Educación para el Trabajo

Ph.D. en Economía en la Universidad de Chicago. Rector de la Universidad del CEMA. Miembro de la Academia Nacional de Educación. Consejero Académico de Libertad y Progreso.

PERFIL – Hace pocos días, Daniel Herrero, presidente de Toyota Argentina, señaló en un encuentro virtual de “Charlas del Rotary Club de Buenos Aires” que Toyota buscaba contratar operarios para ampliar su producción en la planta de Zárate y que ello era algo sumamente difícil pues no encontraban 200 personas con el secundario completo, requisito excluyente para trabajar en la automotriz. En sus propias palabras: “Se nos hace difícil en nuestra área geográfica encontrar esas 200 personas con secundario completo, porque en Buenos Aires se perdió el valor de un secundario. Y se les hace difícil hasta leer un diario”.

 ¿Cómo es posible que Toyota no consiga en la zona de Zárate-Campana tan sólo 200 jóvenes que hayan terminado la secundaria y estén interesados en una posición de operario, con sueldos de $ 150.000, muy por encima del promedio de mercado?

Un informe del Observatorio Argentinos por la Educación, elaborado por Mariano Narodowski, lo explica con claridad en función de que la población objetivo, varones pobres de la zona, en general no termina el secundario.

Hace más de 6 años, en diciembre de 2015, publiqué en este mismo espacio una nota que proponía el sistema de educación dual alemán como una forma de enfrentar la crisis de desempleo de los millones de jóvenes que no estudiaban ni trabajan, los usualmente denominados “ni- nis”.

Hoy, frente a las declaraciones del presidente de Toyota Argentina, Daniel Herrero, y el informe elaborado por Mariano Narodowski, es oportuno revisitar dicha propuesta, la cual desde ese entonces he intentado infructuosamente que sea considerada y que, de haber sido implementada, habría generado una realidad muy distinta a la que hoy vivimos.

En el sistema de educación dual el estudiante pasa muchas horas de su tiempo adquiriendo experiencia laboral en empresas, aún antes de su graduación de la escuela secundaria. Conforme van pasando los años, el estudiante incrementa el tiempo en la empresa y reduce el tiempo en la escuela. El resultado de ello es que al graduarse se habrá de incorporar a la empresa no tan sólo con conocimientos técnicos específicos, sino también habiendo adquirido las habilidades sociales necesarias para desenvolverse exitosamente en dicho ámbito. Usualmente, los aprendices reciben durante este período un salario cercano a un tercio del que percibe un trabajador al inicio de su carrera.

En Alemania existen alrededor de 350 profesiones con una duración de dos a tres años. Dos tercios de los jóvenes que no están interesados o no califican, para la universidad participan de la educación dual. El sistema se encuentra reglamentado por la Ley de Formación Profesional y, por cierto, cuenta con el apoyo de los sindicatos. Austria, Luxemburgo, Suiza y Bélgica utilizan también esquemas similares.

Una adaptación del sistema dual a nuestra realidad ayudaría, no tan sólo a motivar a muchos jóvenes a no abandonar el secundario, como viene sucediendo desde años en nuestro país, sino también a enfrentar la tremenda deserción que dejará la pandemia, lo cual ha sido reconocido por el ministro de Educación, Nicolás Trotta, hace ya más de un año, al afirmar en declaraciones radiales que “lo que más me preocupa, además de una vuelta segura a las aulas, es que vamos a sufrir un desgranamiento, un abandono sobre todo en la secundaria”, a lo cual agregó que “la pérdida de la rutina de ir a la escuela implica una profundización del desgranamiento, y mucho más en una situación como esta con el impacto económico y social que tuvo la pandemia”.

Si deseamos que los jóvenes de las familias de menores ingreso terminen el secundario es necesario generar salidas laborales al mismo. Educación para el trabajo. El sistema de educación dual alemán es una alternativa que merece ser considerada.

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