El cepo al dólar y una cuestión instintiva

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Iván Cachanosky
Economista, colaborador de Libertad y Progreso

Lic. en Administración de Empresas. Magister en Economía Aplicada de la UCA. Doctorando en Economía en la UCA.

ÁMBITO FINANCIERO – La única “ventaja” que puede traer un cepo es comprar algo de tiempo para que mientras tanto se elabore un plan económico que brinde confianza.

Pasan los meses y Argentina continúa conviviendo con el cepo, medida que genera daños en la economía. El argumento a favor del cepo suele ser que, sin cepo, la fuga de capitales es muy grande. Si bien hay algo de cierto, el cepo está lejos de ser la solución. Más aún, el cepo genera otras consecuencias económicas de las cuales destacaremos tres.

1) limita el ingreso de dólares vía exportaciones e Inversión Extranjera Directa (IED).

2) atenta contra el crecimiento de la economía.

3) profundiza los problemas de confianza.

El cepo suele pensarse para limitar los dólares que salen del país, pero lo cierto es que también traba los dólares que podrían ingresar al país ya sea por exportaciones o IED. En este último caso, la situación ya era grave antes de la existencia del cepo porque no había confianza en la economía. El cepo genera aún más desconfianza a la hora de realizar inversiones. Es una cuestión instintiva, nadie entra en donde no puede salir.

Por ejemplo, si un hincha de un equipo de fútbol sabe que a la salida del partido lo esperará la barrabrava rival, lo más probable es que no vaya a la cancha. Similarmente, nunca ingresarán dólares si después no pueden salir producto de un cepo.

Sin embargo, vale la pena aclarar que, quitar el cepo en la Argentina de hoy no garantiza que vengan inversiones. Eliminar el cepo es condición necesaria pero no suficiente para que las inversiones vengan al país. Lo que ocurre es que, el daño institucional realizado en las últimas décadas fue tan grande, que la mayoría de los países de la región resulta más atractiva que Argentina a la hora de invertir. También se ven afectadas las exportaciones y esta es una lección que no aprendimos del cepo implementado en el 2011. Desde el momento que se toman este tipo de medidas las exportaciones comienzan a mermar justamente en un país donde escasean el ingreso de divisas. En concreto, el gobierno pareciera estar muy preocupado por los dólares que se van, pero no por los pocos que ingresan.

Por otro lado, también se aprendió del cepo anterior que en el mediano plazo se ve afectado el nivel de actividad. Debido al primer cepo que se instaló en Argentina, el país se encuentra estancado desde el 2012 y el PBI per cápita viene cayendo. Las intervenciones en el mercado cambiario suelen tener efectos negativos sobre la economía real.

La única “ventaja” que puede traer un cepo es comprar algo de tiempo para que mientras tanto se elabore un plan económico que brinde confianza. Sin embargo, ya ha pasado más de un año desde que se volvió a instalar esta medida y Argentina continúa sin tener un plan económico y, por ende, en crisis de confianza. Prueba de esto es el altísimo nivel de riesgo país que ronda los 1400 puntos básicos.

En conclusión, la existencia del cepo no es más que uno de los tantos “parches” que vienen utilizando los últimos gobiernos de turno, que se caracterizan por ser medidas que ganan tiempo, pero que nunca solucionan los problemas de fondo. No obstante, Argentina vuelve a tener una oportunidad en el marco de la renegociación con el FMI. Si el gobierno presenta un plan económico que brinde confianza, sería un gran primer paso para recuperar el terreno perdido. De todos modos, se debe tener en cuenta que la crisis es política y que no alcanzará solamente con tener un plan económico consistente.

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