Cómo terminará el partido de Macri contra la inflación

Por Fernando Laborda.-

LA NACIÓN – Tanto economistas como representantes del gobierno de Mauricio Macri coinciden en que la famosa meta de inflación del 25% anual que las autoridades nacionales se habían fijado originalmente para todo 2016 no se cumplirá. Lo más factible es que se llegue a ese porcentaje antes de mitad de año. Economistas consultados por LA NACION estiman que el aumento de precios minoristas a lo largo de todo el año se ubicará, finalmente, en torno del 36%.

El segundo semestre del año despierta en el Gobierno enormes ilusiones que aspira a contagiar a la sociedad y a los inversores. Pero este período se asemeja a esos segundos tiempos de un partido de fútbol en los que un equipo arranca perdiendo 3 a 0. Hay alguna lejana probabilidad de que, al cabo de los 45 minutos finales, empareje el match y que incluso lo dé vuelta. Aunque lo más probable es que el partido se pierda, aun cuando el resultado sea más digno.

El director de la Fundación Libertad y Progreso, Manuel Solanet, pronosticó un 36% de aumento para los precios minoristas en todo 2016, tomando en cuenta un acumulado entre enero y abril del 18,5%, una estimación del 3% para mayo y un 15% acumulado entre los siete restantes meses de este año.

Con ese pronóstico coincide el economista Agustín Monteverde, quien agregó que, teniendo en cuenta que, al menos parcialmente, se sinceró el tipo de cambio y se ajustaron tarifas, un 36% anual “parece una buena marca”.

El ex titular del Banco Central (BCRA) Rodolfo Rossi se declaró algo más optimista por el esfuerzo que cree que hará el Gobierno en el segundo semestre para que la inflación no vaya mucho más allá del 30% anual. Pero su temor pasa por los efectos negativos que un eventual aumento de las tasas de interés internacionales podría acarrear sobre la inversión en la Argentina.

En opinión de Monteverde, varios factores incidieron para que el Gobierno no pudiera cumplir su meta del 25% de inflación: en primer lugar, ese objetivo no fue realista e ignoró los efectos retardados de la política monetaria fuertemente expansiva del Banco Central aplicada en 2015; en segundo término, el feroz crecimiento de la deuda cuasifiscal, que genera expectativas inflacionarias al visualizarse como manifiestamente imposible para el BCRA cancelar esas obligaciones con recursos genuinos; en tercer orden, la mora en generar señales fiscales claras para bajar el gasto estatal; por último, el papel que tuvieron los elevados aumentos salariales acordados en las paritarias.

Mejores perspectivas

Las perspectivas para el segundo semestre del año en términos de inflación son mejores. Según Solanet, “ya se observa una tendencia decreciente en la inflación núcleo”, que excluye los productos y servicios estacionales y los precios regulados. Prevé que la inflación bajará, ya que no se recuperará el remanente de atraso en las tarifas de transporte y electricidad, tras los aumentos que esos servicios públicos experimentaron en los últimos meses.

Monteverde consideró que el Banco Central “viene cargando en solitario con el combate a la inflación”. Además de haber logrado limitar la asistencia al Tesoro, que pedía 220 mil millones de pesos y tuvo que conformarse con 160 mil millones para todo el año, la entidad presidida por Federico Sturzenegger se ha comprometido a esterilizar la mayor parte de lo que es forzado a emitir.

En abril, por ejemplo, el BCRA emitió en forma bruta 14.788 millones de pesos para comprar divisas y financiar al sector público. Pero contrarrestó toda esa emisión absorbiendo 15.239 millones de pesos con licitaciones de Lebac y pases, según destacó Monteverde. De modo que, como resultado final, la base monetaria se contrajo en 452 millones de pesos.

Pero la tarea del Banco Central no es sencilla, ya que cada martes debe renovar vencimientos de Lebac equivalentes al 12% de la base monetaria. Y las elevadas tasas que hoy pagan las Lebac -36,75% a 35 días la última semana- para contraer la liquidez sólo podrán bajar de manera significativa cuando desciendan las expectativas inflacionarias. La posibilidad de bajar las tasas dependerá, además, de los volúmenes de ingresos de divisas, para lo cual el Gobierno comienza a ver al hipotético blanqueo de capitales como un factor clave.

“Una baja precipitada de la tasa de interés constituiría una jugada extremadamente peligrosa, ya que, si fracasara en atraer inversores, no habría otro modo de cancelar los vencimientos que con emisión primaria”, opinó Monteverde. Al mismo tiempo, si cae la demanda de Lebac, los agentes económicos podrían desprenderse de esa liquidez y dirigirse hacia el dólar u otros bienes, retroalimentando las expectativas de inflación.

La conclusión del economista es que, más temprano que tarde, las autoridades del Banco Central deberán pensar en una reestructuración de los pasivos por las Lebac, antes de que se conviertan en una bomba de tiempo.

En síntesis, podría decirse que la mayoría de los economistas estiman para todo 2016 un nivel del inflación muy superior al del 25% que se fijó originalmente el Gobierno; creen que la inflación de este año difícilmente sea menor al 35 ó 36%, pero que los resultados de la mayor disciplina monetaria permitirán una desaceleración inflacionaria en el segundo semestre, para terminar hacia fines de diciembre a un ritmo inferior al 1,9% mensual o del 25% anualizado.

Las dos grandes incógnitas que ciertos economistas ven para el futuro guardan relación con los potenciales efectos de una suba internacional de las tasas de interés y con la posibilidad de que la reducción de la inflación venga acompañada por una profundización de la recesión.

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