frecuentes conflictos en los que se juega el poder de movilización de los dirigentes. La distancia de éstos con el efecto de sus posiciones y la magnitud de los valores en disputa generan corrupción y poder.

Chile marcó rumbos con una reforma laboral exitosa que le permitió impulsar su crecimiento con estabilidad y con mejoramiento del salario y el empleo. Sin suprimir los acuerdos sectoriales entre sindicatos y cámaras empresarias, se privilegian los convenios de menor nivel. En general éstos cuentan con el beneplácito de los trabajadores abarcados.

La conflictividad laboral ha sido notablemente baja y para esto contribuye otra disposición de su legislación laboral. En caso de desacuerdo no resuelto, se concurre a un árbitro oficial, pero éste no puede efectuar ninguna propuesta intermedia sino que debe optar por una u otra posición.

El efecto es que las partes se ponen de acuerdo antes de solicitar un arbitraje que puede darle la razón íntegramente a la otra. Así ha sido, y los casos de arbitraje han sido mínimos. Entiéndase que la descentralización no implica la inexistencia de agremiación, pero ésta debe ser libre y de ninguna manera restringida a un solo gremio por sector de actividad.

Lo que debe comprenderse es que lo que interesa es el progreso y bienestar de los trabajadores, de las empresas y del país, que son perfectamente compatibles.

*PUBLICADO EN iECO, DIARIO CLARÍN, DOMINGO 4 DE AGOSTO DE 2013.

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