La reforma del sistema de salud

Eduardo Filgueira Lima
Consejero Académico en Libertad y Progreso

Médico. Mag. en Sistemas de Salud y Seguridad Social.  Ex Secretario de Salud de la Prov. de La Pampa. Ex Viceministro de Salud de la Nación.  Consultor en temas de políticas y gestión de salud.

CLARÍN El próximo gobierno tendrá muchos desafíos. La oportunidad de mejorar las condiciones del sistema de salud es uno de ellos. Una profunda reforma de este es una tarea imprescindible. En nuestro sistema de salud la mayoría de los problemas derivan del subsidio a la oferta: la cautividad, conduce a mercados monopólicos, sobre la población.

La función salud depende de las provincias y no ha sido delegada a la Nación. Las mismas debieran recorrer el camino hacia el aseguramiento de su población sin cobertura ni capacidad de pago. Financiando la demanda. Y la gente debería poder elegir libremente donde requerir su asistencia. Una tarjeta magnética (como beneficiario de cualquier seguro) es solo un instrumento que mejoraría el acceso y no constituye una barrera, porque le otorga al individuo autonomía y libertad.

Los hospitales públicos a su vez debieran transformarse en instituciones responsables de los recursos que gestionan. Los gobernadores deberán efectuar estos cambios y salir de su actual zona de confort. La responsabilidad es de las provincias.

Las instituciones asistenciales son hoy las verdaderamente subsidiadas tal como gerentes del subsidio que debiera ir directamente a las personas evitando el sobredimensionamiento. La gente sabe que “más hospitales” no significa siempre “mejor atención o más salud”.

El gobierno nacional tiene a su vez una gran tarea: liberar la población cautiva de las limitaciones que les imponen las obras sociales nacionales sindicales y el PAMI. No es razonable que gran parte de esta población para acceder a un seguro privado necesite de un intermediario que se queda con buena parte de su cotización. O que deba perder sus aportes y pagar por fuera un seguro privado.

No se deberían mantener en pie organizaciones ineficientes, que no brindan prestaciones a sus afiliados y sostienen los privilegios de sus directivos. Debe darse libertad de elección por parte de los afiliados del financiador que desee, sin intermediación alguna. Aquellos que no alcancen el ingreso mínimo pasarán como beneficiarios de las cajas de aseguramiento provinciales.

Debieran redefinirse las responsabilidades del hoy Ministerio de Salud, que resumidas: compras e insumos a nivel nacional, creación de una agencia nacional de evaluación de tecnologías, definición de buenas prácticas de práctica clínica, asistencia técnica a las provincias para la implementación de sus seguros, representatividad ante organismos nacionales ONG´s e internacionales, creación de un sistema confiable de epidemiología y estadísticas, evaluación de programas eficientes y efectivos y la creación de un seguro nacional para enfermedades de alto costo y baja incidencia. Todo ello pasible de ser gestionado en base a agencias.

No debemos quedar enredados en discursos diletantes de reforma, que hablan de fragmentación y de inequidad. Estos son problemas subsecuentes a otras causas que se mantienen ocultas y solo favorecen que nada cambie.

El argumento que dar libertad de elección a las personas deja desprotegidos a los más desfavorecidos es falso. Todo lo contrario: la libertad (o transferencia del subsidio a la demanda) empodera a los individuos y obliga a la oferta a adecuarse a sus necesidades.

Las responsabilidades de decisión afortunadamente han pasado a los individuos que saben lo que quieren y necesitan, sin tener que saber medicina. Las ideas intervencionistas en función del criterio de iluminados funcionarios suelen producir más daño que beneficios. Son las fallas del Estado las que nos han conducido a la situación actual.

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